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miércoles, 25 de enero de 2012

5851.- BENJAMÍN VALDIVIA






Benjamín Macedonio Valdivia Magdaleno (Aguascalientes, Aguascalientes, 1960 - ) es un filósofo, escritor, poeta, dramaturgo, traductor, crítico literario, catedrático y académico mexicano.

De 1978 a 1982, cursó la licenciatura de Filosofía en la Universidad de Guanajuato. En 1983 se trasladó a la Ciudad de México para para ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y cursar una maestría de Filosofía la cual obtuvo en 1985. De nueva cuenta en la Universidad de Guanajuato estudió un doctorado en Ciencias de la Educación de 1989 a 1990. De 1994 a 1997 realizó un doctorado de Filosofía en la UNAM,1 y de 2004 a 2006 cursó un doctorado en Humanidades y Artes en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).
Desde 1982 ha impartido clases en la Universidad de Guanajuato siendo profesor de tiempo completo. Como profesor invitado ha impartido clases en la Universidad Iberoamericana, en la Universidad Autónoma de Aguascalientes y en la Universidad Autónoma de Querétaro.2 Ha sido invitado también a la University of British Columbia en Canadá, al Central Arizona College, a la University of Arizona, a la California State University, Long Beach en Estados Unidos, así como a la Universidad Complutense de Madrid y a la Universidad de Alcalá de Henares en España.3

Editor y articulista
En 1990 fue fundador de la revista Folios, la cual dirigió hasta 1994. Ha colaborado en los consejos editoriales de las revistas La Tempestad, Tierra Baldía, Pandora Cultural, Espacios, Oro de Hoja, Acta Universitaria, Vacío, y Tertulia, además ha colaborado como articulista para varios periódicos y revistas.

Académico
De 1990 a 1994, fue investigador del Sistema Nacional de Investigadores.4 En 1999 fue miembro fundador y secretario de la desparecida Academia Cervantina Internacional. Fue presidente de la Academia Guanajuatense de Arte y Cultura de 2000 a 2002.5 El 24 de agosto de 2000 fue elegido miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua,6 y en 2001, fue elegido miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.7 Desde 2004 es presidente de la Red Cervantina Mundial.

Premios y distinciones
Premio Poesía Joven en México, 1979.
Premio de Poesía Punto de Partida, por la Universidad Nacional Autónoma de México, 1982.
Premio de Poesía Anita Pompa de Trujillo, en Sonora, 1982.
Premio Internacional por la Paz y la Vida, en Praga, 1983.
Premio de Poesía Salvador Gallardo Dávalos, en Aguascalientes, en 1983 y 1986.
Premio Nacional de Dramaturgia Francisco J. Múgica, en México, 1986.
Premio Internacional de Ensayo Ludwig von Mises, en Panamá, 1987.
Premio Nacional de Crítica de Arte, por el Instituto Nacional de Bellas Artes, en 1987.
Premio de Poesía Juegos Florales Nacionales Universitarios, en Campeche, 1987.
Premio Nacional de Poesía Clemente López Trujillo, en Yucatán, 1987.
Premio Internacional de Novela Nuevo León, en Nuevo León, 1988.8
Premio Internacional de Ensayo Centenario de Gabriela Mistral, en Chile, 1989.
Premio Nacional de Poesía Alfonso Reyes, en Nuevo León, 1989.9
Premio Internacional de Poesía Le Courrier de l'Orénoque, en Francia, 1991.
Premio Nacional de Poesía San Juan del Río, en Querétaro, 1991.
Premio Nacional de Poesía Amado Nervo, en Nayarit, 1991.
Premio Nacional de Novela Jorge Ibargüengoitia, en Guanajuato, 1998.
Premio Internacional de Poesía Publius Vergilius Marone, en Italia, 2003.
Premio de Poesía por la Accademia Internazionale il Convivio, en Italia, 2003.

