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domingo, 16 de octubre de 2011

5117.- JAVIER GARCÍA RODRÍGUEZ


Javier García Rodríguez nació en Valladolid en 1965. Doctor en Filología Hispánica, es profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Oviedo. Ha publicado los libros de poemas Los mapas falsos (1996), Estaciones (2007) y Qué ves en la noche (2010), así como la inclasificable narración Mutatis mutandis (2009), los relatos de Barra americana y una selección de sus colaboraciones periodísticas con el título de Líneas de alta tensión: literatura crónica que viene a cuento (2009).





PASTORAL AMERICANA (Hamburger Dream)

En el South Side de Chicago, mientras un griego impasible trata de convencerme de que durmamos en un motel de putas que se llama Pink Palace.

En el barrio muy pijo de Beacon Hill (en Boston), donde compro con ella un paraguas blanco y negro, blanco y negro, blanco y negro, pero no puedo jugar a las damas.

En un callejón vacío y oscuro de San Francisco, mientras un policía lleno de costras me pide los papeles del coche sin quitarse las gafas de sol y yo suplico por una llamada del capitán Furillo.

En una esquina cercana al Art Institute de Minneapolis, después de compartir con A. un Miró y un beso furtivo/cautivo bajo la atenta mirada de la vigilante.

En el mall de Des Moines, junto a gordos de postal, barbis permanentadas y sonrientes dependientes (la rima es accesoria) con manchas de mostaza en sus ácidas corbatas de trabajo.

En el estadio de los Chicago Bulls, destellados a dentelladas por el oro encadenado de un pandillero que nada sabe de la globalización y sus valores más allá de su barrio hecho pedazos.

Y ahora más que nunca, otro sobre de ketchup y a otra cosa.

poema publicado en Qué ves en la noche (2010)







«Teoría tramática (Aracne)»

El signo dice apenas lo que la mano calla.

El lenguaje se aboca. Sea boca el lenguaje.

La escritura ya fluye en un pincel de letras
ajena a la distancia que media entre las artes
—según dicen algunos—.

Emerge entre los trazos la certeza del nunca.

La verdad vive oculta, la materia la muestra
negándose a ser una, jugando a ser su doble.

El verbo es una trama que la araña desteje.

Ya solo somos eco de un arañado signo.








«Examen de conciencia»

No has perdido la tarde si al final
uno de ellos, una muchacha rubia
de cara angelical y corrector
de dientes a quien la blusa —y su madre—
le oprimen los instintos,
alza su voz entre el murmullo
y digna, muy digna, como si todo
fuese así de sencillo,
te dice dulcemente:
Si no he entendido mal, señor García,
la situación es esta: el poema
no nos salva pero nos entretiene.

De Estaciones (KRK, 2007).







Son lugares de paso y mal iluminados.
Nos movemos por ellas con la prisa del casi,
la rapidez del nunca, la alacridad del menos.
A veces deambulamos y no nos damos cuenta
de que los pocos pasos entretienen la espera
parecen devolvernos el punto de partida:
una puerta que se abre y se cierra ante los ojos,
viajeros con maletas, horarios con rutinas
un viejo sucio y triste que lee un libro usado,
bancos donde se sientan los que esperan su turno
o ven pasar el tiempo los que han llegado tarde.
De transitar por ellas nadie regresa intacto.
Al final, malheridos, el hogar nos acoge
mascullado entre dientes: verano, primavera,
otoño, invierno. Ya lo dije, las estaciones
son lugares de paso y mal iluminados.

(Estaciones)








Memoria.

Por entonces,
el mundo se extendía
no más allá del muro
que cerraba la calle.
La tapia, le decíamos,
con el nombre cercano
que damos a lo nuestro.
La tiraron un día
para hacer nuevos pisos
de ascensor y garaje.
Detrás no había más mundo.
Y la ilusión prevista
por un lugar distinto
quedó en sombra y en polvo.
Así la vida toda:
ir derribando muros
que caen sobre la infancia.

(Memoria)