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martes, 8 de noviembre de 2011

5285.- LEÓN OCQUETEAUX


León Ocqueteaux (1937-2009)
Nació en Llanuras del Diablo y es abogado por la Universidad Católica de Santiago. En serio: nació en Pillanlelbún (localidad al sur de Lautaro), que significa aquello, en 1937. Según Carlos René Correa, ha declarado ser "católico y aldeano". "Poeta secreto", dicen en un ensayo de "Francachela" Nº12-13. Estuvo residiendo en Ecuador y otros países sudamericanos. Para quien escribe esto, es un hombre de "islas" porque nadie sabe (no se lo hemos preguntado) por qué razón llegó a instalarse por años en Puerto Aguirre, generoso paraíso de mariscos, pescados y lluvia. Ahora vive en Chile Chico, también una forma aislada pero donde es fácil ubicarlo: al lado afuera de su lugar de trabajo hay un letrero que dice: "León Ocqueteaux. Notario. Conservador de Bienes Raíces, Comercio y Minas". No sabemos si cuando escribe un poema, hace anotaciones al margen. Tampoco sabemos por qué siempre escribe y da señales como de un lejano punto del universo. No es amigo de la farándula literaria ni anda solicitando algún lugar en antologías. Simplemente, se ganó un nombre en la literatura chilena.
No es un autor prolífero, sin embargo su poesía llamó la atención desde el primer momento y, por lo tanto, no es extraño que su poema "Cuento de Invierno" haya sido tomado al vuelo por la inigualada revista "Orfeo" (número 17-18, de 1966). Sin embargo, hay una simbiosis extraña entre el poeta de Lautaro, Jorge Teillier, y este otro nacido a ocho kilómetros de distancia, dos años después. Una simbiosis de carácter: han gustado de la conversación entre escritores en torno a una mesa y, en la escritura, tejen el lenguaje coloquial con imágenes originales brillantes ("El día huye en la punta de los campanarios", en Poema en Puerto Aguirre) y apuntes exactos. Los une, además, una suave sensualidad. Teillier, me consta, siempre se refería a Ocqueteaux como a un "rara avis in terris". Nuestro isleño, a su vez, es nostálgico de la presencia viva de Jorge. El 31 de octubre del 2007 nuestra primera visita en Chile Chico fue a esa Notaría. Sigue escribiendo y removiendo sus lecturas y recuerdos. Nos lee apuntes: "Pablo De Rokha, a quien conocí por razones familiares, me encargó libros de León Bloy, con quien, por sus peripecias y dolores, se identificaba." (...) "Para mí el Che Guevara es una especie de Lawrence de Arabia, por su vitalidad." (...) Y agrega: "Estoy escribiendo un pequeño libro que se llama "Jorge Teillier. Ese fiero pulpo de mirada egea." Para Ocqueteaux, después de De Rokha, el más grande poeta chileno es el creador de la poesía lárica. Obra, sólo poesía:

Dos Poemas 1962
Cuerno De Caza 1965
Gorriones De 1943 1968
Manzanas Robadas 1992
Poeta En Puerto Aguirre 1992








Elegía en un jardín

"Estoy enfermo de recuerdos de la infancia".
Sergei Essenin

Era el tiempo en que un ángel me llevaba de la mano.
Era mi abuela llorando una tarde de otoño.
Era el jardín el eterno prisionero de la nieve,
aunque en la aldea raras veces nevaba...
En la vieja casa todo había desaparecido.
Junto a los cercos rotos el tiempo agonizaba.
En el verano por los corredores desiertos
paseaban sus habitantes muertos.
Resucitaban sus viejas canciones, sus letanías y
sus historias de labriegos.
El viento, como una joven sonámbula,
era el mensajero que al atardecer cerraba los postigos.
La lluvia -vieja canosa- en puntillas se asomaba.
Y las tablas en el piso, las arañas trabajando en la tela
del olvido, los clavos torcidos,
era el poema que en medio del polvo se ocultaba.
...
Si observamos en silencio al jardín abandonado,
escucharemos que llora también sin saber por qué,
como la abuela esa tarde de otoño.










