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jueves, 8 de diciembre de 2011

5488.- AUGUSTO C. COELLO


Augusto C. Coello
Augusto Constantino Coello Estévez', nació en Tegucigalpa en 1884 y murió en San Salvador, 1941, era escritor, poeta y político hondureño.

Biografía
Nació en Tegucigalpa, capital de Honduras, el 1 de septiembre de 1884, siendo hijo del matrimonio que componía el señor Adan Coello y la señora Adela Estévez. Recibió sus estudios en el "Colegio Eclesiástico del Padre Fiallos", seguidamente continuo en la Escuela de derecho de la Universidad Central de Honduras.
En 1904 fue Diputado al Congreso Nacional, seguidamente fue parte de la delegación consular en la ciudad de Washington, D.C. en los Estados Unidos de Norte América; Jefe de la Delegación de conferenciantes de "La Cuyamel". Después se ocupo al periodismo siendo Director de publicaciones de los siguientes diarios: "La Prensa Libre", "La República", "El Diario", "El Pabellón Rojo y Blanco" en la república de Costa Rica, "El Imparcial", "En Marcha", "Pro-Patria", en su país Honduras.
Su labor fue fecunda en el campo de la poesía, ensayo, historia y diplomacia. Es autor del Himno Nacional de Honduras (1915) y de los libros "El tratado de 1843 con los indios moscos" (1923) y "Canto a la bandera" (1934). Muere en El Salvador el 8 de septiembre de 1941 y sepultado en el cementerio general de su natal Tegucigalpa.










Himno Nacional de Honduras
Autor:
Letra: Augusto C. Coello
Música: Carlos Harthling
Año: 1915


Coro
Tu bandera es un lampo de cielo
por un bloque de nieve cruzado;
y se ven en su fondo sagrado
cinco estrellas de pálido azul;
en tu emblema, que un mar rumoroso
con sus ondas bravías escuda,
de un volcán, tras la cima desnuda
hay un astro de nítida luz.

I
India virgen y hermosa dormías
de tus mares al canto sonoro,
cuando echada en tus cuencas de oro
el audaz navegante te halló;
y al mirar tu belleza extasiado,
al influjo ideal de tu encanto,
la orla azul de tu espléndido manto
con su beso de amor consagró.
Coro

II
De un país donde el sol se levanta,
más allá del atlante azulado,
aquel hombre te había soñado
y en tu busca a la mar se lanzó.
Cuando erguiste la pálida frente,
en la viva ansiedad de tu anhelo,
bajo el dombo gentil de tu cielo
ya flotaba un extraño pendón.
Coro

III
Era inútil que el indio tu amado,
se aprestara a la lucha con ira,
porque envuelto en su sangre Lempira
en la noche profunda se hundió;
y de la épica hazaña, en memoria,
la leyenda tan sólo ha guardado
de un sepulcro el lugar ignorado
y el severo perfil de un peñón.
Coro

IV
Por tres siglos tus hijos oyeron
el mandato imperioso del amo;
por tres siglos tu inútil reclamo
en la atmósfera azul se perdió;
pero un día gloria tu oído
percibió, poderoso y distante
que allá lejos, por sobre el atlante
indignado rugía un león.
Coro

V
Era Francia, la libre, la heroica,
que en su sueño de siglos dormida
despertaba iracunda a la vida
al reclamo viril de Dantón;
era Francia que enviaba a la muerte
la cabeza del rey consagrado
y que alzaba, soberbia a su lado
el altar de la Diosa razón.
Coro

VI
Tú también¡Oh mi patria!te alzaste
de tu sueño servil y profundo;
tú también enseñastes al mundo
destrozado el infame eslabón.
Y en tu suelo bendito, tras la alta
cabellera de monte salvaje
como un ave de negro plumaje
la colonia fugaz se perdió.
Coro

VII
Por guardar ese emblema divino
marcharemos¡Oh patria!a la muerte;
generosa será nuestra suerte
si morimos pensando en tu amor.
Defendiendo tu santa bandera,
y en tus pliegues gloriosos cubiertos,
serán muchos, Honduras, tus muertos,
pero todos caerán con honor.
Coro











El caracol

Me hundo en tus ondas, Mar, con la pagana
sensación de ser algo de tí mismo,
o con la vaga aspiración insana
de confundirme con tu azul abismo.

Sentirme dilüir como tus sales,
como tus yodos impregnar el viento,
o, envuelto en el cendal de tus cristales,
perla o coral sumarme a tu elemento.

Flotar calladamente en tus espumas,
ser una de tus olas o tus brumas,
átomo disolverme en tu infinito

y como el hueco caracol rosado,
llevar dentro de mi siempre encerrado
tu interminable y poderoso grito.





El Caracol

Otra vez vemos aparecer en este bello poema de Augusto C. Coello, una de las principales características de los modernistas: la marcada descripción del paisaje, en este caso, el mar.
En nuestro país, por estar ubicado, geográficamente hablando, en una zona tropical, el mar es un elemento importante de la cultura. Así lo vemos en la alusión que hace este poeta al mítico silbar de la mar dentro de la concha de caracol, mito netamente hondureño y que es parte relevante en nuestro capital simbólico.

El poema en general es la metáfora del ardiente deseo de no ser humano, en este caso, ser parte del mar.

Me hundo en tus ondas, Mar, con la pagana
sensación de ser algo de tí mismo,
o con la vaga aspiración insanade confundirme con tu azul abismo.

Sentirme dilüir como tus sales,
como tus yodos impregnar el viento,
o, envuelto en el cendal de tus cristales,
perla o coral sumarme a tu elemento.

Flotar calladamente en tus espumas,
ser una de tus olas o tus brumas,
átomo disolverme en tu infinito
y como el hueco caracol rosado,
llevar dentro de mi siempre encerrado
tu interminable y poderoso grito.

Fuente:Augusto C. Coello. (S.F). Extraído el lunes 13 de septiembre de 2010 de sitio web Poesía Breve: http://www.poesiabreve.com/augustocoello.html











Medianoche

En las insomnes noches despiadadas,
sin un solo temor dentro del pecho,
siento que ronda en torno de mi lecho
la muerte con sus trémulas pisadas.

Una hora mas cayendo en lo insondable,
sorda y lejana en el espacio suena;
y de pronto mi espíritu se llena
de una tranquila paz... En la inefable

serenidad eterna de los mundos,
oigo latir el ritmo prodigioso
que viene de los ámbitos profundos;

y al peso de la noche dilatada
me sumo en un letargico reposo,
cercano ya al reposo de la nada.