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lunes, 6 de febrero de 2012

5940.- ARMANDO LÓPEZ MUÑOZ




Armando López Muñoz
Nació en San Salvador el 10 de Noviembre de 1930 y murió asesinado el 1 de Septiembre de 1960. Una de las voces más pujantes en la década de los 60's, perteneciendo a todo el movimiento intelectual que precedió a la Generación Comprometida, siendo amigo de prácticamente todos ellos, en especial de Roque Dalton y Roberto Armijo. Entre sus publicaciones están Primera voz (poemas), Intinerario y Patria Interior.









El Loco De Puertocortés


Es otro el Mar Caribe de los barcos mercantes;
insectos venenosos y verdes platanares abatidos
enturbian el color del mar casero.
Tahúres, vagabundos,
marineros varados en noches torrentosas,
montañas de ginebra y de sexos estériles,
explotan, rugen, pasan…
y vuelven con la ronda de otros barcos…
¡Quién no se vuelve loco como tú′,
en medio de esta usina paralítica!
Acechabas los barcos,
buscando algún mercante que viniera de Cuba
(porque son los cubanos los que llenan las latas de comida)
Por las noches
rodabas algún tronco de pino
o un racimo de plátanos
(nunca volvió ese barco que viaja a Nueva Orléans)
muriéndote de hambre y de locura,
partida en pleno pecho tu condición de hombre.
(És el Caribe éste? Este es el Mar Atlántico?)
(Donde se marcha uno a Nueva Orléans?)
Es inútil mirar a la tormenta,
que amenaza a las luces en la boca del puerto;
es inútil mirar al sol poniente,
al rosáceo horizonte
quebrado en mil espejos por el agua.
(No viene el capitán de Nueva Orléans).
Ya no busco la ruta de algún dado tirado por un tahúr,
espero otra señal que viene del Caribe
Que me traigan las olas la razón.
(¡Mare Nostrum!, contéstame)












Gladys, Morena Sílfide


En este medio día del trópico
tu cuerpo se iba amotinando pájaros,
pequeña sílfide del Caribe;
el sol, vertical y broncíneo, caía en plena calle,
hesitando en la prisa de los hombres reverberándote…
Nada te ha vulnerado al descubrirnos
tu apoteósico escorzo;
mariposa fugaz,
vela blanca que hinchaba el Mar Caribe.
Doblando Yucatán, que desparrama los caminos,
todo se hace instantáneo
más tu, trascendente y fugaz,
llegas a establecerte en el recuerdo.
Llegas a establecerte como un grito de júbilo,
hembra ajena e indócil,
apoteósica y libre.
Libre,
como una vela blanca que hinchara el Mar Caribe.












Destierro Voluntario (Fragmento de Obra)


A veces,
en la pausa de alguna piedra a la vera del destierro,
se oye susurrar al viento, alborotando a las estrellas.
Y la agonía de un hombre solo
camina ancha y errabunda en medio de los pastizales,
en medio de la noche estentórea
tan llena de murciélagos y de esperanzas muertas;
alguna luz en la otra orilla
-en la otra orilla del sueno­-
nos guía hasta las fogatas de los hombres
(fogatas hidroeléctricas
llamas cuadradas, incendiadas nieblas).
Es posible
que todo comenzara con fantasmas de mi propia imaginación
pero he ido marchando,
hincando el hambre en alguna fruta del arroyo
por lecho el campo llano
y por amante una ilusión noctívaga,
un no sé qué, una nostalgia
una impresión de haber nacido antes,
de sólo estar soñando este destierro.
Pero me posesiono de todas las historias
y de todos los rostros,
nunca se cansa el corazón
de conocer a todos los habitantes de la tierra;
aunque en todas partes la historia de Caín y Abel
es tan vieja como el principio del mundo,
en todas partes la cara del diablo o la del ángel
asoma cambiante y sardónica.
Hubiera deseado llegar a puerto seguro
pero es tanto como decir: "llegar al paraíso";
sin embargo estoy vivo y pisando la tierra,
los vientos del Caribe traen ensueños vagos
......y el mundo parece venirse a plomo de repente.


