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lunes, 30 de enero de 2012

5882.- VÍCTOR SERGE





Víctor Serge
Víctor Lvovich Kibalchich (В.Л. Кибальчич) (Bruselas, 1890-México DF, 1947), conocido como Víctor Serge, fue un anarquista, revolucionario, fecundo escritor y activo participante del proceso revolucionario ruso a partir de su llegada a Petrogrado, en febrero de 1919, trabajando en el recién fundado Comintern como periodista, editor y traductor. Crítico abierto del estalinismo, fue obligado a abandonar la Unión Soviética huyendo de la represión y, como tantos otros revolucionarios, falleció en el exilio mexicano.

Nació en Bruselas, en el seno de una familia ruso-polaca de Narodniks. El padre, oficial de la Guardia Imperial, fue miembro del grupo Tierra y Libertad, relacionado con Nikolai Kibalchich, del grupo Voluntad del Pueblo; luego del arresto de Kibalchich tras el atentado que acabó con la vida de Alejandro II en 1881, el padre de Serge abandonó el país, tomando un empleo como profesor en el Instituto de Anatomía de Bruselas.
La familia se desplazó a Francia, donde se involucraron con el colectivo de inmigrantes rusos más politizados. Serge trabajó como aprendiz de fotógrafo en París y después como diseñador. En esa época, leyó mucho, siendo especialmente influenciado por las teorías políticas de Peter Lavrov.
Serge fue inicialmente miembro del Partido Socialista Revolucionario, pero alrededor de los dieciocho años abandonó el socialismo y se adhirió al anarquismo. Su primer artículo fue escrito en septiembre de 1908. Bajo el pseudónimo de “Le Rétif” (“El Agitador”) escribió numerosos artículos para Le Révolté y, a inicios de 1909, para L’Anarchie. Ejerció como sustentador teórico del anarquismo individualista y del ilegalismo, chocando con las posiciones del editor de L'Anarchie, André Roulot (“Lorulot”), favorable a una retórica menos inflamada. En 1910, tras una escisión en L'Anarchie, Lorulot abandonó la publicación y Serge fue nombrado nuevo editor del periódico.
Más tarde sería juzgado por su implicación en los actos delictivos de la Banda de Jules Bonnot, en calidad de instigador, bajo el pseudónimo de Valentín. Se niega a declararse inocente y rehúsa denunciar a sus camaradas, siendo condenado a cinco años de prisión en condiciones de aislamiento. Varios de sus camaradas fueron ejecutados.

Viaje a Rusia y adhesión a la Revolución
Serge se hallaba en prisión cuando comenzó la Primera Guerra Mundial. Preveía que la guerra podría llevar a Rusia por el camino de la revolución: “Los revolucionarios sabían bastante bien que el Imperio autocrático, con sus carrascos, sus masacres organizadas, sus requintes formales, su hambre, sus prisiones siberianas e inquidad antigua, nunca podría sobrevivir a la guerra”.
En septiembre de 1914 se encontraba en la prisión de la isla del río Sena, a veinticinco millas de la Primera batalla del Marne. La población local, sospechando una derrota francesa, comienza a huir, y durante algún tiempo Serge y otros habitantes quedan prisioneros de los alemanes. Después de su liberación, en 1915, se fue a vivir a Barcelona, volviendo posteriormente a Francia hasta que, tras la caída de Nicolás II en febrero de 1917 en Rusia, intentó viajar a Rusia para adherirse a la Revolución en marcha. Sin embargo, fue detenido y mantenido preso sin cargos hasta que en 1918 la Cruz Roja Danesa intervino y organizó el cambio de Serge y otros revolucionarios por Bruce Lockhart y otros anti-bolcheviques que habían sido detenidos en Rusia.
Así, cuando Serge llegó a Rusia en 1919, se adhirió a los Bolcheviques. Trabajó durante un tiempo con Máximo Gorki, en la editorial de la Literatura Universal. Luego fue empleado por Gregory Zinoviev, que había sido elegido presidente ejecutivo de la Tercera Internacional. El conocimiento de idiomas de Serge lo capacitaba para hacerse cargo de la edición de publicaciones de la nueva organización.
A pesar de ser gran admirador de Lenin y de la revolución, Víctor Serge no ahorró críticas a los aspectos que pensaba que debían ser criticados de la actuación del Gobierno soviético. Junto a Emma Goldman y Alexander Berkman, se quejó -aunque justificó la represión- por la forma como el Ejército Rojo trató a los marineros implicados en la rebelión de Kronstadt, dirigiendo sus quejas a Félix Dzerzhinsky como organizador de la Cheka.
En 1923, Serge se incorporó a la Oposición de Izquierda, liderada por León Trotsky. Crítico abierto del camino ditatorial marcado por José Stalin como nuevo gobernante del país, se le considera el primer autor en describir el Gobierno soviético posterior a Lenin como “totalitario”.
En 1925 escribió Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión, verdadero tratado sobre el funcionamiento de la Okhrana, policía política zarista, después de haber buceado en la documentación y estudiado los métodos de la política contra-insurgente del Gobierno autocrático. El libro es considerado un clásico en la historia de la teoría de Redes Sociales1

