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sábado, 11 de febrero de 2012

6004.- RUBÍ ARANA

Rubí Arana
Poeta y promotora cultural. Nació en Masaya, Nicaragua en 1941. Realizó estudios de Arqueología en Mérida, Yucatán, México.
Publicó por primera vez en 1962 en la revista universitaria Ventana (León, Nic.) y posteriormente en revistas y suplementos culturales en Nicaragua, México y la Florida donde reside desde 1974. Actualmente coordina el Programa de Autores Nicaragüenses para tener presencia en la Feria Internacional del Libro de Miami el cual promueve desde 1992 cuando fue la primera poeta nicaragüense invitada. También es coordinadora del círculo de lectura y taller “Proyecto II” en Books & Books, Coral Gables.
En esa ciudad ha publicado 4 poemarios: Emmanuel, In nomine filii, Príncipe Rosacruz y Homenaje a la tierra. Emmanuel mereció un Seminario en la ciudad de Miami; fue traducido al húngaro por Eva Toth y presentado en la Universidad de Viena en 1989.

Su poesía ha sido calificada de esotérica por la crítica. Ella se define como una “poeta integrada al plano universal”.

Bibliografía

1. Emmanuel (poesía). (Miami, Florida: Editorial SIBI, 1987).
2. In nomine filii (poesía). (Miami, Florida: edición personal, 1991)
3. Príncipe Rosacruz (Antología poética)-(Miamia, FLA.: Proyecto II, 2007).
4. Homenaje a la tierra (Miami, Florida: Proyecto II. p.40, 2008).
5. Agua Sagrada, (2010)






PUERTA


Lágrimas en madera manchas
sobre la puerta.
Cinco largas corridas de color
del ocre otoño.
Garras de un tigre que antaño pasó
y marcó
uñas soberbias, amortiguadas yemas.


Sin hablar del espacio
del rey de la madera.
El bellísimo entraba en mi sangre.


Otoño es también puerta.
Y dijo: “Abre, como las manchas
del tigre a la luz lunar,
el grito”.


Nido de la primera esperanza
de vuelo.
Trinos loando la mañana ámbar.
Carne en natura, cabellera esmeralda.
Seres sedientos de sombra
me dejaron sus huellas como ofrendas.


Estalactitas de una luz miserable.
Aquí estoy,
despojada de la última hoja,
árbol soy.












LA LLUVIA ES HIJA DE DIOS
COMO TODAS LAS COSAS


Himnos a la sagrada Naturaleza, al vientre
de la tierra y al germen que entre las rocas y entre
las carnes de los árboles, y dentro humana forma,
es un mismo secreto y una misma norma.
Rubén Darío


Oro. Silencio. Crepúsculo. Penumbra y energía
universal.
Semilla y muerte: hijas de la tierra,
hermanas de la tierra,
madres en la tierra del lirio y el silencio,
hijos de la blanca tumba
madre de las flores sencillas,
los árboles llenos de paz,
y la resignación del verbo-vello terrestre.


El tacto de la tierra funde y confunde
el germen de la vida, en la muerte:
desde el minúsculo átomo
hasta la solemne putrefacción:
allí renace la vida, como la primavera.
¡Loor a la embriagante primavera hija del sol
y llena de tumbas floridas!


Rosa y silencio.
Fiebre infinita para morir cantando
a la vera de girasoles inmóviles
e invadidos de lágrimas del rocío:
pobre dolor del cielo.


Ternura de las enredaderas:
amo la fuga de mariposas
en tu cuerpo de pulpo verde e inofensivo,
donde emigra el gusano a las tejas de barro,
y lava la lluvia la noche,
y tu verde infinito de hojas y dulzuras de nido;
amo tu telaraña verde y brisa;
vigilante,
estival amante infinita del sol,
hija de la tierra como la muerte.


Reminiscencias de ángeles vegetales,
vastedad del corazón de la tierra,
del útero de la tierra.
¡Ah, refulgencia nocturnal llena de astros puros!
(ángeles con cabelleras de medusa y hojas,
labios en pétalo
y corazón que ya no pertenece,
sexo de flor en fuga bajo los astros
que son incandescentes sexos del cielo).


