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martes, 27 de marzo de 2012

6525.- BASILIO FERNÁNDEZ



Basilio Fernández
Basilio Fernández López, poeta español, nacido en Valverdín, provincia de León en 1909 y fallecido en Gijón en 1987. Recibió Premio Nacional de Poesía en 1992 de manera póstuma, por la obra que engloba toda su obra Poemas de 1927-1987.
Biografía
Nacido en la provincia de León pasó en tierras leonesas toda su infacia hasta que su familia se trasladó a Asturias donde estudió bachillerato, en el instituto Jovellanos de Gijón. Allí fue alumno de Gerardo Diego, con quien mantuvo una buena amistad, así como con Gonzalo Torrente Ballester con quien estudió bachillerato en la facultad de Derecho de Oviedo. Aunque no dejó de escribir tuvo que hacerse cargo de los negocios familiares lo que le alejó de los círculos literarios publicando en varias revistas algunos de sus poemas. Fallecido en 1987, su sobrino recopilaría sus poemas inéditos en un libro que tituló Poemas de 1927-1987, que fue galardonado con el premio Nacional de Poesía.




El gijonés fue el único autor galardonado con el Premio Nacional de Poesía después de muerto
Trea recupera en una antología a Basilio Fernández
La antología poética de Basilio Fernández que ahora ve la luz, supone, y nunca mejor dicho, un acto de justicia poética por varias razones. En primer lugar, porque permite que nuevos lectores lleguen a los versos de un autor que desarrolló su trayectoria poética en un secreto casi absoluto mientras sus necesidades alimenticias lo conducían a otros menesteres. En segundo lugar, porque vuelve a ser una editorial gijonesa la que pone sus versos a disposición de los lectores. Y, por último, porque fue precisamente esta ciudad la que acogió la escritura silenciosa de un poeta cuyo valor quedó de sobra contrastado al recibir a título póstumo, en una decisión inédita que aún no ha vuelto a tomar ningún jurado desde entonces, el Premio Nacional de Poesía en el año 1992.
En aquella época, Basilio Fernández llevaba ya cinco años muerto y una modesta editorial, Llibros del Pexe, acababa de descubrirle para la literatura con la publciación de su obra completa, de cuya clasificación y estudio se encargó Emiliano Fernández. La descatalogación definitiva de este volumen fue la llama que inspiró esta nueva edición de sus mejores versos que, con el título 'Antología (1927-1987)', está a punto de poner en la calle Ediciones Trea, movida por el interés de mantener vivo el recuerdo de un autor que, aunque nació en Valverdín (León), pasó la mayor parte de su vida en la villa de Jovellanos y cuyo legado ha llegado hasta nosotros en una carambola en la que acabaron por tener tanto peso los méritos literarios como el azar. Como señala Emiliano Fernández -que también se ha hecho cargo de este nuevo acercamiento a los versos de Basilio y firma el prólogo del volumen-, «a fin de cuentas, del poeta Basilio Fernández se habla o se ha hablado porque obtuvo un premio literario importante e inesperado, que fue el resultado directo del interés que sintieron por su obra no más de cinco o seis personas a las que llegó un libro editado por una pequeña editorial y lo abrieron y lo leyeron, del mismo modo que podían haberlo dejado a un lado». Un libro que reunía toda una vida presidida por una entrega soterrada a la literatura. Basilio Fernández -que había estudiado Derecho y trabado amistad con Gerardo Diego y Gonzalo Torrente Ballester, y que no había dado a conocer su obra más que en tres ocasiones, todas ellas en sus años de juventud- comenzó a trabajar en los años treinta del siglo pasado en un almacén de vinos propiedad de su familia, y tras abandonar esa labor para jugar el papel que le tocaba en la Guerra Civil -que empezó como republicano y terminó como nacional-, residió en Barcelona durante una temporada antes de regresar a Gijón y establecerse en sus calles para siempre, retomando el mando de un negocio familiar que ya no abandonaría hasta su jubilación.
Totalmente alejado de los corrillos literarios, hay quien ha definido a Fernández como «un poeta sin biografía», una expresión que refrenda el autor del prólogo a estos poemas escogidos explicando que el escritor «estuvo muy cerca de muchas cosas, pero apenas se mezcló con ellas». «En realidad», prosigue Emiliano Fernández -quien recuerda al poeta vestido «con chaqueta y corbata, y un guardapolvo azul por encima» haciendo tertulia en los locales del Club de Regatas o en las cafeterías de Corrida, siempre sobre temas ajenos al ámbito literario-, «la publicación de su poesía no ha dejado de ser, a fin de cuentas, fortuita. Nunca he tenido impresión de que los manuscritos de Fernández hubieran sido conservados con la idea de que tal vez póstumamente alguien fuera a hacerse cargo de darlos a conocer». «No es que piense que Basilio Fernández escritor abominase de la gloria literaria, pero lo hizo al menos con el suficiente escepticismo, con la suficiente displicencia y falta de interés como para que todo parezca a punto de no ser como ha sido, y de ser de otra manera».
Ahora, los que según Emiliano Fernández son los versos más reputados de sus ocho libros ('Primeros poemas', 'Cinco poemas para convalecientes', 'Solitude, optional april', 'Canciones a María Luisa', 'Ese celado impulso y otros poemas', 'Hay un mayo cualquiera', 'Raudos contornos donde el silencio perservera' y 'Últimos poemas') vuelven a ver la luz para azuzar el disfrute de las nuevas generaciones y causar una renacida sorpresa en quienes pudieron conocer bien a aquel vendedor de vinos sin sospechar ni por lo más remoto sus veleidades literarias, su escritura pulcra y silenciosa, la de un hombre que fue desarrollando su obra al mismo tiempo que disimulaba su biografía.




