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lunes, 7 de noviembre de 2011

5268.- FRANCISCO LEAL


Francisco Leal
Nació en Santiago de Chile en 1977.
Licenciado en Letras en la Pontificia Universidad Católica de Chile (2000) y Master y Doctor en Literatura Hispanoamérica (2007) por la Washington University in Saint Louis (U.S.A.).
Es editor de la revista Vértebra y fue co-editor de la antología de poesía Genetrix (1999).
Ha publicado Vecindario (Santiago,2003), Insectos (Montevideo, 2005) y Naturalismo (Santiago, 2006).
Ha sido profesor visitante de la Universidad de Missouri, Columbia, y es profesor adjunto de Colorado State University.
Sus intereses académicos incluyen la poesía contmporánea, literatura postdictatorial y crítica, movimientos sociales y arte, y teoría postmarxista. Su disertación se centra en cómo la crítica literaria resalta la comprensión de las relaciones entre la estética y la política, examinando la critica postdictatorial y la ficción, así como la poesía, el cine y las novelas.
(Para más información sobre sus trabajos literios: http://www.letras.s5.com/archivoleal.htm)




ÁRBOLES
Desconoce en Saint Louisel nombre de los árbolescomo si fuera un tácito e inmóvil olvido de su entorno.En español, años atrás,se desvelaba cada abrilpronunciando el Abedul;el acento del Álamole partía en tres la pupila;amarraría nuevamente a su hijaa la sangre del Cirueloo recobraría el sueñolamiendo un Nogal;desataría la soga de su closet por la sugerencia de la Higuera;olvidaría el desparramo de cráneo que vioa los pies de una Acacia por enunciar este agosto las esporasdel Aromo.Sólo sabe que en inglés árbol es Tree.Lo confunde con el número tres.Hace tres meses se suicidó su esposatras matar a su hija.Hortensia, se llamaba.




Mosca
En sus pesadillas de niñoveía cómo brumosos pescadoressacaban desde el fondo del marun pálido cuerpo carcomidopor la sal y los peces.Para identificarlo o darle un nombre al dolorremovían con cuidado las algas de su rostroy al tocarle sus párpadosse abrían emergiendo incesantes moscas con olor a sombrazumbando hacia la noche.
(de INSECTARIO)







Avispa
En una tranquila tarde de primaverade la manocompra verduras y arrozen el supermercado de la esquinay mientras paga con su sonrisa............................ un grito detiene la mano de la cajeray de su estómago, rasgando la camisaen un parto demasiado imprevistouna avispa con alas amarillas emerge volando hacia la noche.
(de INSECTARIO)





CITÓFONO

El pasillo es una rueda,
rueda el aire es un reloj;
nació triste, teje un ciego
grillos muertos en el sol.






CASA

Abrir la puerta despacio
pensando una culpa que cae,
despacio.
Los zapatos son recuerdos, espuma
de viento en otros días.
Desde el baño
se escucha escurrir las gotas
de una película antigua,
el agua abierta: Esperar.

Dos mensajes en el teléfono.
“El olvido es un tajo
en cada ojo. Te sueño”

Message erased.
“Tengo un olvido
de niños jugando
con muertas mariposas”

Message saved.

La lámpara es la sombra
del tiempo entre las sillas.
Se congelan los dientes de la madre
en la nevera.
El lugar es de cera,
se derrite
el tiempo en el velador.
La hermana sin su cuerpo
baila,
deja pétalos.
(sombra de abejas)

Siente pasos. Alguien
camina, padres con sus pestañas muriendo.
Cruje el piso, tiembla: cadáveres.

“Dime cosas bonitas
antes de dormir”
Riega sus plantas,
las pone al sol. Se
pudren.
“¿Cómo mueren
las mariposas, volando?”

Busca algo que comer.
No tiene hambre.
En la nevera,
los dientes de la madre, el sexo
congelado de amadas con sus tajos, insectos
en la cara del vecino.
El cuchillo está sucio.
No quiere lavar.
Piensa en un libro que le recuerda
los años en que curioso
metía la mano en el barro
para buscar caracoles:

“Y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas
como un collar de palpitantes ostras sexuales
rodean mi residencia solitaria”

Si fuéramos felices no fumaríamos.

