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martes, 10 de enero de 2012

5776.- JUAN CARLOS FLORES


Juan Carlos Flores: Nació el 29 de octubre de 1962 en la Ciudad de La Habana. Poeta primero, de formación autodidacta.
Fundador de OMNI-ZONAFRANCA. Tiene publicados, "Los pájaros escritos" (Premio Uneac y de la Crítica, 1990), “Distintos modos de cavar un túnel”.






Idea de la poesía


Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.
Convertida en cuerpo, en espejo,
es dos un hombre que se mira.
Convertida en árbol,
han de luchar la serpiente y el pájaro.
Convertida en relámpago, en muelle,
un niño tira de un cordel a la luna,
viene la madre y corta con tijera el cordel.
Si ascendemos la máscara, si descendemos el túnel.
No me encuentro, me busco, estoy ahumado.
La poesía en el duermevela
como el ave de la resurrección
a cada instante nace, se aniquila.
La palabra una mitad, el silencio la otra.
El poeta en una orilla, el escucha en la otra.
El poeta es el escucha, el escucha el poeta.
El acto poético es amor
y presupone una fe y una más allá,
sillar, isla que no se alcanza.
Adentrarse en la poesía.
Como se adentra un santo en el nirvana,
como se adentra un cuerpo en otro.
La libertad, timón hacia la poesía,
la poesía, timón hacia la libertad.
Agua y tierra y viento y fuego
es el poeta, es el escucha.
El sueño y la realidad dialogan, se rechazan
se engendran, se aniquilan:
una bocanada de luz, una paletada de tierra.
Intuimos a Dios y comenzamos a morir,
intuimos a la mujer y queremos la inmortalidad.
Me intuyo, luego soy poeta.
Te intuyo es una puerta, un vaso, si lloviera.
Qué cansancio en los ojos de perro,
una herida en el muslo y nos creemos dispuestos
para habitar nuevamente el paraíso.
Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.
El cadáver de un rey flota en el pasto.








Virgilio Piñera


Animal de tiro o de parábola
cargaste todo el peso, en omóplatos lo propio y añadido:
polvo y polen y lo que no se ha reducido en círculos.
Extraño mercader,
tus paños el más exacto, alucinado mapa del país
y un espejo no apto para los cazadores de fantasmas.
Algo ejemplar: aún te vieron sonreír de orilla a orilla
con la malicia de un niño o un ratón ante la adversidad
entregarte al prohibido, devorante amor anfibio
como una dama impúdica, como querías
como que todo al final no es más que una gran broma,
un carcajearse escamando entre las sales.
Oscar Wilde tuvo su estancia gélida, el aislamiento pudo ser la tuya.
A la hora anunciada por los especialistas en posteridad
te convertiste en una isla, isla hundida
en que profundo y olvidado mar oscuro.
Dispersas están las cosas que fueron prometidas,
así en la cita bíblica: debajo de la casa un tesoro, un alimento.
Nos decían que no, que no nos acercáramos
nos mandaban a leer a Pita, a Guillén, a cualquiera de los otros
nos decían que no y tuvimos que escoger, que adelantarnos
a estrella o muro empezar la partida, el naipe de los desorejados,
aunque tuviéramos que introducir toda la escala
en el dormido paladar de los prudentes.
Hombre, mujer, isla o coágulo que anuda el paraíso:
entre líneas andamos buscando, preguntándonos.












Oración por Roberto Friol


Roberto Friol es un poeta muy menor.
Su llama me aseguran, es la de un fósforo.
En una antología de poetas menores (los del 50, en Cuba)
no aparece.
Si alguna presentara su candidatura a esa piñata, el Nobel
lo tomarían por loco.
Si un niño le regalara una flor, como a Casal
lo tomarían por niño, eso en el menor de los casos.
Estoy seguro que en torno a él no revolotean
las muchachas, las noctícolas, las buscadoras de.
En su vejez sin fama ha de estar solo
o lo que es lo mismo ha de estar náufrago cloqueante
y le abrazará la sed, a él, amolador que repartió
cuál mano le alcanzara la copa, la para aciervados labios.
Yo lo he leído en las noches, y en el atardecer cianótico
cuando el país es una gota de sangre en mi mantel.
Su palabra me dijo el resplandor de la estrella de Cristo
que había olvidado y está ahí como él dice
brillando sobre el polvo, matando sobre el polvo,
pedernal o brújula o resaca con que frotarse el pecho.
No soy cristiano, ni burro, ni bueno
pero algo se podrá hacer con esa luz
a la hora de construir una casa.


Alzo sus libros a la altura de un monte, en el estante del alma


y eso es más que suficiente para que Friol
se iguale a Homero, a Dante, a Shakespeare, a Friol.










PEQUEÑO CALIBAN


El patinador de la muerte cruza veloz por la avenida, entre los autos y los transeúntes, al patinador de la muerte o al patinamuer de la dor hoy sólo quiero mirar, ojos de puerco jíbaro, hay un niño que mira, hay un niño cuyo nombre es Rachiel. El patinador de la muerte cruza veloz por la avenida, entre los autos y los transeúntes, al patinador de la muerte o al patinamuer de la dor hoy sólo quiero mirar, ojos de puerco jíbaro, hay un niño que mira, hay un niño cuyo nombre es Rachiel. El patinador de la muerte cruza veloz por la avenida, entre los autos y los transeúntes, al patinador de la muerte o al patinamuer de la dor hoy sólo quiero escribir, ojos de puerco jíbaro, hay un niño que escribe, hay un niño cuyo nombre es ya nadie.








DÓLARES CANADIENSES


Tener o no tener dinero, esa es la cuestión. Por la misma época de Arthur Rimbaud, hubo, en Canadá, un joven inmigrante francés, que dijo llamarse Arthur Rimbaud. Casó con la joven Emily O´Hara, hija de emigrante irlandés y juntos fundaron una granja en Whitehorse, a orillas del gran río Yukon. Hoy, sus descendientes, son prósperos granjeros y ciudadanos comunes y pacíficos.
Ser poeta es una enfermedad y ser francés es otra enfermedad: Rimbaud, al escapar al África, trato de curar de la enfermedad que es ser poeta y de la enfermedad que es ser francés. De la enfermedad que es ser poeta curó y ahí están sus magras cartas a la hermana Isabel, desde el África, de la enfermedad que es ser francés nunca pudo curar y ahí está su retorno a Marsella y su muerte en hospital de Marsella.


Tener o no tener dinero, esa es la cuestión. Por la misma época de Arthur Rimbaud, hubo, en Canadá, un joven inmigrante francés, que dijo llamarse Arthur Rimbaud. Casó con la joven Emily O´Hara, hija de emigrante irlandés y juntos fundaron una granja en Whitehorse, a orillas del gran río Yukon. Hoy, sus descendientes, son prósperos granjeros y ciudadanos comunes y pacíficos.












LA EXCAVADORA EN LA MINA


Los mutilados de las guerras del mundo sienten nostalgia por las partes perdidas, al que perdió las piernas, le faltarán para siempre las piernas, al que perdió los brazos, le faltarán para siempre los brazos, al que perdió los ojos, le faltarán para siempre los ojos, al que perdió los dientes, le faltarán para siempre los dientes, cada cual recordando lo que hacía con su parte de menos, al que perdió las piernas, le faltarán para siempre las piernas, al que perdió los brazos, le faltarán para siempre los brazos, al que perdió los ojos, le faltarán para siempre los ojos, al que perdió los dientes, le faltarán para siempre los dientes, y si juntásemos cada parte perdida, haríamos el inventario de la ausencia del hombre.




Una página de Juan Carlos Flores. (OLPL)