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sábado, 27 de julio de 2013

JUAN ÁNGEL TORRES RECHY [10.266]




Juan Ángel Torres Rechy (Xalapa-Equez., Veracruz, México, 1983). Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Veracruzana. En España escribe una Tesis Doctoral en el Programa Vanguardia y Posvanguardia en España e Hispanoamérica. Tradición y Rupturas en la Literatura Hispánica (Universidad de Salamanca). Poemas suyos están incluidos en las antologías Neblinenses (Xalapa, 2005); Poesía para un existir (Homenaje a Santiago Castelo, Badajoz: Unión de Bibliófilos Extremeños, 2010); O Divino. Sílabas do Oeste (Sirgo, Castelo Branco, Portugal, 2011) y en la revista electrónica Crear en Salamanca (2012). Ha participado en Lecturas poéticas en la Universidad de Salamanca (2008), en el Encuentro Los Poetas y Dios (Toral de los Guzmanes, León, 2009-2011), en el Encuentro Cristiano de Literatura y Premio Jorge Borrow de Difusión Bíblica (Salamanca, 2011-2012) y otros. En su país fue profesor de Español y Literatura en Secundaria y Bachillerato. Es parte del Seminario de Estudios Medievales y Renacentistas (SEMYR) de la Universidad de Salamanca.



"Quizá haya palabras de otro mundo 
 como palomas al pie de nuestra ventana  
 para acercar la mano y el rostro  
 suspendiendo la respiración 
 hasta tocar el cristal." 



POEMAS


MIGUEL, TU MIEDO

(Homenaje a Unamuno)

Bajan al patio de tu casa tres ángeles.
Tañen hilos de luz y agua en tu cuerpo.
El peso de la noche cierra tus párpados.
Tomas papel y lápiz. Escribes.
Tus palabras son tu lámpara y tu camino.
Avanzas a tientas.
Escuchas la voz de cansadas sirenas
que tejen y destejen sonidos
nunca pronunciados por tus labios.
Rocinante sueña un peregrinaje en tu almohada.
Arde en sus párpados el sereno.
Alimentas su sueño con tres sonetos.
Pones una navaja de papel en su pecho.
Escribes sobre ti mismo.
Contemplas tu rostro.
Remueves el grafito,
lo llevas a tu boca, lo devoras.
Un banco de niebla cubre tu alcoba.
Tu mujer come cerezas de tus manos.
Sus murmullos pueblan tu soledad de temblores y virgilios.
Pero no la tocas, don Miguel, no interrumpes
su febril ensoñación.
Quisieras despertar.
Quisieras que el mar te curara con su rebaño de ovejas.
Quisieras saber por qué los ángeles que tañen tu cuerpo
son tres demonios.





EL SILENCIO DEL CORDERO

Acaso esta vida sea un vuelo rapidísimo,
un destello de luciérnaga,
una oruga que apenas nace.
Escritura en el caer de las hojas,
la calma del manantial, el estruendo de la cascada,
el mismo sueño, el mismo despertar.
Oídos sordos al sonido sin sonido,
ojos ciegos a la imagen sin imagen,
un corazón de piedra a la palabra sin palabra.
El hombre sin ser hombre en el alma de la mujer,
la mujer sin ser mujer en la del hombre,
tierra oscura
cielo estéril.
Desde el principio, hasta el horizonte, el mismo silencio del Cordero.






APOLOGÍA POR UNA VIDA

Los murciélagos reían cuando traspasaban mi costado con su lanza.
Volaban en su geografía de arcanos y revelaciones.
Aquella tarde la poesía abría más mi herida,
expandía mi gangrena.
(La poesía no es bella.
Ni lo fue cuando era niña.
Sus manos están sucias
con el pus del mendigo bajo el Puente Romano.
Viste harapos.
Si el mundo echa su estertor de cemento y humo,
la poesía pone la estocada final.
Pone la muerte.)
¡No te esfuerces más,
así es esto!
-grita el loco cuando langostas talan sus dientes-.
Pero te escuché, amor.
Me aventaste a la vida con su peso de canícula y su ardor de campana.
Rompí el caparazón.
Canté el canto del primer hombre y me encarné en él.
Tú te encarnaste en mí.
Los últimos murciélagos desaparecían como una nube.







LUZ EN LA PASIÓN DEL PASTORCICO

 Oh, frágil Espíritu Santo, 
 del amor del Padre y del Hijo fruto 
 de aire 
 oculto 
 en puñados de risas y lágrimas. 

 Oh, débil Espíritu Santo, 
 del amor de mujeres y hombres sonido 
 trazado con notas en un pentagrama 
 vacío. 

 Oh, amor frágil, débil, 
 sustenta nuestras cítaras 
 y nuestras plumas 
 para que resulte un mar en el pecho 
 nuestra alabanza, la súplica 
 al Pastorcico 
 colgado de un árbol. 

 Ponemos nuestra miseria en tus manos. 
 Perdón por el atrevimiento 
 de pronunciar tu nombre, 
 estrella, 
 pájaro, 
 hoja, 
 niño, 
 tierra, 
 misterio 
 sin nombre. 

 Abre nuestras ventanas, 
 abrázanos, 
 rompe la muralla 
 en nuestra frente, que mane 
 tu voz, 
 si crees que así deba ser. 
 Pon tu silencio en nuestros oídos, 
 háblanos. 

 Ten piedad de estas piedras, 
 estrella, 
 ilumínanos; pájaro, llévanos 
 como collares en tu vuelo; 
 hoja, tócanos como a ti te toca el viento; niño, 
 juega; tierra, susténtanos. 

 Si quien es pobre tiene a Dios, 
 si la vida se alcanza por la muerte, 
 si la muerte se alcanza por amor, 
 si por amor damos lo que tenemos 
 para ganarlo porque si lo guardamos 
 lo perdemos; si tú, rey bello,  
 fuiste herido, desnudado y colgado, 
 ¿cómo te entenderemos?, 
 ¿cómo te amaremos? 
 ¿cómo podremos subir contigo al árbol? 

 Tus ojos resultan un naufragio 
 entre olas de reticencia. 
 Quijadas de animales nocturnos 
 destrozaron tu pecho. 

 Estrella, pájaro, hoja, niño, tierra, misterio, 
 echa luz a nuestro olvido, 
 echa viento en las velas de nuestras barcas, 
 ayuda al pobre Pastorcico a poner su alma en el Paraíso. 







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