El televisor y la radio encendidos
al mismo tiempo, solitarios
(un lápiz en la lluvia),
emiten un ruido de abejas
perdidas en el mar o
de objetos que caen
en los sueños.

Una mosca se posa en el cenicero
frotándose minúscula las patas;
al frente suyo,
una gota
y en la pálida transparencia
del ojo de un muerto
se mira
escribiendo…

(Cadáveres, sus cadáveres;
perdidos padres ya, la luna,
espesas tardes tranquilas
en su polvo, rotas
madres y sus niños,
noches de esperma inaguantable, cadáveres
los jueves, el pelo
blanco cada vez, axilas
de lentos pescadores, rodillas
martes, marejadas, pesadillas
de un niño solo, cadáveres
abril desde sus mares, moscas
como puertas como libros, relojes
como espaldas como espuma,
sombras llenas de doctores, despedidas
de tajos como olvidos, cadáveres
salir con sus cadáveres, dormir,
la boca abierta, el aliento
de un enfermo con su anís, cerrar
la puerta, abrir el agua, buscar
un lápiz, en una gota:
cadáveres morir.)

Pero hay espejos todavía,
y aunque polillas secas en los bordes,
pesadillas de pájaros en el baño,
otoños entre piernas que caminan,
hay espejos y sangre todavía.

El humo del cigarro desaparece
como un olvido en la noche.
Una mujer sueña con mariposas.
No contesta el teléfono.
Sangran pétalos en su almohada.









RADIO

Es junio una vela confundida,
el quejido inmóvil de las hojas
que suben por los ríos, por espaldas
cada vez más lentas
y descansa
una enredadera perdida en el pecho.
Es junio
con su ropa enorme
el sonido de un pájaro que muere,
la ronca piel que se posa
por la tarde cuando llueve
con una túnicas de rencores
y anochece. Entonces
una pregunta trepa por los gatos
envuelta de azul, de noche
bajo el néctar de un farol.
Su abuelo murió en junio
bajando la escalera;
su mirada se confunde
entre palomas y yo
era triste, un columpio
que se estira.








TELEVISIÓN

Siéntate a mi junto,
voy te cuento
que dos partes tiene el hombre
en este vino.

Era el beso de una gota en la camisa,
como un bosque en plena vela,
hoy campanas.
Estar fue sólo un labio, o dos
contra la luna...
Sol risa esta mañana era un tambor,
Francisco, el cascabel
canta un remero,
bailarín, arrastra lunas
aunque no estés.
Mas el amigo, un disparo
y echó a andar;
su sombra como un hueco
va y la tierra
se nos junta en la pupila
y es verdad,
eso dicen,
del dolor como una punta,
el amigo que era ayer y ya no está.

Siéntate a mi junto,
voy te cuento,
que hoy la tarde
mayo, amigo,
va y se acaba
con su aire mi respiro.









LIVING

Pero ya es muy tarde y sólo encuentra
un lugar de ventanas imprecisas
—Cicatrices, me acuerdo—
y la distancia de unos ojos campesinos
que bajando dejan sentir
el azufre engañoso de otros sitios;
una tarde de ventanas donde
palpamos el preciso temblor
del pasto recién cortado.
Verano.

—Aroma de tiempo, le dices—

La abuela en su tristeza meciéndose
en un ruido de abejas
disipa la tarde con un monótono,
monótono, monótono tejido
de secas antigüedades.

—Tu madre dormía
con una abeja en la mano.
Parecía flor—.

Todo sabemos del dolor de las velas,
que la distancia es campesina
cuando en el teléfono una voz
cualquiera es la del tío que murió
buscando mariposas
(o su sombra, qué más da)
bajo el mar y extraviados campesinos
lo encontraron boca abajo, cicatrices
de algas pudriéndose en sus huesos
y la mano de una tarde cierra
la última ventana
arrojando su alma al vacío
en un puñado de azufre.

—Tenía las cejas arqueadas
como mariposas, dijeron.—

—El corazón es de mar.
Mi hermana le habla a la luna—

Campesina es la tristeza de una tarde
en que esperamos, densos
un lento transcurrir de ventanas
como azufres y el padre, impenetrable
entre palomas,
se enreda delicioso en su vino,
y el aliento
(azufre de otros tiempos)
sube como abeja hacia la cicatriz
de estar sentando y el niño
rodeado de ventanas se suelta de la mano
para recoger, un poco
más allá
la mariposa muerta de sus días.
Pero esa es otra historia.

