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miércoles, 25 de enero de 2012

5853.- ROSARIO SANSORES




Rosario Sansores
Rosario Sansores Prén (Mérida, Yucatán; 25 de agosto de 1889 — Ciudad de México; 7 de enero de 1972). Fue una poetisa mexicana, conocida por obras como Cuando tú te hayas ido, poema que sirvió de base al pasillo Sombras musicalizado por el compositor ecuatoriano Carlos Brito Benavides.
Fue hija de Juan Ignacio Sansores Escalante y Laura Prén Cámara. A los catorce años de edad se casó con el cubano Antonio Sanjenís, con quien se fue a radicar a La Habana. En 1918, cuando Rosario Sansores tenía 29 años, falleció su esposo. Volvió a México, y específicamente a la capital, en donde fue columnista de la sección de sociales en los periódicos Hoy y Novedades. Público obras de poesía como Mientras se va la vida (1925) y Rutas de emoción (1954). Sansores se declaraba contraria a las tendencias modernas de la poesía (de mediados del siglo XX), y se declaraba cursi:
Sí, sí, la gente dice que soy cursi. Imagínate si no voy a saberlo. Pero no me preocupa. Al contrario, me halaga. La gente que sabe que soy cursi demuestra que me ha leído, y eso el lo único que importa.
A pesar de que sus poemas sirvieron de base para la creación de numerosas canciones en América del Sur —especialmente en Ecuador y Colombia—, Rosario Sansores visitó en muy pocas ocasiones aquellas tierras. De hecho, en Ecuador sólo estuvo una vez, en 1967, cuando el ayuntamiento de Guayaquil le concedió un premio literario.



Cuando tú te hayas ido (fragmento)


Y en la penumbra vaga de la pequeña alcoba
donde una tibia tarde me acariciaras toda,
te buscarán mis brazos, te buscará mi boca,
y aspiraré en el aire como un olor a rosas










Mi reliquia


Llevo siempre en el viejo relicario
el rizo de cabellos que me diste,
recuerdo de un amor imaginario
de una loca pasión que ya no existe.


Cuando con paso vacilante y triste
llego al nido, desierto y solitario,
mi corazón que en adorarte insiste
se estremece a la vista del santuario.


Todo esta como entonces. Aquel lecho
que abrigo nuestro amor, ahora deshecho,
lo envuelve como un fúnebre sudario.
¡De aquel tiempo feliz, solo subsiste
el rizo de cabellos que me diste
testigo de tu olvido y mi calvario.










La noche sin luz


Las horas resbalan,
los días se pierden
en el horizonte que ayer era azul,
las nubes se agolpan
silenciosamente y extinguen la luz.


En el firmamento claro
de mi vida, la luz
de una estrella mire cintilar
ame sus reflejos creyéndola mía
y una nube oscura la vino a ocultar.


Tu amor fue una estrella que
en noche sombría dejo de brillar.










Gracias Señor


¡Gracias, señor! Bendigo
tu favor generoso
porque me diste un alma
que supiera sentir;
Un corazón sincero,
cálido y amoroso
y esta virtud divina,
de poder escribir.


Porque has puesto en mis ojos
la visión luminosa
que los demás, si miran
no saben comprender...
Porque me hiciste inquieta
como una mariposa
y porque permitieras,
Que naciera mujer.








Me vestí de negro


Me vestí de negro cuando te marchaste,
me vestí de negro...
y en torno a mis ojos oscuros y graves
se formó un gran cerco.


Me vestí de negro. Mi traje rosado.
lo guardé angustiada dentro del ropero...
¡Ya que tus pupilas no me acariciaban
dejé de rizarme también el cabello!


Ni sedas. ni lujo ... ni ruge en los labios,
¡no iban a tentarte con su aroma fresco!
Guardé los perfumes. dejé de pintarme.
dejé de mirarme también al espejo ...


Y de pronto. un día. todo fue cambiando.
te fuiste borrando dentro de mi pecho.
otra voz de hombre comenzó a arrullarme
y me fui quitando mi vestido negro.


Qué tonta. me dije. vestirme de lutos.
por aquel ingrato que no lo merece...
y otra vez brillaron mis ojos oscuros
y fui como un árbol cuando reverdece.


Ahora tu recuerdo no me causa daño.
Estás de mi vida tan lejos, tan lejos...!
que olvidé tus labios
por otros más dulces henchidos de besos...










Del pecado de amarte...


Del pecado de amarte no estoy arrepentida,
aunque un oscuro abismo nos separe a los dos,
en tanto que risueña te doy mi despedida,
mis ojos se iluminan para decirte adiós.
No nos debemos nada. Tú me diste tu boca
limpia como el agua fresca del manantial;
y te enlacé en mis brazos, amorosa y sensual,
y apagué en la cisterna mi sed ardiente y loca.
Peregrinos errantes, nuestra ruta seguimos.
Si dos sendas opuestas al azar elegimos,
¿por qué nos rebelamos con violenta actitud?








Tengo celos


Tengo celos, ¿no sabes?... Tengo celos
de todas las mujeres que has amado:
de las bocas en flor, donde has saciado
la locura de todos sus anhelos...


En mis lúgubres noches de desvelos,
me atormenta el recuerdo despiadado,
mientras mi corazón apasionado
quiere, en vano, luchar con sus recelos.


Cuando poso en tu faz
mi boca ardiente,
me parece que cruzaran por tu frente,
las risueñas voces del pasado.


Odio entonces tus brazos vigorosos
y aborrezco tus ojos luminosos,
donde tantas pupilas se han mirado!








Se marchó diciembre


Se marchó diciembre con sus brumas frías,
y sus flores rojas en la Navidad
son dulces heraldos de las alegrías,
para el alma santa de la cristiandad.


Con sus noches claras Enero ha llegado,
y bajo el amparo de la luna van
maullando su idilio por algún tejado
una gata loca y un gato galán.


Después de Diciembre también se irá Enero
volverá de nuevo la luna al sendero
y así nuestras vidas se irán apagando
igual que un lucero brillante y fugaz.