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miércoles, 14 de marzo de 2012

6318.- LUIS MANUEL AMADOR


Luis Manuel Amador nació en Juchitán, Oaxaca, México. Poeta, narrador, ensayista y editor. Arquitecto por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Ha participado en diversas publicaciones oaxaqueñas y mexicanas, entre otras: Luna Zeta, Plan de los pájaros, Cantera Verde, Ciclo Literario, La Manzana, Alforja, Tierra Adentro, Generación. Es autor del libro de cocina Oaxaca, la de los siete moles, y del de poesía Contiene material inefable. Fue becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en 2003. Poemas suyos forman parte de varias antologías. Actualmente coordina Editorial Calamus, proyecto fundado por el pintor Francisco Toledo. Dirige la Biblioteca del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. Cuando puede escribe en su blog de Internet: http://luismanuelamador.blogspot.com
Escribe, cuando lee. Hay un registro de que concluyó la carrera de arquitecto. Pero es editor y dirige el Taller "Amador de Libros", donde restaura y elabora cuadernos y libros iconoclastas. Hoy escuchó, en la soledad de un claro del bosque, una voz que decía: Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el silencio de mis últimas ramas. Esto era el destino: Llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.~







El esqueleto del idioma


No tiene palabras
mi soledad para la inescrutable noche.


Cómo decir “no oigo su voz
pero escucho
sus pasos alejándose a medida que crece”
“se abrazó a mi costado durante todo el día
y al ponerse el sol se retiró para marcharse”

o “los que me ven se asombran
y preguntan la causa de esta oscuridad
sobre mi rostro...”


Tal vez mañana amanezca y alguien
tome no un arma (he dicho
que no hay palabras y que estoy solo)
sino la pluma para sacar al aire
sus entrañas en manojos bajo otra noche, una
donde se llega a sentir alegría y solidaridad
con los retretes reflejando las constelaciones, una
donde la transparencia deje desnudo
al esqueleto del idioma hasta hacerlo
invisible e inseparable del mío.










EL PROCESO


Me declararon culpable.
La lista de los cargos incluía
“flagrante solipsismo” (soy el único
que ignora la gravedad de la falta).
Durante el interrogatorio desecharon
mis argumentos sin cotejarlos
con las versiones de los difuntos.


Dos personas estuvieron a mi favor
(las he visto leyendo alguna vez
en un lugar que frecuento) y fueron
vilipendiadas por la mayoría, acusadas
de pertenecer a mi “deplorable calaña”.


Es verdad, todo lo hice
bajo la oscuridad de la noche.


Me declararon culpable
(sí, ya sé que lo he dicho antes).
Me hicieron jurar con la mano puesta
sobre el enorme libro. Pero desconocen
el código de sus páginas e ignoran
la zozobra que fue para mí
escribirlo.










ALTER POÉTICA


Que el verso sea como una llave que le abra
las piernas a la Diosa, que en medio de esa fiebre
no le importe al poeta si le tiemblan el mirar
o la carne y se arriesgue a perder todo el aliento,
a jugarse la lengua.










HABLA HERÁCLITO DESDE EL BALCÓN


Me he alejado del mundo. Llegué hasta aquí
y acepto mi holgazanería infame, mi afán
por descifrar el misterio sobre las páginas
de un libro.


Es mediodía y el sol se yergue amenazando
con alejarme de mi vocación oscura.
Pobre.
No lo sabe:
si levanto una pierna está perdido:
el sol tiene el tamaño de un pie humano.












UN POETA EN EL ESTUDIO DEL ARTISTA


Nadie observa. Frente a él
hay una hoja en blanco
como un fantasma a la mitad del bosque.


Susurran árboles, jardines, suena
la conclusa fiesta de este mundo
sobre la que pasean las nubes
de su respiración. Asciende
una marea de sangre en la caracola
zumbante de su cráneo.


De pronto la negrura
lo persigue con su esfinge y busca
a tientas por pasadizos y laberintos subterráneos
alguna grieta para salir de la cárcel.
Mas es un parpadeo.


Quiere decir
con algún gesto,
una línea,
un golpe,
un jirón de cenizas
que abrió los ojos
y ha perdido en la persecución
unas palabras. Pero la enfermedad
no es algo novedoso y este lápiz tampoco
viajará con él como con el humor
de su propietario.


Anochece. Está solo
en el cuarto iluminado por una lámpara.