—Tu abuelo le hablaba
a las uvas: son ojos
de muertos, pensaba—.

Las violetas se cansan, todos saben
y es tarde y la ventana
ya no sufre, desaparece
en una negra muralla,
espejos de mundos hacia este lugar.
El niño se soltó de la mano, se mira
lejano, sospechoso. La ventana de noche
es el espejo del alma.
Ya no sufre, llora.
Baja la vista para buscar su sombra.
Quiere dormir rodeado de palomas.
Sabe que las cicatrices son el alma,
secas madres como collares de abejas.
Su cama está llena de uvas. Quiere
mear.








BAÑO

Pesadillas de pájaros en el baño,
violetas perdiéndose en el mar,
golpes de árboles es la tristeza, el sonido
del agua como pájaros
contra gritos.
El agua abierta, los amantes.

Pesadillas de gritos son los baños,
y cerca, un hospital.
Un paciente se suicida
mordiendo un espejo.
Voy y…
le dijo a la enfermera,
a la sombra de su amante
abierta como puertas:
amantes como gritos.

Abierto el baño,
(Estampas de flores en sus muros,
sangre, dibujos
entre sombras: Dónde están?)
abiertos aún sus párpados,
su boca,
su garganta abierta
como mares;
amantes como tajos,
los espejos; trozos
en sus manos, en su sombra:
trozos de sombras en sus gritos.

(Los muertos tienen pesadillas)

Suicidios de amantes con espejos,
gritos de flores en el baño.
El agua abierta:
un rostro cae entre las gotas, se pierde
como un grito en los árboles.
Cae mi rostro como amantes.









DUCHA

… y a veces pesadillas
con hojas de afeitar,
carcajadas de amigos muertos,
uñas derritiéndose
en la pasta de diente,
restos secos de jabón
y uno que otro objeto
que sin sonido
cae.











VENTANA

Es tiempo de prender
las velas que me olviden;
velas de impares cicatrices,
de risueñas madres apagándose
en la lluvia…
y en este enero transcurrir
soltar el nombre en ondulante
espejo,
gritar un descanso de violetas
como muertos
y sus muertos
deshagan el nudo
de mi sueño.
Es tiempo de subir
vecinamente la escalera,
terminar la copa del abuelo
con denso paladar de palomas
y abrir
(aunque sea triste,
muy triste)
la ventana de estos días
y poner las flores
que me olviden.


(“Posiblemente de otro modo aún menos
melancólico")






DORMITORIO

Un cuarto para las seis.
Cuatro cigarros le quedan
y lo sabe,
como lo saben los pájaros,
las uvas y
a veces tiernos sueños.

Se sienta en su cama.
Su cama es azul,
Azul como el libro de Darío,
y de ahí
(tal vez)
el ronco ruedo de piedras,
vómitos,
aceites llenos de ojos,
perfumadas vaginas: el mordisco
más vegetal,
prohibidas botellas abiertas como tíos,
ciudades desde su balcón,
elementos que desde el odio
lo alcanzan vertical
y a veces tiernos sueños.

Dos para las nueve.
Dos cigarros le quedan
y sabe
que desde la cama
escribe pesadillas de pájaros,
párpados que desde Valparaiso
tocan lo húmedo de su terror
y se cierran enteramente
cerca del aroma de amigos muertos
que gritan o ríen completamente rojos,
pero su cama es azul
y lenta, lentamente
se llena de pájaros,
de uvas abiertas como miedos
y piensa en el lápiz del tío
antes del suicidio,
en su madre depilándose
toda aquella tarde
mientras en la teleserie
lloraban una muerte de pájaros
y ella gritaba
despavorida,
y maduras uvas lo rodean
con su pulpa
en el miedo azul de su cama,
y a veces tiernos sueños.

Un minuto para las doce.
Un cigarro le queda y sabe
que el último humo es
un ciprés lleno de pájaros
o un párpado vacío,
y uvas fermentadas en su aliento
alcanzan la arcada materna de su paladar.
(Todo en su tío eran recuerdos
de cipreses.
Todo en su madre eran uvas llenas de pelos
que en sorpresa infantil las comía
debajo de su cama).

