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martes, 7 de febrero de 2012

5944.- MARÍA DEL ROSARIO SOLA






MARÍA DEL ROSARIO SOLA
Nació en Mendoza , formó parte de la generación de poetas que en los 80 se nucleó en torno a la revista Ultimo Reino .Publicó: Música de invierno (1981), El humo de los Músicos (2000) la novela La luz de la Siesta (1999) Antología 1940-1960 de Mujeres Poetas Argentinas de Ediciones del Dock, Buenos Aires , 2004. Es arquitecta.








Coyoacán
Inédito 2005


Dolores, Marina , Blanca. Les prometí contar lo que pasó aquella noche en que nos despedimos en el bar del D.F. ¿de qué nos despedíamos? De nada y de todo. Bueno sería que nos pasáramos la vida despidiéndonos de lo que no nos sucede. Este lugar es el infierno dijo alguien, que además se reía mientras empujábamos las sillas al pasar. Se equivocaba. El infierno seguramente es mucho peor, pero las mesas estaban demasiado juntas y la música demasiado fuerte y los muchachos eran demasiado jóvenes para nosotras y nos miraban estupefactos porque parecíamos gringas y porque tal vez lo éramos.


Igual todos tenían bellos ojos oscuros y sin misterio , cejas rebeldes abiertas en abanico en medio de unos rostros demasiado lisos. ¿Era una rola lo que tocaban unos chicos tatuados al fondo en una especie de tarima gris? No lo se. No puedo recordarlo Si era una rola era una rola atroz, un ruido infernal y pedimos cerveza en jarra me parece, qué cornos, revivir aquel momento en la plaza de Coayacán o por ahí yo ya no se en donde se parece a un ritual ¿porqué recordar esa y no otra noche cualquiera en cualquier otro lado? Porque si que es la mejor de las razones


Dolores, estaba tu hermosa hija y fue ella la que tuvo la idea de llevarnos a ese sitio o a cualquiera de los sitios de esa cuadra que estaba llena como casi todas las cuadras del DF de muchachas oscuras con peinados de pájaros. La noche de México, nos dijo , es todas las noches de todas las ciudades
Tampoco se si es cierto que les prometí escribir algunas líneas sobre lo que sucedió aquella vez en el Encuentro cuando alguien le dijo al mozo : Somos poetas como si eso significara algo y venimos de leer en el Palacio de las Bellas Artes y nos pusimos a reír hasta las lágrimas porque hubo rebelión y todas quisieron leer aquel día y éramos como cincuenta, una verdadera catástrofe y el mozo sonrió, lindo chaval dijo Marina y le dio la dirección a Cristina para que le mande un libro porque le gustaba la poesía.


¿ Era Cristina, verdad? Qué importa , si, seguramente era ella que quien sabe si le mandó el libro al mozo que tenía los ojos tan limpios y tan negros y tan abiertos como todos los otros en ese bar y que daba la impresión de que la ferocidad de ese lugar no lograba terminar de vaciarlo .


Lo que si es cierto es que alguien tenía un libro de Cavafis en el bolso y es cierto que alguna de ustedes me pidió que leyera un poema y tuve que gritar porque la música atronaba y yo que nunca había leído un poema a los gritos y menos que menos un poema de Constantín Cavafis en un bar de Coayacán en donde se toma cerveza en jarra y aunque era absurdo era hermoso y algunos muchachitos, atolondrados por la bebida, giraron la cabeza y se mordieron la boca morada para tratar de entender como era eso de que de las aguas oscuras del Tirreno sacábamos un marinero blanco, muerto y desnudo como se saca a un pez y lo poníamos sobre la mesa del bar de madera barata para que escurra.












VERANO EN MENDOZA 1998
( de El humo de los músicos)


Un serpentario de tormentas negras
arde en el fondo de la caja de costura.
Entonces los olivos de los oleos se abren con el aceite de plata y la pluma descampada.
La vieja música que viene de los libros empieza.
Es el verano.
Entra en la casa a golpes de tormenta.
Alguien prepara la sartén y unta el plato manchado mientras el granizo se derrumba.
Luego se queda inmóvil.
Inmóviles todos en la casa.
Entonces el piso se mece lentamente.
Ciénaga de terciopelo movida por la mano de niña de la muerte que sabe.
Ni juegos, ni revanchas,
ni se asombra y se lleva
al hombre en pijama que mordía la tabla de lavar
rodeado de humos y tabacos sagrados
cerca de la ventana.