Árboles, bellos ángeles pavorosos y milenarios,
hijos del tiempo, como todas las cosas,
insistente creación del tiempo hijo del hombre,
porque Dios no hizo el tiempo
sino el hombre relojes y calendarios
para celebrar las arrugas y prevenir el pavor
de la muerte.
Pero el tiempo es hijo del miedo y su inmensidad
no existe:
es relativa,
sucesiva locura amarilla como epidermis de girasoles,
espectáculo de Dios,
vacilación integral.


(Agua y ternura lleve)


Amo la lluvia y mojo mi cuerpo y mis manos
como ángeles hijos de Dios y la muerte.
La lluvia debe ser a los hombres lo que es a
los árboles:
yo grito en felicidad desnuda y llena de sombra,
insatisfecha, doliente como la noche.
Sed infinita estruja mi corazón y humedece de lluvia.
La lluvia es hija de Dios como todas las cosas.










ESPERANDO QUE SE VAYA LA LLUVIA


A Lester


La pobreza es exactamente una mueca de dolor.
La riqueza es exactamente otra mueca
de dolor.
Dando el 20%.
Recibiendo el 20%.
Que tanto en una esquina dando
o rechazando más del veinte
por ciento en paz, sangre de vendedores.


Octubre es la muerte.
Octubre la resurrección.
Toma o dame: es lo mismo mientras
exista la mierda del veinte por ciento.
Diezmo para el Señor,
verdad es
palabra hecha en rosas, profundo incienso.


(No tengo para el incienso
del altar ni rosas
en medio del llanto
del cielo lluvia bendita.)
Pidiendo para el mundo,
para él,
para los míos,
un pedacito de día del Señor.


Idéntica a un bello gesto,
en exacta suma de restas y restos
pasa la vida sobre ruedas,
en carros, autobuses, patines, etcétera,
siempre al tanto
por
ciento
marcándome
el paso.








ORACIÓN TANTRICA


Tú, lento padre del girasol, gira
en mi cuerpo lento vuelo de alma
desciéndete y asciéndame la luna
que en su miel saborea el paraíso.


Te doy mi luna secreta de diosa
-la luna mágica secreta y sola-
desprendida de mí y encontrada
en el cielo más manso de tus cielos.


Te amo en el agua de una luz espesa
con sílabas de azul que se destilan
porque todos los nombres diluyeron


en el agua de luz cifra de gloria
en esta niebla inmóvil que se mueve:
aves del paraíso son tus manos.












CUATRO MINUTOS


Un cuarto para las cuatro
de la madrugada; un cuarto
para la traición, otro para
el amor: vacío; a esta
hora: cuatro menos once
minutos exactamente es posible
que no se han producido
ambas cosas.














EN UN BÚCARO DE BRONCE FLORES OBSCENAS


En un búcaro de bronce flores obscenas
Algo tímido el búcaro las ofrece.
Algo orgulloso, sin embargo, al mostrar
la exótica tremulés de las bellas hijas del Sol.
-Nosotras, impenetrado jardín-, parecen
decir en inmóvil gesto insinuante.


En tanto el búcaro ingenuo
al anochecer se hace sombra.
Increpa la estética dureza fálica del ofrendante.
Y se hace añicos la negra luz.
















FLOR AMARILLA EN CEMENTERIO


La estupenda flor amarilla
al viento de la tarde erguida
Condensada a la última luz del mundo.


La muerte en sus más altos oros.
La húmeda yerba brillando ante mí.


Loca flor, cual la vida del hombre
casi a reto, al desgaire, a la intemperie.
Incuba la nueva semilla
el negro vientre del Solsticio.


La tierra, madre de todos los metales,
de todos los árboles,
de todos los seres,
mañana recibirá
sus pétalos.














EPITAFIO


Brota música: es silencio florido.
Yace el poema.


Alternando la vida y la muerte.


Tierra; Madre; la letra lleva ahora
forma de fruta.
La fruta: semilla ardiente;
lava el fuego de tu vientre;
el río de tus lágrimas
fluye lava el monte
quema
la piel en mis mejillas
cae
sobre el oscuro surco
de tu vida.


Vive el canto en cada estrella.
Fue liberada mi luz;
mi verdad
eres tú ahora, Tierra.
Ya tengo palabras como ramas
como sombra
y abrigo que ofrecemos (tú y yo, somos una),
al caminante.