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viernes, 18 de noviembre de 2011

5377.- SARA TEASDALE


Sara Teasdale. San Louis, Missouri, EE.UU. (Nació el 8 agosto 1884 y murió el 29 enero 1933)
Fue una talentosa poeta quien sufría de depresiones recurrentes. En 1918 ganó el premio de poesía de la Universidad de Columbia, que fue el precursor del Premio Pulitzer de poesía. A finales de la década de 1920, las cosas comenzaron a ponerse difíciles para Sara. Se divorció de su esposo y, poco después, vino la Gran Depresión. Agobiada por los problemas económicos, perdió a su mejor amigo, el poeta Vachel Lindsay (quien se suicidó bebiendo sosa cáustica).

En 1933, Sara Teasdale se reunió con Vachel cuando tomó una sobredosis de pastillas para dormir en su apartamento de Nueva York, se preparó un baño caliente y jamás salió de él.





Sola.

Estoy sola: a pesar del amor,
A pesar de lo que tomo y lo que doy,
A pesar de toda tu ternura,
A veces me pesa vivir.

Estoy sola, como si estuviera de pie
Sobre el pico más alto del mundo,
Acompañada por remolinos de nieve,
Y sobre mí: un infinito espacio desplegado;

Con la tierra oculta y cielo escondido,
Y sólo el orgullo de mi propio espíritu
Cuidándome de la paz de aquellos
Que no están solos, habiendo muerto.









Amor Enterrado.

He venido a enterrar el Amor
Debajo de un árbol,
En el bosque negro y alto,
Donde nadie lo pueda ver.

No pondré flores en su cabeza,
Ni una lápida a sus pies,
Pues esos labios que tanto amaba
Fueron amargos, nada.

No volveré al sepulcro,
Pues el bosque es frío.
Reuniré toda la alegría
Que mis manos puedan abarcar.

Estaré todo el día bajo el sol,
Donde los salvajes vientos soplan,
Pero lloraré por las noches,
Cuando no haya nadie para escuchar.








Después del Amor.

Ya no existe la magia,
Nos conocimos como otras personas,
Tus ojos ya no obran milagros,
Tampoco mis besos en tus manos.

Tu has sido el viento y yo el mar,
-¿Esplendores? Nunca más-
He crecido apática como el lago
Que duerme junto a la orilla.

Y aunque el lago esté a salvo de la tormenta,
Y del caprichoso baile de la marea,
Aquello que todos ven en mi como Paz,
Es tan amargo como la oscuridad del mar.







Después de la Muerte.

Ahora, mientras mis labios viven
Sus palabras eternamente deben callar,
¿Pues mi alma habrá de recordar
Su voz cuando esté muerta?

Sin embargo, si mi alma lo recuerda
Tu atención ya no será mía, querido;
Pues ya nunca entenderás el latido
De aquello que no puede oírse.









Habrá estrellas.

Habrá estrellas sobre el lugar por siempre;
Aunque la casa que amamos y la calle que nos encantó se pierdan,
Cada vez que la tierra circula su órbita
En la noche en que se atraviesa el equinoccio de otoño,
Dos estrellas que sabíamos, posadas en el pico de la medianoche
Llegarán a su cenit; profunda será la quietud;
Habrá estrellas sobre el lugar por siempre,
Habrá estrellas por siempre, mientras nosotros dormimos.










Llegarán suaves lluvias.

Llegarán suaves lluvias y el aroma de la tierra,
Y golondrinas dando vueltas con sus débiles sonidos;

Y ranas en los estanques cantarán por la noche,
Y ciruelos silvestres de tembloroso blanco.

Los petirrojos vestirán su fuego emplumado,
Silbando sus caprichos sobre una alambrada.

Y nadie sabrá de la guerra, nadie
Se preocupará al final cuando todo haya concluido.

A nadie le importaría, ni a pájaro ni a árbol,
Si la humanidad pereció completamente;

Y la Primavera misma, cuando despierte al amanecer
Apenas se daría cuenta que nos hemos ido.









No soy Tuya.

No soy tuya, no me pierdo en ti,
Nunca me pierdo, aunque mi alma ansía
Perderme como la llama en el mediodía,
Perderme como la nieve en el mar.

Tú me amas, y aún te veo
Como un espíritu hermoso y brillante,
Sin embargo soy yo quien inconstante
Anhela perderse como una luz en la luz.

Arrójame profundo en mi sentimiento,
Apaga mis sentidos, déjame sorda y ciega,
Arrastrada por la tempestad de tu amor
Soy una hoja en la premura del viento.









Si la muerte es amable.

Si la muerte es amable, y puede que haya un retorno,
volveremos a la tierra alguna noche fragante,
y tomaremos estos caminos para encontrar el mar, y girando
respirar la misma azalea, baja y blanca.

Bajaremos de noche a esas playas resonantes,
y al extenso, delicado trueno del océano,
aqui por una sola hora en la amplia luz de las estrellas
seremos felices, pues los muertos son libres.