FINIS TERRE
(de Coruña Negra, 2001, inédito)


UNO


Tragedia gótica.
Una mitad de nuestros días no valen tanto pero a veces, una hora, una luz blanca, un gusto a sal, parece como si el pensamiento fuera una lluvia de hielo que barriera de un golpe el caldo de humo pardo que bordea las cosas y así hubiera querido que me escuches pensar
si pudieras, pero es tarde.
Hay guerra. A veces es tan hermosa la estela que dejan los trabajos de los hombres al paso de un puñado de centurias que uno queda en suspenso y parece que fuera a comprender. Entender.
Un peso enorme debajo de las cejas.Pero esa única hora pasa tibia y latiendo como una mano humana abandonada entre las medias sucias del funeral del tiempo.


Flota el faro que hizo tallar
el emperador de Roma.
Avaricia y olivo.
El horizonte sube y baja
Luces entre latines.
El piano suena y suena bailando en la marea como el
mono de Zama que golpeaba en el muelle de Asunción contra las tablas.
¿has oído hablar de Di Benedetto?
El piano suena y suena en la orilla hasta que los náufragos
lo tapan con su propia manta de felpa mojada..
Breas y dientes. Resaca de petróleo.
Los marineros tienen miedo y atan
la Santa Virgen al mástil rojo. Rezos en lengua gala.
Muertos a la deriva.
Lenguas hinchadas entre los incisivos.
Tragedia gótica.
“Aten los muertos” dicen,
aten los muertos que se los lleva el agua.


Menos que espuma. Marea negra.
Me extinguiré desnuda escribiendo finis terre,
Una soga, una madera que flota, la baba
de la resaca del mar en la muralla.
No des leche madre que la nieve está sucia.










Todo brilla.
De los dioses
la mortal gelatina


De los reyes la plata de las vísceras.
Escribo con un hueso de
rata en la parte mojada de la arena.














TRES
Que importa si uno va o viene.
¿Tomar agua en la ostra del peregrino para que vea tus ojos? Correos electrónicos ¿Qué podría cambiar? Empieza el fin del tiempo y una mañana al abrir lentamente la palabra nunca llegamos al borde de la tierra. Las aguas caen hacia cataratas amarillas En las chimeneas de las plantas nucleares, que son las copas de ópalo con que beben los dioses, hay conciertos de rock.


Rock de La Coruña.
Hombres de roma de togas carcomidas y manos ilustradas , miran el mar cansados y dicen FINIS TERRE.
Galos sin dientes,
sin pestañas,
de ojos blancos y trenzas de plumas pardas que hacen barcos de cuero .
Casas cerradas, pintadas para los turistas, con viejos tronos con olor a sexo y a sándalo y a sal. Gatos que duermen demasiado y que no quieren despertar.


Viene con sus largas uñas moras el guitarrista ciego.
Con sus zapatos de taco y golpea las puertas, las patea, las llora y las reseca
y les cuelga flores de papel
para que el aire
destelle.


Rock de tacos rojos y perfumes de muerto en el mar.






Manolo Rivas toca el saxo en la niebla, dice y
dice que porque hay niebla no puedes ver bailar a los
que bailan.
Qué idea rara .
Escribir para nadie y hacer música para nadie.
Esto es sólo una trampa para turistas.
Una palabra tallada con el punzón adentro de una sombra.
Una película sepia que trata sobre el fin del mundo .