Represión estalinista
En 1928, Serge fue expulsado del Partido Comunista e inhabilitado para trabajar para el Gobierno. En los años siguientes, escribió El Año I de la Revolución rusa (1930), Hombres en prisión (1930) y El nacimiento de nuestro poder (1931), además de traducir al francés las Memorias de Vera Figner. Todas esas obras fueron prohibidas en la Unión Soviética y publicadas en Francia y España.
Fue detenido y llevado a prisión en 1933. La mayor parte de la Oposición de Izquierda terminó siendo eliminada, pero Serge consiguió abandonar el país gracias a las protestas de sectores políticos en Francia, Bélgica y España. La policía secreta estalinista (GPU) obtuvo una confesión de su cuñada, Anita Russakova, declarando que ella y Serge habían estado involucrados en una conspiración bajo la dirección de Trotsky. Se organizaron protestas contra su encarcelamiento en diversas Conferencias Internacionales. Las presiones llevaron a que en 1936 Stalin declarara estar considerando la puesta en libertad de Serge. Finalmente Emile Vandervelde, veterano socialista belga integrado en el Gobierno de ese país, consiguió que Serge obtuviera un visado para vivir en Bélgica. Sus parientes no fueron tan afortunados: la hermana, la suegra, la cuñada y dos de sus cuñados, morirían en prisión.

Exilio y muerte
A su llegada a Francia en 1936, Serge publicó dos libros sobre la Revolución rusa y su degeneración: De Lenin a Stalin (1937), y Destino de una Revolución (1937). Publicó varias novelas y una obra poética, Resistencia (1938) sobre sus experiencias en Rusia.
Cuando Francia fue invadida por Alemania en 1940, Serge, junto a su hijo Vlady Kibálchich, consiguió huir a México. Su autobiografia, Memorias de un revolucionario, fue publicada en los Estados Unidos en 1945. En 1947, poco antes de morir, escribió Treinta años después de la Revolución rusa, considerada como su testamento político. En él mantiene sus convicciones revolucionarias y socialistas, al tiempo que reconoce errores cometidos por el Partido Bolchevique que, junto a las duras condiciones enfrentadas debido al asedio capitalista, la derrota de las expectativas revolucionarias en Europa y los precedentes de revoluciones masacradas, pretenden explicar la deriva totalitária estalinista. Serge exculpa explícitamente a Lenin y no duda en apoyar sus ideas y experiencias, así como al propio partido bolchevique, aunque afirmaba que en el futuro las luchas anticapitalistas deberían asumir nuevas formas.
La salud de Serge se fue deteriorando a consecuencia de sus períodos en prisión en Francia y en Rusia. Continúó escribiendo hasta su muerte en la ciudad de México el 17 de noviembre de 1947, por un ataque cardíaco.





Traducciones del francés de Benjamín Anaya




México: Idilio


A la memoria de Marcel Martinet


A la sombra de nopales crueles el aceite de la mula resplandece dulcemente
Igual al silencio del amante
La silla está cubierta de plata. El hombre se parece al águila negra
Y por eso, tiene una sonrisa que canta
Bello como los ángeles sin miedo y como pudieran estar sin alegría
Sin otra alegría que el sacudido de la sangre en las venas tensadas.
Y él dice, querida, yo te espero


Oh, dulce vida, oh, suave pavorosa sandía mora, frescos labios mordidos
Vibración calma de la tierra
Las noches inquietas se pierden sobre mil estrellas desconocidas
Cuando el niño moreno está desvestido


Las piedras quebrantan los riñones, las manos; las manos del cielo martirizan
las sienes


La noche plena de presagios cambiantes graniza como en un abrazo
Oh frescura mineral, movimientos que devienen serpientes
La savia misma de las lianas une los miembros. Este calor convulsionante viene  
de las entrañas de la tierra


Oh, violencia deleitable. ¡Ningún asesinato es mejor, Señor!
Oh, sumisión desgarradora
¡La muerte no es mejor, Señor!


¡Luna mágica, Luna madre, claréalos con tu canto pleno!
Gravitarán la cima de viejas lavas, carne a carne sobre la misma silla
El paso de la mula que balancea el mundo, las estrellas, su sangre, su silencio
Sombríamente apaisado
Las enjaezadas correas decoradas de plata que tintinean líquido murmullo estelar
Tienen los olores de la resina en el aire
La escolta de altos candeleros cactáceos, negros y lácteos
Las cercan de inmovilidad


El mismo rayo los fulmina a enderezarse donde vieron una cruz
(o bien fue el aplomo de la gente de la parroquia de San Juan
a causa de la huida de las aguas de un arroyo)










Nuestros niños


Yo veo, cerrando los ojos, yo veo
Que las grandes estrellas y las lunas terrestres
Se inclinan sobre las balsas en que navegan nuestros niños.
La mar, la noche amarga, proa encandilada de luz infantil
Es glacial, es vertical, es inestable,
Puede ser desesperante.
Las olas salpican y se despliegan sobre las barcas de extrañas banderas que
el viento, la noche, los astros desgarran con un tranquilo furor soberano
Y nuestros hijos con calma, ostentan inocencia, aparentan sabiduría.
Buscan en las crestas con sus manos los cristales que reaniman y brotan
de las profundidades,
Tienen en sus manos el prodigio de las simientes.


Un gran tropel de tiburones pacientes sigue las balsas
Los húmedos ojos de los escualos contemplan a nuestros hijos.


[México, septiembre de 1943]