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domingo, 12 de febrero de 2012

6016.- BASILIO BELLIARD




BASILIO BELLIARD
Nació en Moca, República Dominicana en 1966. Es poeta, ensayista, crítico de arte y literario y editor. En 2002 obtuvo el Premio Nacional de Poesía con su poemario Sueño escrito. Además, ha publicado los libros: La espiral sonora. Antología del poema en prosa en Santo Domingo, Vuelos de la memoria (poesía y ensayos), Diario del autófago (poesía), Los pliegues del bosque (poesía), Poética de la palabra. Ensayos de teoría literaria y Balada del ermitaño y otros poemas. Ha editado varios libros entre ellos: El búho y la luna. Entrevistas a José Mármol y Poesía dominicana y uruguaya y Puente de palabras.. Es profesor en las Escuelas de Artes y de Letras. En la actualidad es Director de Gestión Literaria y director de la revista País Cultural del Ministerio de Cultura.




Prácticas de sueño

I

Los sueños tienen dos caras que se miran en contra-espejo. La substancia que poseen se endereza al menor contacto con el agua. Cada noche, el acero de los sueños se solivianta en mil sábanas. Los sueños se apagan con el viento y dejan una sombra calva con la que se apoyan en la luz. El que sueña arma los entuertos de los locos y traza con hilos los agujeros de la noche. Vano es adivinar lo que ven los soñadores en las madrugadas de octubre. Arreglar los sueños, las revelaciones y los augurios es tarea de sembradores de insomnios que ahogan con aire los surcos de alquitrán. De la semilla del sueño nace el fuego de la razón. En el sueño siempre tenemos los ojos abiertos, pero somos estatuas de hielo con párpados de nieve.


II

El ángel de la noche creó una tierra de rubíes, justo en la montaña donde un toro embiste cada madrugada la luna del agua. Debajo de la oscuridad, el pez del ángel sacude la arena del viento, donde mora mezclado con la neblina y los peñascos de la madrugada.


III

Una noche, una muchedumbre de durmientes invadió el cielo buscando una tribu de ángeles, pero, al no encontrarla, descendieron al día de los insomnes, armados de perdón y penetraron a todos los espejos y los hicieron derretirse con el fuego de sus ojos.


IV

Leche de larva que comemos en dulce cuajado con manos de mujer. Leche de ninfa hecha polen en las bocas de los enjambres. Dulce emponzoñado como pastel de miel que libamos a la hora del té en reunión de alquimistas. Colmenas que navegan en el viento y su ruido de campana al mediodía que corta los cuchillos. Campana que ensordece los apiarios que se posan en las colinas góticas de los árboles.


V

El fuego es el padre del insomnio. El reposo de la ensoñación mueve la naturaleza del despertar cuando el aire humedece el movimiento del fuego de cada noche con sus horas de tibieza y su cruz suicida.


VI

Luna, cárcel de Caín decretada por Dios, donde mora el asesino con su haz de espinas. Liebre lunar, fuego de jade en que Buda se alimentó y trocó las acacias en elixir. En el ojo de la luna madrugan las almas de los chinos. La luna es el pie de Neil Armstrong.


VII

El hielo de la salamandra apaga el fuego que enciende un bosque de mandrágoras, cuyo olor envenena a los amantes y enmudece a los durmientes. Los magos cartagineses usaban salamandras para sofocar incendios. Las salamandras poseen un corazón de fuego que las hace transparentes a la noche y derretir el oro con que alumbran a los muertos. Los alquimistas etruscos decían que sus ojos son de amianto y Marco Polo en sus viajes vio en las salamandras no un animal sino una substancia.


VIII

Una manada de garzas relampaguea en el cielo. Una sola es una línea de tristeza que puebla los crepúsculos. Dormidas sobre un toro es un acento del reposo.


IX

En las aldeas escandinavas los arco iris ahuyentan los lobos y en las cavernas los dioses crepusculares destruyen con brebajes los ojos de las valquirias. Los linces aúllan a los arco iris que trocan a los amantes en efebos.


X

Los insomnes odian los desiertos, pues la razón de sus desvelos ama las ruinas y el fuego sin humo y el polvo de los amantes. Los insomnes habitan los ríos circulares que los arrastran al corazón de las esferas.



XI

Nada es gratuito. Ni el rayo ni el sismo ni el huracán. Todo está dado o escrito en el ojo del relámpago. Ni espeleólogos ni alpinistas siembran el azar en la brújula de Estrabón.