UNAS LINEAS PARA LUIS VIALE- 2009


Para salvar a Luis Viale del absurdo de una muerte inútil el intendente de Buenos Aires le levantó un monumento. Había entregado su salvavidas a una mujer y tal vez a un niño y se había ahogado en el Río de la Plata. En el monumento, el heroico señor ya hecho en bronce , gozaba de todas las dignidades. Era una obra magnífica y tenía ahora una talla algo mayor a la de un hombre común. El escultor , un artista italiano , lo retrató inclinado en el acto exacto en que estaba por lanzar el salvavidas al agua. El río se ha retirado ya totalmente en poco más de un siglo y en frente del valiente señor se extiende un pastizal y más allá una foresta isleña que los porteños llaman La Reserva . El absurdo amenaza otra vez el destino de Luis Viale que mira el viejo y descuidado pasto con su hermoso ceño crispado en bronce casi negro a punto de tirar el salvavidas. . El río existe, claro , más allá. Para salvar a Luis Viale del absurdo del retiro de las aguas he escrito estas líneas. Ustedes me dirán entonces porque en ese caso no he escrito un poema. Estamos en 2009 y los poemas ya no existen. La poesía existe aun, claro, más allá.








EL VIOLINISTA-
2009


Las algas en la fosa de la vieja roca parecen criaturas vivas. Los hombres se asoman y las miran y algunos saben que esas suaves agitaciones son porque el peso de las galaxias que se alejan mueve las aguas del universo.
El que es violinista comprende que la fosa en el borde del pozo del mar es aquello que él trata de imitar con el sonido. Si el agua no estuviera tan fría, dice siempre, él se desnudaría y se pondría a tocar ahogado en el fondo del hueco con un pie sobre una verde piedra. Se aleja y se tira en la arena mojada al sol. No hay nada en el cielo que no me pertenezca se dice antes de dormir con la mano clavada como un arpón en la línea de espuma.














LA TRISTEZA DE LA SEÑORA DEL POETA-2008


Conocí una vez a una reciente viuda
Se posaba en la silla como un pájaro
Porque ya no quería sentarse.


Habrán llorado a doctores
A policías
A señores de chaleco de oro
Y a puños con gemelos de jazmín.
Pero a nadie han llorado
Como lloran las viudas de los poetas
a los poetas.


No se dignan sentarse
Y menos que menos lagrimear.
Están encendidas, leves, como un tabaco de marfil
Entrecierran los ojos para hacerle sombra a la memoria
Y durante veinte o treinta años
arden despacio
la despedida.




LA VERDADERA HISTORIA DEL PERRO DE LA CASA-2008


Todos supimos, por aquel tiempo, que estábamos vivos de casualidad.
Que el tafetán de la mesa no existía.
Que había que conversar para que todo se mantuviera en su lugar.
El perro, en cambio, no sabía nada. Cubierto con su piel mucho más hermosa que la nuestra a veces nos miraba como un rey observa a sus ministros.








FEMENINARIOLa Plata , junio de 1978
a mis hermanasLos hombres se han ido ya.


Sólo los gatos que bailan
una lúgubre danza
aman sobre el delirio con sus ojos
de muertos prematuros.
Y nosotras,
aliadas,
que fumamos de espaldas a los cuartos vacíos,
unidas por el viejo testamento de la luna,
nosotras,
hembras delicadas como magnolias,
nuevas hasta no amanecer,
nuevas y atroces hembras,
que ornábamos a las plazas
con aquellos perfiles entre el aire,
apenas ya si oímos a los enamorados que nos nombran,
sus lentas voces,
sus lentas y hondas voces
cavadas en el roble sonoro de la muerte.
(dulce abrigo,
sandalia de azúcar,
jaula de azúcar,
labradora de estrellas,
espejo del espejo,
agua)


Hermanas nosotras.
Amigas queridas de elegidas sonrisas.
Enterrar a los muertos
y a los corderos blancos de ojos inocentes como los de los hijos,
matar un corazón para comer,
nosotras, jazmines de la orilla,
en las islas.


Ladran lejos los perros, rasgando
el aire con sus dientes fríos.
Ellos me llaman y besan mis heridas
con sus largas lenguas húmedas.
Suena
el río del tiempo
(agua sumisa, agua negra)
entre las sombras y las bellísimas paredes donde se apoyan las mujeres
del night que sonríen después de haber llorado.


