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martes, 6 de marzo de 2012

6221.- CRISTINO BOGADO



Cristino Bogado. Escritor paraguayo. Nació en Asunción en el año 1967. Director de Jakembó editores. Escribe frecuentemente en internet en varios blogs de temática literaria como: p3f.blogspot.com y kurupi.blogspot.com/.Colaborador en revistas culturales de Paraguay (ABC y Ultima Hora), Chile (Revista Bilis), Brasil (Folha do Povo), Perú (El pelícano), Zaragoza (Fanzine Caja Nocturna), México (Revista Pauta), etc. Publicaciones: La copa de Satana, 2002 (poesía); Dandy ante el vértigo, 2004 (poesía); Años de jugo loco. Última antología de poesía paraguaya 1996-2007, (antología de VV.AA.) julio, 2007; Los bichos (novela en prensa); Punk desperezamiento, 2007 (libro de 3 narraciones breves publicado en Lima por Sarita). Publicó recientemente un libro de cuentos “Perro prole”.






De El dripping del tiempo (Diario de viaje)


NEGRO AULLIDO. 022

Nadie sabe que soy poeta. Porque si alguien lo hubiera sabido, si alguien hubiera por acaso traspasado el umbral de la existencia clandestina que la poesía lleva dentro de mí, yo sería otro para esta gente que forma mi entorno. Algunas veces, la soledad es insoportable y entonces comienzo a renegar de mi destino, sucumbo a un acceso de locura y estoy a punto de cambiarlo por un poco de placer frívolo y despreocupado, ese placer vaporoso que atenúa la profundidad de la mirada, que no duda en transigir con la naturaleza, que anhela ir a la deriva de los objetos de la realidad. Pero, siempre, al borde del abismo logro salvar mi secreto. Y sobrevivo. Hasta la próxima lucha. Porque mi poesía no tiene ninguna relación con una estética platónica, donde un aghatón descendería sobre el universo abyecto de los cuerpos para iluminarlos con su luz fundante y seminal... No. La poesía es más bien una agonía (en sentido griego) que fruto de un milagro. Un combate donde se corre siempre el peligro de perder la vida. Una escaramuza absolutamente corporal cuya esencia es salvar el instante. Esa ilusión fatal del tiempo que no tiene compasión con nuestros cuerpos. Sin la poesía se pierde en los dos frentes. Con ella se salva al menos la ilusión. Hasta el próximo instante. La soledad del poeta consiste en no poder gritar su triunfo al salir vivo de la magma ontopoética ni aullar su dolor cuando ha sido herido fatalmente. Lo trágico está en que no quedan huellas. Todo acontece siempre como una sombra que ha opacado momentáneamente nuestra figura. No quedan los poemas. Los poemas se viven. Por eso no tengo pruebas ni para mí de mi poesía. Sólo el instante abierto (el próximo instante) como un campo de batalla.






De Contra el ojo


I


DIARIO DEL OJO (fragmento)


El día no le permitió salir.
El monstruo del día.


*
Noche de putas.
Forcejeos de nacimiento.


*
La ceguera me salvaría
No sería necesario entonces
palabra a palabra
frase más frase
levantar una noche
para cobijarse bajo ella
y untar las quemaduras del día
con el aceite que suele soltar:
humedad de río,
oasis de la piel obnubilada.


*
El mundo
siempre lejos de mí
a la distancia
de un salto mortal del ojo.


*
El vértigo de las cosas
vacilando
sobre la cuerda de una mirada.


*
La verborragia del silencio,
con su presión ascendente
saturado de violencia,
me ha colocado,
fluctuante,
sobre tu superficie plana,
como restos de un naufragio,
en forma de palabra.










