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martes, 11 de octubre de 2011

5091.- DIEGO FERNÁNDEZ SOSA


Diego Fernández Sosa (Guareña, BADAJOZ 1968), estudió Filología Hispánica en Cáceres. Es un poeta que trabaja despacio, o, al menos, publica muy poco; la búsqueda de la palabra exacta y la profunda reflexión sobre la creación poética le llevan a largos años de silencio.

Estilísticamente está en la línea de J. A. Valente o Brines. Su poesíareflexiona sobre la palabra y la posición del poeta.

Pertenece el poeta a una nueva generación de escritores que huyen delencasillamiento, que se sienten libres a la hora de la composición. Soneclécticos y sus poemas tienen un aire de novedad, fruto de un nuevaconcepción de la poesía y probablemente una nueva visión de la realidad;se trata de autores como J.Mª. Cumbreño, J. A. Llera, etc.


La poesía de Diego Fernández Sosa tiene un importante componentemetaliterario; es decir, tiene como tema principal la propia labor decreación poética. Y la vida es el otro pilar temático, unido muchas veces:

El verso medra, si tea ausentas, hasta llenar el día. Esta búsqueda de lapalabra exacta, de la pureza expresiva, va unida a una concepción delpoema como algo misterioso, sagrado. El recuerdo y la noche son otrostemas que estructuran no pocos poemas del poeta.

Estación del silencio abre con un poema que anuncia los temas del libro,el recuerdo del verano en septiembre, la luz gastada de la noche, el deseode la palabra “esencial”, como dice el propio poeta. Para llegar a esaesencialidad se despoja de ataduras formales como la métrica, que enocasiones convierte el verso en prosa poética. Tampoco renuncia a lamétrica clásica, pero saltándose la rima. Lo que el poeta pretende es uncamino hacia adentro, una interiorización buscando la esencialidad de lavida y de la palabra.

La poesía sale de los conflictos interiores, todo poema tiene su origen enuna crisis dice el poeta, a la que el poeta da salida mediante laexpresión. El poema sería entonces una liberación para el propio autor.Ese desasosiego interno y las lecturas acumuladas son el germen de lospoemas. De manera que el poeta llega a decir: se escribe porque se lee. Yse escribe para conversar o contestar a una tradición. Según esto, elpoeta, pues, debe dar un paso más en la pequeña historia de la poesía.Poesía como conocimiento y como indagación, pero sin alardes expresivosinnecesarios.

En sola noche es una obra que continúa lo iniciado en la anterior, lometafísico y lo existencial como centro del poema, la noche atravesandotodo el poemario, y en ese espacio, en la noche, es donde habita eldesasosiego y la consolación. El primer poema, Un hombre cruza el mundosupone, como el primer poema del libro anterior, un programa y un resumende todas su poesía: al final de la tarde, entre celajes, un hombre cruzael mundo con su solo atavío de recuerdos... y una tristeza rompe en susadentros.

Es un poemario en el que la palabra adquiere una intensidad excepcional;los versos se impregnan de una poesía meditativa cercana a lo metafísico,a lo existencial. Todo el poemario lo vertebra un único tema que seramifica en distintas modulaciones, aunque todas convergen en un motivocomún: la noche como espacio del desasosiego y la consolación»Son ocho poemas en los que la noche y el paso del tiempo ofrecen unpanorama desolador del mundo.




Estación del silencio, de Diego Fernández Sosa.


NOCTURNO DEL FAUNO

No te conozco, y nunca supe
tu fervor de una noche, emblema sólo
de una mitología
o una vida profunda y ultrajada
en secretos lugares.

Y sin embargo una pasión me obliga
a escapar más al fondo
y buscarte en la luz
de aquel instante solo,
ya turbio en la memoria o el deseo.

Así mi corazón guarda muy lento
tu rostro escarnecido,
las palabras fugaces de abandono
con que te desprendiste de una más alta dicha
por el amor dictada.

En el umbral del sueño he abrazado a la muerte
para cumplir exacta mi condena:
sin vacilar regreso por las escalas húmedas del tiempo
y constato la sombra, como el abierto hueco
de una ausencia sin nombre que señala
el límite preciso de mi vida.









Te sorprende septiembre
junto al recuerdo frío del verano.
Y es otra claridad la que tu cuerpo ansía.

No encuentras las palabras
que olviden esa luz
gastada por las horas,
y así retorna ensombreciendo
la vastedad del día y su abandono.

Acaso el tiempo, apenas entrevisto,
apague ya las brasas de la fiesta
y a su hueco se vuelvan las voces en la noche.

¿Qué resta por nombrar
en el silencio oculto del cansancio?







En sola noche, de Diego Fernández Sosa.


UN HOMBRE CRUZA EL MUNDO

Queda en la tarde un rastro de pureza.
Va cambiando la luz. Las hogueras de octubre,
sus cenizas, el humo del olvido,
se posan en el alma y la oscurecen.
Mas permanece el hálito del aire,
el sol mientras se oculta en su averno de sombras,
la última vaharada de crepúsculo.
En medio de este otoño sinuoso,
en medio de esta luz que cae del cielo
al final de la tarde, entre celajes,
un hombre cruza el mundo
con su solo atavío de recuerdos.
Mira la luz despacio, el campo, los caminos,
y ve en ellos su vida,
y una tristeza rompe en sus adentros.










NO ES LA TRISTEZA

No es la tristeza la que encubre el mal
que entre recuerdos martillea. Es otra
sensación, no un sentimiento. Será tal vez
la insepulta memoria y sus raíces
que incesantes abaten el presente absoluto.
Miras la noche sola:
un mar que envía sus signos a una playa distante.
¿Y habrás de imaginar que en esos signos
se contiene tu vida, mensajes que algún dios
profirió en el vacío?










RAZÓN DE LA NOCHE

Acaso para nunca más volver
cierras las puertas de la noche y sales
a beber en el aire cuanto resta
de aquel fulgor extremo de las horas
al borde del vacío.

Ni los cuerpos,
ni el amor, ni las palabras te enseñaron
cómo cambiar los signos de la vida.

Y ahora, en la alta madrugada, al fin
descubres el sentido de la noche:
escombros, tránsito, deprecación,
cualquier imaginario devastado
por el tiempo.

Y hacia un altar de música
y de fuego desciendes.
Y la hoguera
lustral de las palabras
-cauterio, quemazón, cenizas, humo-
purifica tu hálito.