Obras publicadas
Su obra publicada es amplia, ha colaborado en diversos obras colectivas o en colaboración, ha publicado antologías, ha escrito prólogos, estudios introductorios, memorias, ensayos, artículos y traducciones. Entre sus libros como único autor se encuentran:
El juego del tiempo, poesía, 1985.
Demasiada tarde, poesía, 1987.
Otro espejo de la noche, poesía, 1988.
El pelícano verde, novela, 1989.
El camino del fuego. Ensayos de poesía guanajuatense, 1991.
Indagación de lo poético, ensayo, 1993.
Los nombres de la tarde, poesía, 1994.
Luna de hojalata, teatro, 1996.
Breviario del unicornio, ensayo, 1998.
El tesoro casi perdido, teatro infantil, 1998.
Los ojos del espejo, poesía, 2000.
Historia de la literatura guanajuatense, historia literaria, 2000.
Las claves de Eurídice, teatro, 2001.
Inscripciones en la piedra, poesía, 2004.
Hablar en lenguas. Poemas traducidos en ocho idiomas, poesía y traducción, 2006.

Teatro
El alma de Joel Paredes
Historia de arcoíris
El caso de doña Araña y el Gorrión
El tesoro casi perdido
El nahual de Paramillo, obtuvo el Premio Francisco J. Múgica en 1986.
Guion de enlace para El Hombre de la Mancha
Orfeo y variaciones
Luna de hojalata










SONREÍR COMO TÚ SÓLO LA LLUVIA


Sonreír como tú sólo la lluvia
o las parvadas de la más perfecta hora
entre esta primavera.
Una laguna estremecida sutilmente
por vientos iniciales,
una vertiente de origen solamente imaginado
en el más alto resplandor de una montaña.
El aire filtrado entre los juncos tiernos
o las noches de viento
si se encuentra uno mirando las estrellas.
La espuma primera de las olas últimas.
El giro de la palma datilera
cuando la toca el sol.
Un movimiento aprisa
de la arena en un desierto por más deshabitado
y un guijarro insostenible
que de pronto cayó.
La primera llamarada cuando se parte el rayo.
Una abeja temblando en la frontera
de este mismo cristal.
El árbol que brotó sus hojas.
Las voces enlazadas y el silencio completo.
Sonreír como tú sólo tu risa
para que exista en este mundo maldito
la posibilidad de una canción.








ESTOS PEDAZOS DE LA ÚLTIMA LUNA


Estos pedazos de la última luna
no dejan ver la orilla del camino.
Tampoco dejan ver
la magnitud de la catástrofe.
Será que los secretos, devastados y mustios,
no pudieron fraguar su cometido.
O quizás anteriores escalones
ya nos hubieron puesto sobre el borde
del precipicio donde todos hunden su gemido final.
Pero son fragmentos que no existen
sino por tu mirada,
por tu animosidad hacia ti misma: lo que soy
en esta temporada de tu espejo.
Labra la luna el labrador,
los leñadores talan árboles blancos
y aquellos pescadores silenciosos
hacen brillar peces de lívido mercurio.
Y yo que sólo tuve vasta miel,
leonadas azucenas,
botes de oro increíble y fuego vivo
para uncirte la piel con esta lengua invisible,
soy ahora el desterrado,
el desollado de tu piel y convertido
en un río sin mar dónde fundir su cauce extraviado
o su torrente universal.
Abriré cotidianas amapolas al oriente,
las lámparas votivas de cada atardecer
seguirán indagando la luz de tu nombre y por tus ojos
habrán otras canciones y los trazos
de figuras o imágenes.
Tal vez un día en que tus labios se maduren
se recompongan las estrellas en sus constelaciones álgidas
y pueda entonces descansar en tu regazo
como el que vence una batalla
o como aquél que regresa de un viaje demasiado largo
sin saber dónde fue.