LOS OLVIDADOS


“Deberíamos morirnos
todos antes de nacer”
El ciego de Buñuel


maldita trama
que entre la indiferencia y el deseo
esconde a la mujer
maldito el día
que nos azota con sus horas banales
maldita ciudad
que nos priva de sus putas
implícitas y de las lícitas
maldita la metáfora
bebida espirituosa de poderosos y débiles
maldita mi cobarde adolescencia
que se abstuvo de ultrajes y violencias
maldita confusión de criaturas
la calle
maldita mi geografía corporal
incapaz de la tempestad
que pueda llenar de semen el estanque
de una diosa
maldito barrio
sin perros que despedacen a los hombres
maldito otra vez el día
que oculta el sendero de la lujuria
maldita también la noche
que nos da al mismo tiempo
el cansancio y el sueño
maldita mi alma
embrujada casa poblada por los fantasmas
inagotables de la envidia y el miedo
maldito aquel otro
que duda en matarme cuando me mira
maldita ella
que no intuye a la fiera que apacigua
o a la locura que suspende
mil veces maldita mi tierra
de leves mariguanas y portentosas pustulencias
maldito mi padre
que no me mató al tercer día de mi inocencia
maldita la luz
fulgurante escenografía de la frustración
maldito mi tiempo
post-neolíticamente complejo y anodino
maldita la flor
que no explota con su musculatura cromática
sobre mi torpor
maldita la música
que en su perfecto y redondeado aleph
me excluye
maldito el amanecer pero con todos
sus gallos pavlovianos
maldita la tarde
y sus dustas y orgullosas hormigas
maldito el poeta
de voz dulce y semen agrio
por no abarcar el infinito con la palabra
ni aplastar la carne con la mano
por no irrumpir en la obcenidad
total del verbo
maldito el criminal
maldito el loco
por no desangrar el acto
o abortar la risa
maldito al fin vos Orfeo
y tu impotencia para arrastrar a la muerte
bella o fea deslumbrante o fláccida
hasta todos nosotros










CONSTITUCIÓN POÉTICA


Enarbolar la bandera de la Masa
omitir el abismo
sucumbir a la fata morgana de la calle
abotonarse el overall de la Sumisión
marchar al son de las trompetas de la Entropía
abandonar la carne a la inercia del Tedio
ahogar al Espíritu con la gimnasia del trabajo
encerrar los gestos en la casa de los espejos
castigar el brote perverso de la Inocencia
la ácida pululación del sinsentido
la monstruosidad del deseo hecho poesía
celebrar el pudor del Kapital ante la orgía de la Pereza
amordazar la vertiginosa sonrisa de Afrodita
huir, infatigablemente huir, de los cuchillos
que lanza la música de New York
construir la Ciudad de Dios sobre Tacumbú
utilizar verdugos como imágenes sagradas
sustituir la superstición de la escuela
por las iluminaciones del electroshock
veranear en las playas del masoquismo chic
prohibir el intempestivo sueño de los niños,
la desgracia cotidiana de la oscuridad,
el ultraje divino de las púberes...
la muerte, que alborota la cobardía de los hombres.










CONSTITUCIÓN POÉTICA II


Que las lágrimas pequeñas del limón bañen el cuerpo,
la tristeza seca y peluda del cuerpo; que planten en su territorio
escondidos oasis llenos de una amargura ínfima y sagrada;
que incendien con un fuego reptante los panales
donde se acumula el dolor; que su música tórpida y picante
ruede polvo y carne abajo como una aurora
que, más que iluminar, cortara; que su apocalipsis cítrico
haga palidecer o retraerse hasta la pleitesía amarilla,
a la serpiente encendida que lo agita.










CONSTITUCIÓN POÉTICA III


Los vapores de yodo y semen
no deben despedazarse átomo a átomo
en el aire perverso
sino en el ácido espiral
cuya punta es la rubia Ariadna
de la percepción
y la cola, el furioso Minotauro
del pensamiento.










CONSTITUCIÓN POÉTICA IV


Venerar la cicatriz,
el dolor cristalizado, el tiempo cosido a la carne
y execrar el tatuaje,
costura comprada y exhibida
como una alhaja




Llenar el vacío...


Llenar el vacío
con lo banal o lo trágico,
o, al fin, con lo bello,
pero rellenarlo ahora
o definitivamente
someterse a sus leyes implacables
a su sueño sin sacudidas
a su agua sin olas
a su aceite sin fuego
a su oscuridad sin relámpagos