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martes, 6 de marzo de 2012

6217.- LUCIANA "TANI" MELLADO

Luciana Mellado
Luciana “Tani” Mellado, poeta argentina nacida en 1975. Desde pequeña vive en Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut. Es docente e investigadora en la Universidad Nacional de la Patagonia. Publicó los libros de poemas Las niñas del espejo (Botella al Mar, 2006), Crujir el habla (Botella al Mar, 2008) y Aquí no vive nadie (El suri porfiado, 2010). Obtuvo el Premio Academia Argentina de Letras y diversas becas de la Agencia Española de Cooperación Internacional y del Fondo Nacional de las Artes. Dirige, junto a Jorge Maldonado, la plaqueta bimestral Peces del desierto, en la que se publican obras de poetas y artistas plásticos de la patagonia. 
Su blog es http://enlapiznegro.blogspot.com/




Tus ojos I

A Andy



Nada es inocente en este mundo
salvo tus ojos.


Tu cuerpo quemado / incendiado por los años
dibuja dos grandes soles
anillos sabios que te acercan a lo divino.


No exagero, es cierto, todo sobra en mi casa
todo es olvidable
menos los puentes acuosos de tus ojos.


Como aquello que ignoro conociendo
o mejor aún lo insondable de vos.
Te oigo desde lejos.


(Las niñas del espejo, 2006)












Resoluciones de la distancia


Ya no voy a morir en tus párpados abiertos
en el gesto despejado y sobrio
con que mirás el mundo cuando te dejo.
Ya no voy a dejar que cosas
con tus hebras de infantil ternura / mis heridas
cuando me despido en la distancia / de tarde siempre
en algún andén impar, en una ruta.
Ya no voy a desertar de tus ojos abiertos
estanques de agua tibia donde nadan
las más pequeñas larvas,
las más cándidas y frágiles criaturas.
Ya no voy a partir más debilitada
mientras tu forma, la más amada,
se pierde entre la gente
que te atraviesa con premura
y extravía tu rostro, tus cabellos,
tu inefable dulzura en la distancia.


(Crujir el habla, 2008)














Sorda y silencio


No te vayas
tu silencio llenará la casa
si te vas
me aturdirá cuando esté sola
y pueda escucharlo












Inclinaciones del habla I


Cuánto me gustaba esa destreza que tenías
para arrojar palabras por la boca entreabierta,
chiflando entre los dientes y cansado
como un inmortal cuando despierta.


Cuánto me gustaban los indicios en tu cuerpo
cuando afilabas el lenguaje y lo lanzabas
como microbio o como hacha arrojada / al aire
sin darte vuelta a ver la sangre
del herido, el infectado.


Cuánto me gustaba la estridencia de tus manos
cuando escribían sobre la infancia y la belleza
como los santos o los mudos
que huelen a rosas.


de Crujir el habla (Botella al Mar, Buenos Aires, 2008).














El cuerpo y la nostalgia

A mi abuela



Vagidos secos anuncian la aurora sin que nada inaugure el sueño
o ¿debo decir que soy yo quien te mira las manos
telaraña de belleza, ternura desgarrada?
Esto ocurre en un lugar intraducible donde la muerte bebe
la inocencia de niñas muertas
que nadie busca / que nadie reclama.
Una procesión atraviesa el sendero de tus ojos cerrados
camino breve que dilata el sueño, jardín de malezas y de lluvias
animal que huele el precipicio y arremete.


(Las niñas del espejo, 2006)










Aquí no vive nadie


III


El calor del aire me espesa el camino
mientras los pasos andan
en cuerpo lento
entre ovillos del cielo y la memoria.


La encrucijada abre distancias
pero los pasos se acercan a otros pasos
y se emparejan como calles idénticas
en sus desvíos.


No se sabe por qué se emprende el viaje,
se busca un padre o se busca un hijo
la sombra de una lengua que diga que existimos.


V


¿Habrá llorado un mediodía
bebiéndose el camino
o en cercanía de un perro
abrazada a sí misma?


¿Habrá rezado en la noche
entremezclada
llena eres de gracia
con los ojos cerrados
bendita
recordando la espesura
entre todas las mujeres
durante lo callado
en casa ajena
sobre un mundo pequeño
el fruto de tu vientre
a punto de caerse?


¿Habrá querido desentrañarse
en todas las lenguas
que antes la dijeron
o habrá sido sola
totalmente
sola
sin ser dicha?




VIII


La niña de madera
se olvida del encierro
cuando tantea la memoria
con sus brazos de ramas
mal podadas.


Añora el pan con chicharrones
de su pobreza feliz
el pequeño jardín con madreselvas
la virgen de plástico que pisa
la serpiente con sus pequeños pies
descalzos.


No la atormenta la celda
ni aquel monstruo.


La devorada entiende
al ser devorada
que el fuego da más calor
cuando está adentro.


XIV


El viento suena y mueve los cordeles
líneas de alambre bajo el cielo
mueve los broches sin ropa
con torpeza.


Nada cuelga de las tiras tensas
ni un solo ahorcado
ni un ala dorada
ni la sangre mía
nada.


El viento hoy mueve cosas invisibles.


de Aquí no vive nadie (El suri porfiado, Buenos Aires, 2010).