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sábado, 23 de agosto de 2014

ELENA DÍAZ SANTANA [11.003]



Elena Díaz Santana 

Nací en las Palmas de Gran Canaria en 1964. Actualmente vivo en Salamanca. Soy licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca. He publicado poemas en la revista digital: "Crear en Salamanca" y he participado en las Antologías: "Encuentros y palabras" de la Asociación cultural Pentadrama, en "Invitación al hombre", Poetas contra la droga. Ambos libros han sido presentados en la 33 Feria del Libro de Salamanca. Y en la Antología: "Decíamos ayer" Homenaje a Fray Luis de León, presentada en el XVI encuentro de Poetas Iberoamericanos coordinado por el poeta y profesor de la USAL, Alfredo P. Alencart.






Pájaros de silencio

Los pájaros
han llegado del silencio
para posarse,
en el vértice del frio
y habitar la soledad.
Sobrevuelan el ocaso
que cubre
el corazón calcinado de la tierra,
vienen
con semillas en sus picos
a sembrar la tarde,
renace la vida bajo su mirada
y vuelan hacia la luz.





La vida duerme

Suplica el mimbral a la luz
que pueble las orillas
que olvidó habitar la primavera;
que la vida se imponga
a la noche desierta
y se llene el aire de promesas;
que vuelvan los pájaros
a tejer sus nidos
y se envuelva la tarde
con sus trinos.
Que solo parezca
que la vida duerme,
en las  oscuras aguas
de este engañoso río de silencio.









CALLE LIBREROS, PATIO DE ESCUELAS,
FRAY LUIS AGUARDA

Qué tiene este espacio,
rectangular huerto de piedra,
armonía, perfección, belleza…
Recinto sagrado
donde el ciprés me eleva
al día que nace
o a la noche de estrellas.     
Con la paz en la mirada
voy a buscarte:
bendíceme
con tu mano de poeta,
antes de que vuelvas al huerto
a oír el rumor del agua,
a sentir la paz que anhelas
y olvidar lo padecido.
Antes de que retornes
al frondoso retiro
que tu alma sueña.








Te busco
en la  sinfonía
que pone música
a la noche de astros y de luna.

En la verde cabellera
de los pinos,
que mece el aire
que respiras.

En el atardecer
donde mueren los caminos,
por donde ya no pasan
ni rebaños ni pastores.

Te busco y…
¡ al  final !
te encuentro
bajo el árbol frondoso del verano,
donde cada tarde
duerme, la luz de tu sonrisa.






Esculpes
Con ritmo de espumas milenarias
Cada roca.
Peinas
La arena despeinada de luna
Y moldeas mi alma.
Murmullo y estruendo
Es tu lenguaje de siglos,
El azul se vuelve blanco
Cuando mueres en la orilla.
Espacio
De mar y rocas
Donde me reconozco.






Poema II

Y en  la hora temprana
De mi despedida,
Recien amanecia el día
Era de plata o ceniza
El azul del mar.
Estaba quieto,
Con olas pequeñitas
Y los barcos anclados
- como de postal -
Alumbrados por los tenues
Rayos del sol que salía
Pues amanecía
- como he dicho ya -
Así se  despidió de mí
Mi querido mar,
Él no sabía
Que tardaría en llegar nuestro reencuentro
Mas me llevo dentro
Su azul y su calma,
So olor y quietud,
¡ En mi alma Atlántica !







Llueve sobre la ciudad …
Y pienso en los parques
deshabitados de risas y juegos,
y en las piedras mojadas,
y en la plaza,
con las sillas recogidas,
y las mesas
rezumando agua fría de lluvia
de principios de noviembre.
Su centro es,                                  
espejo de plata, que refleja,
el gris del cielo, con sus nubes preñadas,
y los balcones huérfanos,
y el reloj con sus horas tristes,
y  los pájaros que han vuelto
a poblar tu balcón,
en busca de alimento.
Y pienso en los poetas,
buscando  palabras, componiendo versos
que  nombren, sin misterios,
este día irrepetible del otoño.
Sigue lloviendo sobre la ciudad,
Gris y melancólica.