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miércoles, 14 de marzo de 2012

6317.- GUADALUPE ÁNGELA


Guadalupe Ángela: Oaxaca, MÉXICO 1969. Su obra se encuentra publicada en Cocodrilo Poeta, Tierra Dentro, la Casa Grande, Literal y en la revista Luna Zeta donde participa en el consejo editorial de la misma. Guadalupe Ángela cursó la Licenciatura en la Enseñanza de Lenguas Extranjeras en la BUAP y la maestría en Literatura Mexicana de la UABJO. Ha participado como coautora en diferentes ediciones manufacturadas. Forma parte de la antología Tres ventanas a la literatura oaxaqueña actual (Editorial Almadía). En 2004 presentó la plaquette de autor: Hiedra de Luz. Forma parte de la antología: Oaxaca, 7 poetas (Editorial Almadía, 2006).



Poemas


I


En el pozo, vive la carpa
no hay espacio ni horizonte
Sólo caída y oscuridad.




II


La carpa sale a la superficie
y mira la luz,
ciega, vuelve a caer.




III


La carpa flota en su soledad,
un mosquito se le acerca
y ella, aturdida, lo come.




IV


La carpa choca
contra la curva de su casa
y muere por negligencia.




VI


No hay carpa
en el pozo
sólo una nube de mosquitos.


(De la antología: Oaxaca, 7 poetas)












La noche era una red
una loca que atrapaba
a los solitarios de las calles.
La noche sacaba su lengua bipartida
y lamía.
Yo tomaba de su agua tinta
y me vestía de luz artificial
de gusanos de seda.


La noche me acechaba
yo era la noche
y los mil y un amantes.


(Inédito)








L A R G O E L C A B E L L O


de pulgar a índice
nueve manos vertical
¿cuántas hebras hay en la cabeza de esa joven?
¿si pusiéramos agujas en cada punta
sería posible coser las heridas de la ciudad?
ca
b
e
ll
o
no hay tijeras en su casa
todo crece en su jardín
girasoles
palmeras
cactus
cada mañana el amante de Alejandra despierta
con su lluvia marrón
ella bebe de las hojas el rocío
no viste
anda descalza
ningún caracol se desliza en el adobe
¿sería posible hacer un nido para los mirlos
y escuchar mientras ella camina
su canto?
en la palabra cabello hay cabello
incluso en la palabra pelo
¿cuántos dibujos crea el pintor con tantas líneas?
pensar que alguna vez Alejandra fue pelona
(cuando era bebé)
¿le saldrá alguna noche a la luna tanto cabello?
nadie pensó que Alejandra repulsaría el filo
y que amaría las estalactitas
¿se podrá uno asfixiar con el propio cabello?
¿se podrá usar como tizas para escribir cada nombre que perdemos?


(Inédito)








A Man Ray


En la ventana
el cuerpo es página
donde escribe la luz su palabra.


No seré la patinadora
que anhela los árboles blancos
la soledad de los parques.
No me ceñirá el traje de buzo
que delinea la diestra figura.
No tendré el balance
que exige la cuchilla
al escribir geometrías
en el hielo.
No será más veloz
al compartir la ruta
de las corrientes de aire.
no seré ave que inicia el vuelo
a ras de los grandes lagos del Norte.


De Oaxaca, 7 poetas.








Lázaro


(fragmento)




El día que murió mi hermano
era jueves. Lloviznaba.
Yo, antes de saberlo,
vestía de negro.
Recibí la noticia por teléfono
no había suficiente señal,
preguntaba si estaba enfermo
o muerto.
No podía oír nada.
Usé el teléfono de la vecina.
La noticia descompuso mi cuerpo
perdió su peso
cayó
como si sólo cayera la ropa
que lo abrigaba.
A mi vecina nunca
se le ha muerto un hermano.
¿Cómo reaccionar ante tal noticia?
38 años, los que tengo ahora.
Miré su rostro alargado
por la muerte,
toqué sus axilas,
aún había ese calor
que me ofrecía,
muchas veces,
de hermano.
Cerré la puerta
del cuarto
que, alguna vez,
me perteneció de niña
le dije cosas al oído,
cosas que se les dice a los muertos
para que no los dejen aquí
solos, solos, solos,
sin hermanos, sin cómplices, sin testigos
Una vez lo vi
recargado sobre un framboyán
mientras yo viajaba en el autobús
hacia la casa, quise bajarme
pero el chofer no escuchó el timbre,
no hizo la parada
hasta que era demasiado tarde.
Mi hermano tenía un nombre
que presagiaba la muerte.
El lo sabía,
por eso paseaba en los panteones,
en las iglesias
y construía altares.
Yo enloquecí de alguna manera
con la noticia.
No quise abrir las cortinas por meses
y dejaba sonar el teléfono
adiviné, en varias ocasiones,
el número de timbres en cada llamada.
Una vez me acosté en su tumba
y contraté a unos músicos
para que tocaran
por horas canciones
sobre la muerte
de todas las cosas.
Yo sólo miraba el cielo
y pagaba.
No quise hablar
sino con sus amigas
que con sus palabras
lo reconstruían.
Ayer, un muchacho
me preguntó por él.
¿qué se le contesta a alguien
que no sabe que, desde hace dos años,
él ya no es tangible?
Sólo dije: está en el cielo,
como dicen los niños
a quienes se les reconforta
con eso su imaginario.
A veces oigo a mi hija
hablar con sus muñecas,
ella pretende llorar
por un hermano muerto.
Yo la escucho mientras limpio
el polvo infinito
de la casa.
Mi hermano murió un jueves
de julio. Lloviznaba.