Bellísima de estío


Nunca reclines un ángel oh bellísima de estío
hacia el violín sibarita
Hay que dejar caer la voz
para hacer pie sobre las amapolas.
Bien sé que una mejilla
es tan mortal como las pompas de jabón
Bien sé que los transeúntes
están hallando el área de las flores
Por eso te ruego ruiseñor
que te adhieras a la caída de la hoja
Alista tu materia prima para las talas de amor
Disfrázate de ciervo descalzo y sin autoridad
sobre el mar
y rescatarás su alma de las traidoras
golondrinas










Te encontraré tal vez


TE encontraré tal vez
en esa esquina del paraíso
o en el aire trivial de una playa nocturna
donde se ata la sombra
y se extenúa el infinito.
Plenitud en que se abisma la atracción
del violonchelo apenas oxidado
junto a una vida escorada a estribor
por no llorar con las manos crispadas.
Ahora el reflector hurga en la opacidad,
en la noche de las premoniciones
del triángulo adensado
en la ojiva polvorienta de un caliente desorden,
pero todo se pudre en la trampa del tiempo.
Sólo migajas de mentira,
la imperceptible hoja, los hechos sin
significación.
Resurgen sombras falseadas,
engañosos remordimientos de cicatrices
adheridas,
un peso hondo
de multitud desangelada
en el horizonte de la ceniza.








Un árbol revela el viento


Muerta en rigores de mármol
el aire se te rendía
y en ángulos te quebraba
Sola
desceñida de las aguas
Pistas de sueño y naufragios
imantadas de claveles
en el mundo sin distancias
La luz te resucitaba
y el silencio te escondía
en paréntesis de nieve
sin pestañas y sin hojas








Los poderosos centellean en su oro pálido


Las clases pudientes aman su dialéctica,
no su ignominia,
vituperan la edad de oro totémica
pero creen en su plenitud.
Como titanes que emergen del asfalto,
esbeltos testimonios de obcecación temporal,
no los salva el amor, sino el dinero,
de la tierra, del caos, de donde exhuman la
plata.
Niegan la resurrección de la carne.
Buscan sus paraísos en estado amorfo,
sus huríes descamisadas,
y encuentran su némesis, su noche ebria,
sus dardos adventicios.
que traspasan su sombra cuando entrevén el
desamparo.
Pero es sólo un instante.
Reconciliados con las flores,
con voz atronadora, claman, chapotean
en la soledad,
viven en lo hueco del mundo.
Ya les ha cicatrizado la herida intemporal de la
usura.