Poema en Puerto Aguirre

Al amanecer el poeta despierta
y lee "me alimento de la carne de buey
y del agua de
los torrentes"
Yo no puedo decir así como tú, viejo Walt,
afuera se desperezan los primeros pájaros del mar.
El viento WE sacude la pequeña casa de madera
y se escucha el trepidar de los motores de las lanchas.
Sí. El alba fría. Los últimos ebrios resbalan
sobre las callejuelas de caracoles muertos
y su ruido quebradizo me recuerda
un verso de Blaise
Cendrars.
El viejo Azócar escucha a Joan Báez y maldice
contra el mal tiempo que vendrá.
Por la ventana se ven tres tordos en las ramas
heladas del único ciruelo del puerto.
Y tú piensas en la leyenda de la felicidad.
Tu hijo quiere conocer al abuelo que acaba de morir.
"En la bodega de la vieja casa el morral cuelga vacío.
¿Quién cazará ahora los choroyes y torcazas?
Mi pobre padre ha muerto..."
Acaricio tu cabellera de algas amarillas
y te repito otra vez, unido a ti como el remo al bote.
Dulce como una abeja.
Quieres pintar el mar con el color de las olas.
Una noche de tormenta, hace ya más de veinte años,
Pablo de Rokha estuvo aquí comiendo choros zapato
con don Carlos Alvarado cuando era estafeta de Correos,
y escuchó las historias del pirata Ñancupel.
Algún día visitarás la Cueva de los Siete Esqueletos.
Nunca aprendiste a jugar truco.
Los peces se arquean en el agua
como caballos de mar
o ramas de árboles.
El día huye en la punta de los campanarios.
Puerto Aguirre es un lanchón cargado de congrios y
robalos,
es un caiquén ahumado servido en el boliche
de don Thelmo,
es el olor del ciprés de las Guaitecas recién cortado,
es Bill Barnes, el Aventurero del Aire,
vuelto a leer
treinta años después,
es el licor de murtas preparado
por doña Hilda Gutiérrez,
y es también la Isla Pejerrey, divisada apenas
una mañana de neblina.
Las islas del frente te recuerdan esmeraldas
en donde un Dieciocho estuviste solo en la plaza,
con una botella de vino, y los salmos
de Cardenal en el bolsillo.
En una fotografía apareces con sombrero
y una manta de castilla
junto a la verja destruida del Cementerio Antiguo.
En la pared, un cuero de chingue estacado en cruz,
y un verso escrito con carbón:
"Y la luz vino a pesar de
los puñales...
"Sí, siempre he de ir tomando tu mano,
viejo Walt Whitman.










MENSAJE A LA MUCHACHA DE UNA ALDEA

Aquí, junto al jardín abandonado,
en que corté las primeras rosas para ti,
surges como antaño, montada en tu caballo:
jugando con los perros, haciéndome señas desde el puente.
Entonces, es grato recordar,
como perseguíamos luciérnagas,
o nos tendíamos juntos al borde de las tardes soñadas.
Ah! Pero cuánta sombra nos persigue desde entonces...
Los días antiguos del verano, se detienen contemplándonos;
mientras a lo lejos el río susurra su canción de siempre,
y por el mismo camino regresan al pueblo las carretas.
Hoy es domingo. El cielo está muy azul.
Yo recorro los mismos senderos llamándote de colina a colina.
Pero el olvido, es una vieja bruja que te oculta;
y sólo el viento recoge mis palabras vacías para siempre.
A veces, te diviso bajo los castaños,
leyendo tus viejas revistas, y hojeando mis cuadernos de estudiante,
y es entonces cuando despiertan tus palabras olvidadas.
"Es para soñar", decíamos esa tarde
en que balaban las ovejas junto a los corrales.
Pero ahora tú estás lejos, o has partido. Y yo estoy triste,
volcando en mis pupilas un poco de regreso.
Pero es inútil. Y sólo malezas crecen junto al jardín abandonado
en que una tarde cogí flores para ti.
Y tú ya no estás. Y todo es cierto,
como que ahora te escribo tendido sobre el pasto, llorando..