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jueves, 8 de marzo de 2012

6230.- JOSÉ LUIS PARRA

José Luis Parra nació en Madrid en 1944, aunque la mayor parte de su vida ha transcurrido en Valencia. Poeta de publicación tardía, su primer libro, Más lisonjero me vi, data de 1989. A éste le han seguido, publicados por Ediciones de la Guerra & Café Malvarrosa, Un hacha para el hielo (1994), Del otro lado de la cumbre (1996) y La pérdida del reino (1997). Posteriormente ha publicado con la editorial valenciana Pre-Textos Los dones suficientes (2000), Tiempo de renuncia (2004) y De la frontera (2009). La editorial Renacimiento de Sevilla ha editado una amplia antología de su obra con el título Caldo de piedra (2001).












IMÁGENES DE UN SUICIDIO


Tenía majestad aquel silencio.
Desde la orilla, poco a poco,
se adentró en lo profundo.
Círculos en el agua...
Esa perturbación tan sólo.
Y muy tenue, apenas perceptible
-pero qué redención más honda-,
se oyó piar a un pájaro
entre los juncos.


(de su libro: "De la frontera")










VIEJO POETA


He recibido todo de vosotros:
premios, honores, reconocimientos.


Se han rendido a mis méritos, con unánime aplauso,
las difíciles puertas de la Academia.
Los jóvenes me llaman maestro y procuran emularme.


Con la edad he logrado domesticar al tigre
que llevo dentro; ser cortés,
amable, agradecido.
Y, orgulloso, en mi pecho ostento las medallas
de las más altas distinciones.


Medallas...
¡Infantiles abalorios,
despiadados cencerros de la gloria!


Cuánto, cuánto daría por ser torpe, inexperto,
maravillado, joven balbuceante
con todos los poemas por delante.


[De la frontera,Valencia, Pre-Textos, 2009]








Pieza de tango


Tuvo una mañana feliz...
lavó la ropa, fregó cantando,
se olvidó de sus penas.
Sintió al hijo en la pieza,
estaría durmiendo ahora.
Volvió a canturrear
pensando en los mates
que tomaría con él.
Lavó y lavó, se reflejó
en la ropa blanca
y cuando fue a la cocina
se acordó de su hijo
que no estaba durmiendo,
que no estaba en la pieza,
que se lo habían llevado.
Se sentó y lloró,
tomando mate,
sola...










A Severino Di Giovanni


El anarquista


Cayó la frase
como una guillotina
amputándole al cielo
la claridad del día.
Se hizo noche,
se puso oscuro,
se hizo noche
su rostro duro.
Noche negra
de negros augurios
vigilia larga
pensamientos turbios.
Cayó la frase
de muerte, temible,
sacudió con golpe
de fuerza terrible.
Lo encontró de pie,
casi listo,
preparado en sus ideas.
Lo fusilaron allí mismo,
ahogando su grito de guerra:
¡Viva la Anarquía!












XXII


Dónde besarte ahora
que no sea dominio de la muerte,
cuando sus labios han hundido
su pálida ceniza
en la canción festiva de tu rostro,
cuando sus garras de hielo, codiciosas,
han excavado con ahínco
tu cuerpo sin defensas
hasta sacar a luz a tu esqueleto.
Dónde encontrarte
a ti misma, irreconocible en medio del clamor
de la tortura, dónde
hallarte y respirarte, no
contaminada
por el hedor de la horda que redobla
su exterminio, tan ávida
de poseerte, de agostar
el húmedo temblor de tu sonrisa.
Dónde besarte entonces
sino en las huellas que perduran
del coraje, en el centelleo
fugaz de lo que has sido.
No besaré rapiñas de la muerte, despojos
de abominable
conquista. En el espacio de inviolada memoria
te besaré, y en el último vestigio
de ti misma que aún ondea,
agónico estandarte,
ahí te besaré,
donde es cálida la sangre e inmune a la inmundicia,
en el amor que no se rinde.




"Un hacha para el hielo" (Ediciones de la guerra & Café Malvarrosa, 1994).








BAR ADUANA.


Si, en verdad, la frontera de mis últimos
años fuese tan plácida,
qué consuelo sería
permanecer en ella largo tiempo,
ocioso y saludable,
Qué otra cosa podría decirme la felicidad de estar aqui en este
bar, de nombre Aduana.
una mañana fúlgida de julio,
acogido a la sombra
de un formidable ficus centenario?


Ya extranjero en las dos orillas
acepto complacido esta pequeña patria provisoria.
Desde aquí miro el mar y aguardo la barcaza,
la alegre "golondrina" que me conducirá
al otro lado, más allá
del faro y la escollera,
mientras vuelan gaviotas a lo lejos,
oscilan suavemente las esbeltas
embarcaciones de recreo
y el insondable cerco se apacigua.