Manjar de los instintos


Nada detiene las alas
ni su reposo de danza silenciosa.
Sólo el manjar de los instintos
sacia vientres de polvos mortales.
Nadie ni su nombre
silencia unos labios desterrados,
desnudos en unos ojos
con fondo de Franz Lizst
y cielo de Mozart.
Sólo,
ahora y en la hora
de nuestra carne
-consumada en arena y polvo.












Los que se aman


Los amantes,
acuestan su paladar en su lecho,
en líquidas ascensiones
de tacto y cadencia.
En gelatinoso descenso,
hunden su orgasmo en el vértigo
como una petite mort
con hilos de fulgores o delirios.
Los que se aman juegan a dormir
sobre abismos;
náufragos sus besos
abren en jazz o almíbar,
la celebración de sus cuerpos
devorados en la noche y la pendiente.










LÍNEA EN ESPIRAL


Tan redondo el mar
y tan abierto,
caracol que silencia,
tan sonoro en breve oído,
línea en espiral
que ondula y naufraga,
azul y verde
arde la sombra
en el día entero,
el mar se regodea,
contonea y grita,
y su grito caracolea
en los ríos












SUEÑO ELÁSTICO
(Homenaje a Dalí)


A Rafael Courtoisie


Tiempo derretido
en sueño elástico
Una mujer-caballo
duerme
en un árbol desnudo


Memoria blanda
del reloj exacto
en un mar solar


Gelatinosa la hora


Hormigueante espacio


Amarillo sueño
pintado en la materia.












PEREGRINO


En el fondo de la fuente
se ahoga
de sed el manantial.


El peregrino
apaga su sed
no en el agua
sino en el hastío.


La corriente muda
encauza su fragancia
de aire ígneo
sobre la arena.


Agua abajo
el sediento sueña
otros arroyos perfumados
por la sed.


Sombras sobre ondas
brotan los espejos de agua
sus cristales secos.


El peregrino sediento
seca sus labios
en la sombra del agua
que se extingue en el arroyo.










ETERNIDAD


La eternidad
acaba de empezar.


¿Quién necesita nacer
para seguir viviendo?


La eternidad aún
no termina de nacer.


¿Quién necesita nacer
para seguir viviendo?


La eternidad
acaba de e-ter-ni-zar-se.












CAVILACIONES Y MUNDO


¿Cuántos dioses habitan
en un grano de arena?


¿Cuántos demonios
en un átomo de mar?


Si hablo de un sueño
ya un Dios lo destruyó.


Si hablo de un tiempo
es porque ya no es.


Si hablo de un mundo
es porque ya cuelga
en el pico de un colibrí.












SOÑAR


Los sueños caminan en el sueño
duermen cuando están durmiendo
los sueños sueñan que sueñan
las manos de los sueños sueñan
sueñan que están durmiendo
los sueños sueñan que están despiertos.










ENTRO Y SALGO


Entro en tu piel
salgo en tu nombre.


El río de tu boca
sabe a hielo.


La flor de tu aliento
dispara sales.


Entro a tu sueño
como búho diurno.


Salgo a tu arribo
como un navío mudo.


Encontrada y perdida.
Muerta y viva.


Ando en tu aroma
naufrago en tus manos.


Entro y salgo
mareado
en cada poro de tus huesos.












VENTANA


Ninguna ventana da al viento sino al sueño.
Las ventanas abren sus espejos
a los grises truenos de las colmenas.
Toda ventana es una herida en el vértice del sueño.
Las ventanas son el purgatorio de los cuerpos
y el océano del insomnio.












LUNA


La luna
es el sueño de los pájaros,
la voz de los insomnes,
el ojo de la noche infinita,
el corazón de un cielo mudo.


La luna está vacía
porque sus alas se cayeron al mar.


La luna,
huevo de unicornio que gira,
y es luz que flecha a los amantes.












LAS COSAS


Todas las cosas son una sola cosa.
La rosa es una sola palabra, una cosa
que anhela ser casa;
casa habitada por lumbres de sueños.
Así, todas las palabras quieren ser
la cosa que nada sirve, en despertar,
mil alas deshechas por el aire,
naderías de las mil palabras que no dicen nada;
son versos que borran como arena,
las sombras de las aguas que rectan
vacías en las letras de los nombres,
en la blanca respiración de la hora,
cuando sus cuerpos caminan sobre pasos de hielo;
memoria de las cosas que desean olvido,
hasta que los sueños de las cosas
se entreguen a la blanca muerte de los ojos.
¿Qué es el sol si no lo soñamos?
La vida es el sueño de la cosa
que recordamos al despertar.