Elegía


Lo que hubo en ti de roca, sangre y sigilo,
fue del último viento estéril,
de la última nevada transitable, a los ojos
ya las banderas abatidas, solas.
¿Por qué nuevos caminos vas
acumulando noche, noche para siempre?
En qué colinas toma rumbo a los cielos
tu fluir de testigo delgado, actitud del alba?
Aquellas aguas grises,
aquel tardío florecer de las tierras aradas,
tu paso del otro lado de las lícitas aves,
eran los simulacros de amor para el otoño.
Todo fue inútil, inútil como una bocina
entre las losas del mundo y las cabelleras
cansadas,
y ahora que un fusil me apunta a los ojos
y sobre mi cabeza caen árboles tronchados,
te necesito: háblame muy cerca del pie,
muy cerca, sube lentamente en pudor de
neblina
hasta mi voz petrificada de emigrante celeste.
Vanidades, humaredas, glorias humanas,
no son tan inmóviles como yo mismo,
como mis vagonetas cargadas de recuerdos
que pasan sobre tus moldes terrenos,
sobre los senderos que hollaste










El soneto que fue a medias


Tu comba en puro croquis de sirena
late en el lirio del usted primero
y en catarata azul de marinero
regula la oración mensual de arena
Mujer elaborada en la verbena
a sol y sombra del paisaje al cero
—cauta sonrisa de papel soltero
que disciplina el labio y la cadena—
Tu banderín subasta y equivoca
el gato limpio que al fluir te invoca
en un alga nacida bailarina
Dime la situación de tu pañuelo
y en el esquí dormido de tu vuelo
abre el cilicio en ascensión de harina








El 28 de julio de un año sin gloria


EL 28 de julio de un año sin gloria
nací a la extrañeza,
y al bienestar de los rincones familiares,
discontinuo y sin sueño
como el que no espera visitas.
Nunca necesité afanes para diluirme,
ni testigos para la emancipación al menudeo;
sin transacciones ni pretextos
he rechazado el clima de esas horas inevitables
vana escoria de una imagen desenfocada.
Condenado a negarme,
ya firmar pactos de inactividad con maniquíes
sibilinos,
he llegado a este mundo
como un puente tendido a la contradicción
o al nihilismo de los galeotes.
Guiado por vilanos,
desatrancando puertas cerradas al hastío de los
transportes,
he desdeñado los mejores auspicios
y las frambuesas anexionadas por un devaneo
de otoño.
Al paso del tiempo,
apenas me doy cuenta del declive de la virtud,
de la degradación paulatina de las tormentas de
verano
de las torres oblicuas
que se tambalean
en el error de las actitudes imprevisibles.
A veces prolongo las palabras con que juego
sin gran convicción
y vagamente sigo la porfía
de una nueva forma de vislumbre.
Sálvese el que pueda
en el cataclismo de la tristeza
o en las consolas donde naufragan los deseos
imbricados en lo irreal
aunque sin provecho de nadie.
Poco se sabe
de los predestinados a la irreflexión
y mucho menos
de los que comparten su miseria en el
aburrimiento.
Más de trescientos años queman mi orgullo,
mis gestos de pana marchita
o cordobán raído, ahíto de polvo,
sobre la prudencia anónima
que cede a la vanagloria de la luz.
Ahora me asomo a los proyectos olvidados
y a las citas equivocadas en los planes del
viento.
Sólo una mano inadvertida repara la tramoya.
(Raudos contornos donde el silencio persevera)








Homenaje a enrique gil [1]


La luna el firmamento plateaba
pálida y bella la serena frente,
y el ruiseñor la orilla arrebataba
de aquella mar tan música y doliente.
E.G.


La luna se avecina
a solas con su huella
espía de los trigos
mártires hacia el alba
Alejaba la flauta
los durmientes fluviales
los durmientes sin brío
que anhelaron violetas
Se olvidaba la voz
a la sombra más lenta
y la almohada cedía
sus oros desvelados
Vierais delfines limpios
arribar a lo débil
y entristecerse el pie
vislumbre de las aves
Vierais el ruiseñor
centro de los verdores
nivelar su plumaje
sin eco sobre el mar








Blessing


La lengua es un sistema de signos que procede como el
juego de ajedrez
Saussure
La dejadez, la intemporalidad
subsiste como el humo,
inaugura conjuras de silencio
de fe sin ficciones
como vanas sombras de juventud.
Hay claves indecibles de secuencias,
textos de libros gnósticos,
ocres perdidos en la creación incesante del
albaricoque.
A veces un ruiseñor se extingue en el aire
como un reflejo,
pero nadie ha visto su esquema
en la delgada frontera de abril y octubre
ni su didáctica en el horizonte del gozo.
Ignoramos siempre si se acaba o se empieza,
inexorable palíndromo del canto,
ecuación sin aristas,
sin propósito último
avezado al cansancio de quererte
en plena crisis de la niebla que sube
y levanta un mausoleo al amor.
Belleza equivocada
de mirar la lluvia