Es necesario ir a buscar nuevos vientos alisios
y hacer de cuenta, a veces,
que la brújula nos vuelve locos,
que todavía existe una pulgada de tierra
no descrita en ninguna de las cartas marítimas.
Y uno termina forastero en el mundo,
muerto a campo traviesa......


"No me queda ni mesa ni convivio
ni piedra en que sentarme,
ni pulgada de piel donde pulsar mis besos...."
(de un viejo poema)




Indecisa en la rosa de los vientos
está la angustia espesa que te busca,
¿Adónde ir en esta encrucijada
de planetas desiertos y largas caminatas,
descifrando el ovillo da mí mismo?
Estoy aquí, perdido,
esperando algún barco, cualquier barco,
cualquier ruta olvidada.


Mientras tanto cuento mis pertenencias:
(de un viejo poema)


un puñado de días, de instantes, de sucesos
cayéndose a pedazos de mi andrajo vital;
nunca tuve una historia:
sólo fui una baldía pirotecnia
un destello aislado y sin efecto.
Mientras tanto
los hombres se agrupaban,
no sabían por qué:
prestaban aliento, vivían de consejos:
un patriarca, un hogar, algún santuario,
el respeto a los lábaros sagrados.
La muerte es más amarga desde el día
en que le di la espalda a ése pasado,
tornándome cariáceo fugitivo.


Me he buscado estructuras,
pensé poner mis propios materiales:
pero no existe hogar sin habitantes,
no se puede construir para encerrar fantasmas.
¡De tanto contemplar mi corazón
he formado su propio tabernáculo!
Y se me va muriendo, intermitente,
asediado en su pánico a la muerte
-murciélago antiséptico,
peculiar en su ala rondadora,


¿Adónde ir, qué punto de la curva,
en cual circunferencia está la patria?
Tala el hombre los árboles,
recolecta los trigos y, cotidianamente,
se ayunta y reproduce;
más mi estupor no sale de si mismo,
no inventa su oración definitiva.


Busca consorte el miedo disparejo.
Pues no les nada una sombra que se asombra..














Salto al Vacio


"...Me llamaréis vagabundo y tahúr,
titiritero de la vida,
porque me pongo a saborear
de antemano esta muerte..."


De pronto este hilo impreciso se rompe en un determinado segundo;
los relojes están parados,
solo el pulso sigue caminando, subrepticiamente.
Es necesario que el pulso sobreviva
-valga la expresión-
para que tenga tiempo de atar los cabos inconexos
antes de expirar POR ÚLTIMA VEZ
y para que tenga la presencia del minuto que queda;
es necesario mantener la calma,
indagar, lo más posible,
si valía o no la pena preocuparse por morir.
Uno no tiene casi nada;
unas monedas en la bolsa,
el usufructo del mundo
o la promesa de alguna amante infiel.
Y conservando ésto
en el mismo momento que damos vueltas a la llave de la casa,
cómoda y seguramente,
imprescriptibles, inalienables, inverosímil...
Cómo si tuvieramos a la inmortalidad por los cabellos
con un título cualquiera de propiedad.
Y no és que el poeta tenga plena consistencia
en la validez de estas palabras que corren por su mano,
es, sencillamente, que va quedando poco tiempo
y los hilos de la historia no logran establecerse en nudo;
él se siente en vilo un momento,
para caer en estrépito
en la vulgaridad de los adoquines callejeros;
sueña con un poco de humo
-su tabaquera siempre está repleta-
y cuando logra despejarse
hay un terco vicio y el fantasma de una historia.
Es que nunca hubo nada, simplemente no había nada
en el cajón de los misterios;
todo era un juego vano, un puro malabarismo;
la historia, guardada con tanto celo
en los anaqueles de las bibliotecas
o continuada vigorosamente por las calles y los campos
a cobrado el toque de queda,
el minuto de silencio.
Y a la pregunta que inquiere
por la solides de los cimientos,
todo se esfuma,
porque el ritmo loco del mundo
no resiste la mínima duda
y porque uno debe morir sobre la marcha


"Más no es posible, no es posible..."
(¡se restauraron los relojes!)
El tiempo retorna toda su aspereza,
se frota, como una cerilla,
e inflama las vigilias y los sueños sempiternos,
"Más no es posible, no es posible",
se dice,
"volvamos a contar..."


"Espera. No. Dejemos de insistir...
Yórick..."