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jueves, 21 de agosto de 2014

CARLOS MARTÍN [10.988]




CARLOS MARTÍN

Chiquinquirá, COLOMBIA  1914 – Tarragona, España, 13 Diciembre 2008. 94 años.


Somos hambre, penumbra, testimonio de seres,
nada nos pertenece, somos rumor profundo
del prodigio que pasa. Escúchame, no esperes
nada más. Mira. Ama. Despídete del mundo.

(De: OTOÑO)


MEMORIA Y HOMENAJE

El menor cronológicamente (y único sobreviviente) del grupo de Piedra y Cielo, fue el segundo en darse a conocer, después de Rojas, en los cuadernos quincenales que con el nombre del grupo se publicaron entre 1939 y 1940. Y sigue tan campante, después de los 80, escribiendo, amando, viajando y haciendo más y más amigos. Abogado, catedrático en Colombia y desde 1961 vitalicio por concurso y por decreto real en Utrecht, Holanda, académico de la lengua en Colombia y en Venezuela, país que le concedió la medalla «Lucila Palacios» del Círculo de Escritores. En 1935 y en 1936 ganó respectivamente los concursos de ensayo y poesía con motivo de los 300 años de la muerte de Lope de Vega y del centenario de Bécquer. En 1989 ganó el primer premio de poesía «Aurelio Arturo».

Su obra en verso incluye, hasta el presente, los siguientes libros: Territorio amoroso (1939); Travesía terrestre (1943); Es la hora (1973); Epitafio de Piedra y Cielo y otros poemas (1984); El sonido del hombre (1986); Hacia el último asombro (1991); Perdurable fulgor (1992); Habitante de nuevo y viejo mundo (1995); Vida en amor y poesía (1995). Y en su obra crítica se destacan: La sombra de los días (1952); Piedra y Cielo en la poesía hispanoamericana (1962); América en Rubén Darío (1972); Hispanoamérica, mito y surrealismo (1986); Tomás Vargas Osorio (1990) y Otto Morales Benítez (1995). En 1993 publicó su traducción —y prólogo.— de El cementerio marino de Paul Valery. Y en 1995 Vida en amor y poesía —suma poética—.

Entre sus mejores poemas iniciales —dice el poeta ecuatoriano Jorge Carrera Andrade— «se encuentran los de inspiración americana, en los que hay versos claves que contienen la verdad de nuestro continente, en sus más claros atributos: el viento universal, el hemisferio abierto sin color ni fronteras, la sed de libertad...»

Y el poeta venezolano Vicente Gerbasi: «La poesía de Carlos Martín parte de lo humano y los elementos reales que emplea completan mágicamente los irreales, hundiéndose así en los ámbitos del misterio y del milagro. Logra la corporeidad de lo incorpóreo... Sangre, ojeras, amor: lo humano, son los tallos alimentando la corola, el color, la medida, el perfume, la creación. Estos elementos resuelven finalmente su mundo erótico. Ellos podrían constituir un peligro en una imaginación pobre, pero en Carlos Martín sirven de impulso y lo colocan en una profunda corriente cósmica, lo elevan y lo hacen tocar las diferentes zonas del misterio... Este poeta que sigue las más nuevas corrientes poéticas oye la voz del subconsciente y en su voluntad creadora, logra darle los más sorprendentes toques y matices».






POEMAS


BREVE HISTORIA

Vuelvo los ojos a la breve historia
que alimenta mi sueño todavía,
torre en la niebla de la lejanía
que contemplo entre ruinas ilusoria.

No es justo que sustente la memoria
tan débilmente lo que fuera un día
tanta furia de amor, tanta alegría
hoy convertida en polvo y en escoria.

A veces, sin embargo ... un latido
de amor recorre el mundo, si me empeño
vanamente en huir de aquel olvido.

A veces, lo sepulto en un pequeño
verso, pero regresa malherido
cayendo a tierra y tropezando en sueño.