Mis amigas me llaman para ver las cenizas.
Hay una larga ventana
allí nos hemos sentado para que nuestros vestidos brillen a la luna.
Mi cabellera enciende el polvo rojo de los retratos
mientras tragamos las terribles perlas que nos harán inmortales.
¡Eh melancolía!
déjala a ella
veinte años tiene
y veinte años son
sin ver el mar que alza sus guiños a la muerte.
El cielo insomne
espera
y las estrellas perfuman
como el metal con que los hombres hieren.
Porque la noche está hecha
con todo aquello
que nuestras manos redondas no conocen.


Nada amaremos más que estas horas vacías
con las que nadie ha soñado
y que siempre supimos
que no debieron ser.
Es que la noche se cierra con el hierro del tiempo
como una aldaba
sobre un hijo de artistas con los ojos pintados.




SUEÑA, SUEÑA, SUEÑA.
El río del tiempo con su negro ganado
y su cascabel de dentaduras.
¡Oro para los conquistadores!
¡Oro para los altares!
¡Oro! Para mis medias de oro
que voy a saltar la muerte y a comprar un candelabro en la mañana.
El dulce estío, no volverá esta madrugada,
recuerda, empieza el mes de abril,
y hace frío,
mis hermanas disponen las frazadas.
Cambiaría esta noche
por una noche verde,
mi ventana
por un balcón de transparente hielo
prendido de la roca
en la montaña.
Cambiaría esta noche por una madrugada
cambiaría mi sombra
por un caballo que venga de la vida
contra un caballo que venga de la muerte
bebiendo de mi mano.




Caen las rosas que el verano no ha usado,
caen de noche, lejos de los pájaros,
como caen
dos a la luna y otras a la sombra
nuestras sonrisas recién estranguladas,
Hilos
de mujeres que fuman de espaldas,
hebras que tejen
el recién descubierto medrar
de la filosofía.
Ya los hombres se han ido
y nadie cuidará
mi corazón despedazado en esta noche de mal cielo.
Ya los pechos discretos de las puertas
no guardan,
ya llegan las noticias,
ya vienen de matar,
ya entran con sus pesados pies rojos
con el polvo de tierras incendiadas
a interrogarme con los ojos neutrales.
Ya llegan . Ya vuelven y debiera estar sola.


Ellas contemplan las barcas de los tiempos
y señalan
algún brillo del aire en el azar del humo.
Veo a mi padre
volver herido en la batalla de los sueños
y a mis hermanos haciendo hermosos hijos
y me pregunto
si el día estuvo siempre a mis pies
quién abre esas pesadas puertas.
Toda la noche ladrarán los perros
toda la noche lastimarán mis huesos
toda la noche preguntarán por ellos.
El corazón en la garganta guardan
El barquero del tiempo
me sonríe con su muela lunar
Ya lo sé –le respondo- es sólo el tiempo.










.
Estábamos en guerra o estaremos
Y las manzanas se helarán sin que nadie las junte
Y caerán los picos
De los pájaros muertos
Y en las canastas sonarán como cencerros.
Moriremos antes de ser madres
Dobladas a los pies de nuestros amantes. Hace mucho están ya las casas vacías.
Tampoco era la guerra.
Tampoco era el destino.
Y en los cajones crece la flor de los misterios.
Toda la noche ladrarán los perros.
Ellos tienen el corazón en la garganta
Y sospechan.
¿Oyes esa extrañísima lengua?
Es el final.
Han llamado María a esta mujer.
Es extraño.
Ella nada ha sembrado
Pero conoce esa lengua lejana.
Mis amigas me llaman para ver las cenizas, hasta una larga ventana
Donde nos hemos sentado para que nuestros vestidos brillen a la luna.
¡Vengan a ver el futuro, la mañana que ríe de nosotras¡.
Tontas muchachas somos.
Tontas muchachas y sin embargo
Hay agua.
También más allá el agua ,
que creímos bella,
se escapa
inútil
hacia esa reja manchada por la espuma
tras la cual
un mar pintado
se lleva nuestro perfume.


Publicado en “MUSICA DE INVIERNO” (1982)