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miércoles, 19 de octubre de 2011

5164.- TETSUO NAKAGAMI


Tetsuo Nakagami [Osaka, Japón 1939], economista de la Universidad de Tokio, su poesía es un homenaje a la Generación
Beat norteamericana, muchos de cuyos autores ha traducido
al japonés. Ha recibido premios como Jun Takami o Yutaka
Maruyama. Algunos de sus libros son ¿Por qué el cabello de las
bellas suecas cambia de rubio a verde? y La noche del día en que
murió Elvis.

Traducciones de Ryukichi Terao.





Hermano mayor

Mi hermano era alto y guapo,
estrella del baloncesto,
rodeado de chicas.
Claro, era un galán.
Íbamos a diversas escuelas
(él a Shibuya, yo en Kokubunji),
y aun cuando no estuvimos mucho juntos
me enseñó el nombre de los cocteles,
como hacer un nudo a la corbata,
como empeñar un objeto,
hablar a una chica,
varios bares y cafeterías de Shibuya y Shinjuku.
Cada mes me dejaba Men´s Club.
Todo iba bien hasta el día
que despilfarrando el dinero
empezó a empeñar mis cosas
y perdió mi reloj de pulso.
A la casa de préstamos llevaba el traje colgando del perchero.
Mamá se quejaba diciéndole que arruinaba su vida,
con tan mala fortuna que acertó:
a raíz de un fallido suicidio de una de sus admiradoras
dejó la universidad y el baloncesto.
Cuando decidió irse de casa grité de júbilo.
Una vez me dijeron que vive en un pueblo lejano
cerca a un puerto y que lleva una vida de juicio.
Muerto o vivo, mi hermano es una espina
clavada en mis dedos.

[Versión de HAT a partir de una traducción de Ryukichi Terao]









En la cama del amanecer

En las mañanas
a veces, me doy cuenta,
que tengo mojada la pijama.
A juzgar por la tensión de mis músculos
he debido caminar sobre el agua
con pasos inseguros.
Algo pegajoso hay en mi rostro
y cuando acerco las manos a mi nariz
siento un olor a pescado,
he debido haber agarrado algún animal.
La cara ardiendo y la garganta seca
son resultado de una fuerte insolación.
Cuando trato de ver con claridad
me duelen los ojos,
quizás porque he tratado de mirar fijamente
algo en movimiento.
Yo mismo me veo inmóvil,
como si estuviese envuelto en una sábana
y cuando quiero moverme,
suenan mis músculos, mis brazos.
Quizás haya hecho un esfuerzo inapropiado.
Sin embargo,
recordando el agua que corre en el rio
y los susurros de las hojas de los arboles
me siento bien,
así tenga mojada la pijama como un trapo de cocina.

[Versión de HAT a partir de una traducción de Ryukichi Terao]









Para el visitante de la madrugada

A la hora en que trata de acostarse, cansado de escribir poemas, se le acercan en línea recta unos pasos, triturando hojas
secas. Vienen hacia la casa del hombre. Desde muy lejos.
Alguien mete la cabeza por la ventana del estudio para leer
los manuscritos, todavía no terminados, que están sobre el escritorio. Con entusiasmo. Sólo para eso viene él desde muy
lejos. Noche tras noche. Y se va al terminar de leerlos. Hacia
el fondo del bosque.
Cada vez que escribe un poema, el hombre se siente afligido,
pensando que nadie lo leerá por más que escriba. Pero ahora,
él recuerda con felicidad que sí tiene un lector: el único lector,
cabezón, del mundo.
Esta mañana, el hombre se quedó dormido encima de los
manuscritos de sus poemas. Por el cansancio del día. Él aguardó con paciencia a que se despertara el hombre. Fuera de la
ventana. Pero se marchó sigilosamente antes de que Venus
desapareciera en el cielo oriental. Hacia el fondo del bosque.
¿Quién es él? El hombre no tiene la menor idea. Nunca lo
ha visto. Sólo percibe su presencia con seguridad, debido a la
mancha en los manuscritos y el fuerte olor de su cuerpo que
siempre deja tras su paso.








El invierno de Iowa

De la ventana cae en diagonal un tenue rayo del invierno sobre la cama. Una niña corre patinando sobre ruedas alrededor
de la cama. Un gato pequeño de Sabatra se esconde debajo de
la cama para escapar a la persecución de la hija de la dueña. Mi
esposa y yo permanecemos juntos, desnudos sobre la cama, mirando todo esto con una sonrisa. Un adorno de navidad en la
pared. Y el dibujo de sus padres, colgado con un alfiler, hecho
por nuestra niña.
Mientras arrecia el viento helado del norte, el interior de la
casa se mantiene tan cálido como un día primaveral. En nuestra habitación, ubicada en el sótano, la superficie de la tierra
queda justo a nivel de los ojos, y las ventanas se encuentran a la
misma altura. El viento ha acumulado un montículo de hojas
secas en el marco de las ventanas. Las hojas murmuran bajo el
viento. De cuando en cuando una que otra ardilla se asoma a
mirarnos y se va corriendo sobre las hojas secas con ruidos susurrantes. Una manada de estorninos cruza el cielo por encima
del techo.
Un paisaje así de sencillo se hunde bajo la primera nevada
del año que empieza a caer a medianoche, como si se sumergiera al fondo de la memoria.








El bar del caimán

Cuando vayas a Nueva Orleans,
pasa por el Bar del Caimán.

En las afueras del pantano
se ve una lámpara roja solitaria.
Ése es
el Bar del Caimán.
En la noche,
cuando sube la luna en el cielo,
los caimanes
despacio
salen del pantano
y se posan en la percha
para tomar cerveza en silencio.
Luego,
cuando la luna se desplaza hacia el cielo,
con pasos tambaleantes
vuelven al pantano.
Qué caimanes tan pulcros,
son los bebedores más silenciosos del mundo.
Cuando vayas a Nueva Orleans,
pasa por el Bar del Caimán.

Los caimanes posados en la percha
toman cerveza en silencio.








Un día ofrecido como regalo

Como dejé el equipo de pesca en casa,
regresé por el camino del rio
y los pantalones se llenaron de cadillos.
Luego, en una hondonada donde había remolinos
escuché murmullos de insectos y discursos de pájaros.


Un par de ojos se sobrecogieron
ante el color violeta de las flores de arrurruz
y el plata de las espigas.
Cuando me puse en marcha,
voló una comadreja de mis pies,
y atravesó el vado un faisán.
No es cierto:
voló un faisán de mis pies
y atravesó el vado una comadreja.
Vi a lo lejos unos niños que lanzaban
y recogían
sucesivamente
los señuelos del estanque.
En el cielo planea despacio un milano,
y me quedé viéndolo hasta cuando
me dolió el cuello.
Pronto un hombre gritaría
al encontrar un nido de ruiseñor
entre las cañas.



ARQUITRAVE Nº46
http://www.arquitrave.com/archivo_revista/Arquitrave46.pdf