EN NUESTRO LECHO DE RAÍCES VIVAS


En nuestro lecho de raíces vivas
lumbrean los látigos de lívidos latidos:
somos la forma misma de la tierra,
concentración de llamaradas
a mitad de la frente:
la latitud de un sueño incomparable.
Por eso brotan manantiales del orden natural
retenido en las breves temporadas
en que nos encontramos:
los habitantes de un reino especular,
prisioneros del mundo que formaron.
Siete soles hastían tu corona
de maga sin final,
los lapislázulis profundos vetearon tu veste
al momento de las revelaciones.
No existen marcas en tu espíritu callado
más allá de las huellas digitales del mar
o de la sombra
o de las álgidas señales de mis ojos
al mirar en tu espíritu las huellas
de las manos del mar.
Gobernamos la noche y nuestro sueño
reitera los oleajes del día:
estás de nuevo aquí: línea y espacio
de los orígenes o de la devastación.
Retengo tu talle, aduzco tu argumento.
Igual a los silencios hay un sol
que quisiera apagarse en las orillas
del tiempo sucesivo.






A MI LUZ ALUMBRARÍA TU SOMBRA


A mi luz alumbraría tu sombra,
tu fundamento material, sensible,
corpóreo y mortal, irracional, anverso.
Toda la flama negra
de encendidos espejos
devastarías tú,
espesa llamarada de piel y movimiento.
El sol mismo,
el altísimo sol derrumbarías
a la forma cerrada de lo oscuro
al besarme los párpados
en un cenit irrefutable.
¿Quién eres en el punto crepitante
de esta cancelación de la altura,
en este mundo semejante a la caverna
del planeta augural,
en este precipicio horizontal de vivir
al alimón los días en la tierra?
¿Revelarás tu nombre último, la clave
de la sustancia críptica,
el método en silencio del beso presentido
al pronunciar en seco el océano de tu nombre?
Así venga la luz en torbellinos,
remolinante despertar formado en cuerpo:
destello y mapa de fulgor: tu mera sombra
de mundo es suficiente
para callarme el universo
en la lengua y en los labios.






RAPSODIA EN BLANCO


Bordado en la blancura de tu pecho
un seguimiento de hojarasca y brillo
confluye hacia tu cuello y se te enreda:


Entintas una página,
dices aquella frase,
desamparas un gesto.


El río de minutos nos persigue
dentro del tono blanco
del estremecimiento.










Aterrados


La humanidad es un bosque
y los árboles
estiran sus ramas
en un mar de viento.
Buscan acariciar las hojas
que en la distancia los rodean.
Lanzan aromas fantásticos,
ramalazos de sombra
que alcancen otro páramo.
Mas se encuentran clavados en sí mismos,
en la tierra mojada
de sus aspiraciones.
Jamás pueden besarse
y se van secando y sus hojas quebradizas
caen como lágrimas.




Detenida entre dos espacios


Te detengo entre dos espacios claros
en un pasaje de la sombra
para cifrarte así
como la luz toca la altura de las palmas
en las habitaciones del verano;
igual que toca el agua
de manantiales invisibles
las piedras por debajo del mundo.
Y tu tienes ceñido el brazalete
donde atisba con sus constelaciones
un destino privado:
signo de quietud muy tempestuosa,
mágica mente
que sabe interrumpir tu viaje entre dos cielos
como interrumpe el alfiler la luz
entre las dos alas de la mariposa
conservada en la memoria de estos labios.




Palabras de la duda


Tenía presagiadas para ti
palabras de la duda,
raíces de un árbol sin sentido
o piedras arrojadas por un tiempo negro.
Pero ayer que vi tus ojos
todo estaba en las fronteras del fuego:
armas de claridad tan específica
como lo son para los gamos la pezuña,
el carey para el quelonio mesurado,
la luz para los tigres
o la sensación de no dudar
cuando tus ojos me buscan en la luna.
Ahora tengo para ti palabras ciertas,
la raíz absoluta del árbol del sentido
y piedras alisadas por el paso del río de la vida
sobre de un tiempo transparente.