OTOÑO

Arregla los papeles. Es ya tiempo. No temas
al rigor del invierno. Aún hay fuego. Arde
un rescoldo de amor y al fulgor de la tarde
nacen aún los besos, los poemas.

Después de todo, mira, no importa, hemos vivido
al borde cotidiano del asombro,
una mirada basta, la voz con que te nombro
basta para olvidar la muerte y el olvido.
¿Para qué regresar en busca de la aldea
natal? El tiempo pasa. Si abres la ventana
de nuevo nace el mundo. Déjame que te vea
a la orilla del alma, real, mía, cercana.

Somos hambre, penumbra, testimonio de seres,
nada nos pertenece, somos rumor profundo
del prodigio que pasa. Escúchame, no esperes
nada más. Mira. Ama. Despídete del mundo.








Armando Inútilmente las Palabras
La vida en horas el jornal me paga;
monedas hoy que en ilusiones sumo
y que el ayer va convirtiendo en humo
sobre el mañana que engañoso halaga.
Presuroso me abrazo a sombra vaga
y en lucha diaria y en cuidado sumo,
en amores y penas me consumo,
sabedor de que todo al fin naufraga.

Y sabiendo que el corto viaje encierra
tanta miseria en mundo tan pequeño,
con palabras de amor armado en guerra
me defiendo del tiempo en vano empeño
como quien se despeña hacia la tierra
del alto muro de su propio ensueño.








La voz sobre el olvido

Soy la oscura mitad de tu existencia.
Fruto de llanto abierto en la penumbra,
alondra vegetal que se acostumbra
a la rama con sangre de tu ausencia.

Sombra de una memoria sin presencia
bajo la noche que tu llanto alumbra,
abierto corazón que no vislumbra
su cielo derrumbado a tu sentencia.

Colmena de ceniza, dispersado
palomar de la nostalgia, voz tardía
de nocturno rumor, atribulado

fuego de soledad y de agonía
donde la muerte con su musgo helado
cubre la rama de la ausencia fría.






El libro El arte de leer a García Márquez (Norma, 2007) tiene como epilogo una carta precisamente de Carlos Martín dirigida a J.G. Cobo Borda, donde aclara que García Márquez al citar a Daniel Arango, quien decía haber encontrado en la vitrina de un almacén un endecasilabo perfecto: «Realización total de la existencia», se había equivocado pues en realidad se trataba de un verso del propio Martín para concluir un poema con estas líneas:

Y es parte de la tarde
ese otro anuncio del almacén vecino
que se posa en mi alma
cuando crece la sombra:

«Liquidación total de la existencia».




Todos están durmiendo en la colina

Segunda parte

¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
el abúlico, el forzudo, el bufón, el borracho, el peleador?
Todos, todos están durmiendo en la colina.
Edgar Lee Masters

¿En dónde están el aviador Ferreira,
Tomás Vargas Osorio, Antonio Llanos,
Gaitán Durán, Eduardo Cote Lamus,
Gilberto Alzate, Aurelio Arturo
Y Camacho Ramírez?

¿Y nosotros, que estamos y no estamos:
Carranza, Jorge Rojas y Gerardo Valencia,
Darío Samper, Carlos Martín
y alguno más, desconocido, inédito?

Todos, todos están durmiendo en la colina.

Muertos, muertos están los que salían
a la terraza de la madrugada
o a la ventana del océano

a mirar las estrellas o la lluvia,
a esperar lo indecible, un ciego aroma,
unas manos clamantes, extendidas
desde la música o el llanto,
algunas cosas ignoradas, albas
insospechadas, nubes del otoño,
los vagones cargados de fantasmas,
los pájaros del mar o los del viento
que sostienen el cielo con sus alas,
los recuerdos, los rostros, las miradas
que tienen el color de los atardeceres.

Todos, todos están durmiendo en la colina.

De Epitafio de Piedra y Cielo y otros poemas, de Carlos Martín.