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viernes, 4 de mayo de 2012

6766.- HÉCTOR ACEBO



Héctor Acebo
Nací en San Tirso de Abres (Asturias) en 1987, y vivo en Madrid desde 2005. Mi idioma familiar es el gallego, hablado en Oscos-Eo, la comarca de donde procedo. Si bien es cierto que en 2010 me licencié en Periodismo por la Universidad Complutense, escribo artículos de opinión y de crítica literaria y cinematográfica en varios medios españoles (impresos y digitales) desde los 19 años. En la actualidad, soy jefe de Opinión de "La Huella Digital" (revista digital editada en la Facultad de Ciencias de la Información de la citada Complutense) y colaboro en el diario asturiano "La Nueva España" y en “La Comarca del Eo” (semanario editado por "El Progreso" de Lugo, en cuya redacción trabajé). También soy crítico cinematográfico de la revista digital "La Noche Americana". Y fui columnista del "Diario de Ávila". Como literato me di a conocer en la antología colectiva "Cuentos y reencuentros" (Ed. Laria, Oviedo, 2009), donde figura mi relato 'Canon'. En la faceta puramente poética, publiqué mi ópera prima, "Camas de hierba" (Ediciones Vitruvio, Madrid), en 2011.






Desafío




Para mi amigo el poeta Antonio Martínez Sarrión


Se quejan los críticos cítricos
porque abuso del grado superlativo.
Ellos dicen que aquel cuerpo era pequeño,
pues no saben que en la cama crecía.
No, ninguno de ellos sería capaz de llevar,
como mi abuelo, los mismos calzoncillos
de lunes a domingo.


Siempre dicen
que he de buscar, cuando termine la carrera,
una mujer que me cuide y me comprenda:
¡qué atrevimiento! Pero tan sólo
yo sé que en aquel trasero nace el Eo.
Que pasa por A Pontenova, que se detiene
en San Tirso y que desemboca
en el Mar de Sus Senos, formando
la ría de Ribadeo.


Se quejan los críticos cítricos
porque abuso del grado superlativo.
Pretenden que regrese a la Edad Media:
¿sería justo decir que aquellos muslos
solamente eran claros?
Cuando las lombrices
devoren sus nalgas,
tal vez entienda ese empeño.
Mientras tanto…


¡ay, mientras…


TANTO!






Así es la poesía


Escoges
las palabras
con la misma lentitud
escrupulosa
que unas cortinas diurnas
de principios de siglo.
Pero, a veces, cerca
del decir te estancas,
incapaz de entender
por qué sus lunares
nunca se mojan,


pese a que están dispuestos
estratégicamente
sobre armarios
o probadores
de ropa o maletas


o senos… o lo que sea
esta zona común
tan húmeda.








Alba saliendo del sueño


¡Ésta es Alba saliendo del sueño,
tableteando gemidos
y sintaxis descoyuntadas,
presagiando –como los mejores
escritores de diarios–
un lento trajín humano…! 


¡Ésta es Alba saliendo del sueño!
En tal extático instante,
es posible intuir por qué
los más firmes detractores
de la realidad aman
la vida: el asomo
de unas braguitas
blancas, insinuantes…  







COSMÉTICA DE ESTRENO


Huid de la ciudad. Echaros al monte.
O dedicad una noche entera
a explorar la orilla de un arroyo.
¡Pero huid, no perdáis más el tiempo:
hay sospechas de que ese tono
rosa chicle de vuestros labios
lo conseguisteis mascando chicle!










A UNA HERMOSA QUINCEAÑERA


Acércate, silenciosa.
¿Por qué cierras
cada noche la puerta
de tu cuarto?


                      Nada haría
más grave que recostar
mi cabeza sobre tus muslos:
y decirte quedamente:
—Ésta es la ocupación
más alta que puede
alcanzar un hombre.










IMPERFECCIONES


No te maquilles demasiado.
No exijas eliminar
la imperfección. Admite
una cierta imperfección
y una imperfección cierta.













BLANCO EN LO BLANCO



Quererte es igual
que musicar un poema.








Orgásmica


 Me da igual que te alimentes
a base de sándwiches e internautas,
puedo soportar (¡ay!) el grosor de tus tobillos,
ya me he acostumbrado a tu maquillaje circense,
pero no me pidas, revuelta y azulada,
no me pidas que pase a limpio lo que piensas:
ya se ha acabado el poema.










Camas de hierba


Mi abuelo
lleva el pueblo escrito en la cara.


Y mi amada lleva el pueblo
escrito en sus muslos
(que, no me canso de repetirlo,
son como dos camas de finísimas hierbas).


Los une, por tanto, un irremediable
sentimiento:
no el que yo (nostálgico)
en ellos profeso,
sí ese algo
que impide a mi amada
concentrarse:
y follarme


en la casa de mi abuelo.


Camas de hierba, de Héctor Acebo. Ediciones Vitruvio. 









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