El último humo es una arcada
(de ahí tal vez Darío)
que desde la fractura
asoman,
entre cráneos de tíos contra la ciudad,
la uva más reciente de su miedo:
ella desnuda
y a veces tiernos sueños.












TELEVISIÓN (2)

Está lloviendo, Margarita.
En la casa ya se fueron
a dormir, a ponerse
un olivo sueño en las mejillas.

Las ramas se topan con la noche
como el dedo frío
de la mujer ahí tendida.

María
sonrió una historia de amapolas
que dolían sin embargo,
de niñas sin cesar,
pero la muerte
son cristales,
ventanas que cruzan el vacío
como un ojo apretado, un bisturí.

Es verdad
María?
que la muerte abre un higo
suave en cada rostro,
que es el sueño lo que duele
cuando el aire se anochece
como un cuerpo lento,
lento.

Está lloviendo, Margarita.
En la casa ya se fueron
a dormir, a ponerse
un olivo sueño en las mejillas…
y en este cuento,
soltar un bosque prendido
de campanas, de uvas
que saltan ligeras
desde el sueño,
y decirle al nuevo día: está lloviendo
Margarita.











BALCÓN

Apenas,
sobre una mecedora llena de tardes
y el verde reverbero de un lápiz dejado al sol.

Algunos ojos se cierran tras lo suyos.
Desvelos de María Fernanda son sus tardes
en que mecedoras aspirinas lo sitúan
entre diabetes y ventanas.

El vapor de un café recién…
Apuntes en los bordes de un libro,
en sus manos
(balcó )
Lee ...Les Fleurs du Mal
—Las Flores del Mal
(son más tristes en español,
y su español apenas, cansado
se desvela en el vapor de su café como apuntes
de tardes, María)

El balcón es la esperanza de flores
como tardes, porque abajo
esas zanjas son gritos
que mecen insectos cadáveres
de ciudades que se van.

Un vecino al frente llora despavorido
en el teléfono.
Es triste llorar en inglés.
María Fernanda se desvela
y en sus ojos está la angustia
de todos los que se fueron a dormir
porque siente también
los pares impulsos del aire
que entra y sale,
entra y sale
en decimonónicos suspiros
de la boca del vecino
que en sonámbulo esplendor
se inventó el amor entre sus manos
y su semen son las lágrimas
de todas las tardes de este mundo.

(Cuentan que hace un siglo todos reían como abejas)

Apenas. Cansado,
como aspirinas tardes
entre insectos y hospitales
va meciendo en su café
los desvelados vapores de tardes
como apuntes en su balcón. Desvelos
de ventanas que cambian lúgubremente de colores
en rostros diabéticamente azules frente a una pantalla:
Vecinos con ventiladores llorando
la angustia de Cronenberg.
María Fernanda desvelada con Hitchcock
Las flores del mal en su balcón.

Y en ese apenas cansancio de tardes
como vapores,
entre aspirinas y café,
preguntarse si alguien puede,
hablando por teléfono o planchando
morir de pena, de tristezas caídas
al lado de un intruso.
(El escupo de un diabético en la acera).
Preguntarse con envidia entre ventanas
por todos los pájaros que ha visto
(o soñado)
o las de suspiros que ha mordido
cuando lavándose el pelo
suena repentino su teléfono,
o la de gargantas que aparecen
cuando se siente
con apenas incumbencia
cómo al frente desarman la cama
de un solitario desvelo.
Y entonces,
igual que un anónimo cigarro apagándose en su humo,
o la aspirina en su café, lánguidos
hombres con bufandas,
vecinas que lloran pintándose las uñas
o azules (al final del día)
sonríen oliendo sus calzones,
Marías desveladas entre ciudades
o repentinamente nada o nadie
o autos que se cruzan
con en el tabaco recuerdo de piernas
de vecinas
que llorando tienden la ropa
entre películas y Baudelaire
y el verde reverbero de un lápiz dejado al sol.







SEMÁFORO (2)

Pasa un auto en la noche.
Entre montes las llanas gentes se frotan
en un áspero secreto y asoma
el celeste borde
de la luz