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martes, 11 de octubre de 2011

5074.- ANNE FATOSME


ANNE FATOSME

Nacida en Saint Lô, Normandía (Francia), en 1952, Anne Fatosme vive en Madrid desde hace cuarenta años: llegó para asistir a un curso de literatura española en la Complutense, paso previo para inscribirse en la escuela de idiomas de Ginebra, que era su pretensión; pero el amor pudo más que el futuro que se había trazado, y a los 19 años se casó con un español, tuvo cuatro hijos, se dedicó al cuidado de su familia y, al mismo tiempo, a su trabajo profesional como decoradora: el arte es otra de sus pasiones.

Hija de un arquitecto que participó activamente en la resistencia durante la liberación de Francia, por lo que ocupó un cargo honorífico en la prefectura de Saint Lô, su familia se trasladó luego a Caen (capital de la Baja Normandía) y ella estudió en el Lycée de jeunes filles de aquella ciudad, donde recibió, como dice, “una educación liberal... para la época”. Ya en su madurez intelectual, animada por el gusanillo de la escritura que ha llevado siempre dentro (es una gran lectora, y afirma que debe a su madre el amor por la literatura), cursó tres años en la Escuela de Letras de Madrid y más tarde siguió algunas asignaturas en la Escuela Contemporánea de Humanidades.

En 2011 ha publicado su primer libro, “Soliloquio en blanco y negro / Soliloque en noir et blanc” (Editorial Visión Libros, Madrid; con una elegante cubierta ilustrada con una fotografía de Juanjo Fernández), un poemario bilingüe, en español y francés, donde demuestra que ha dejado de ser la promesa que se adivinaba en los relatos –siempre muy poéticos– que iba publicando y publica todavía en su blog (http://annefatosme.com/). Demuestra, sobre todo, que ha superado su timidez inicial, que la encorsetó hasta que se dio cuenta de que la literatura es un excelente recurso para la liberación personal, y ahora saca de dentro incluso lo más íntimo a través de ese “otro yo” a veces tan difícil de descubrir y adiestrar. Así pues, se manifiesta en este libro como una mujer audaz, extravertida, que suelta, para dejarlos volar, sus sentimientos y sensaciones y los hace encajar en una poesía no sólo atractiva, sino con unos valores literarios más que notables.

Albert Lázaro-Tinaut

Nota.- Gracias Albert por tu introducción y a Anne que
ya se siente tan española como nosotros la incluyo como
poeta española (Fernando Sabido)




Poemas del libro “Soliloquio en blanco y negro / Soliloque en noir et blanc”
Traducidos al español por la propia autora


Olvidar el encierro,
el olor a naftalina,
la hipnosis de las agujas.
Dejar de pisotear
el horizonte pelado
de la punta de mis zapatos.
No esconderse más en la oscuridad,
dejar de rozar sus paredes,
no frotarse más a sus larvas.
Dejar de temblar de frío,
arrancar los clavos,
abrir la tapa a puñetazos,
oler la vegetación, y, como ella,
sobrevivir, blindada de indiferencia.




Oublier la réclusion
l’odeur à naftaline
l’hypnose des aiguilles.
Arrêter de piétiner
l’horizon pelé
du bout de mes chaussures.
Ne plus chercher l’obscurité des caves,
ne plus raser leurs murs,
ne plus me frotter aux larves.
Arrêter de trembler de froid,
arracher les clous,
ouvrir le couvercle avec les poings
sentir la nature, et comme elle,
survivre, blindée d’indifférence.









En el seno de mi cuarto oscuro,
te revelo. Naces y te yergues
en el fondo de mi cubeta.
Te ahogas, desapareces,
te retengo con mis brazos,
te araño con mis uñas,
labro tu cuerpo,
siembro en tus surcos
racimos de glóbulos rojos.





Au sein de ma chambre noire
je te développe. Tu renais
dans le fond de mon bac.
Tu te noies, tu disparais,
je te retiens avec mes bras,
je te griffe avec mes ongles
je laboure ton corps,
et sème dans tes sillons
des grappes de globules rouges.







Cuando me quedaba dormida, te tumbabas a mi lado. Acoplabas tu cuerpo al mío, me besabas allí donde nace mi nuca. Tus manos volaban sobre mi piel, brillaban en el sol del atardecer, se sumergían en mí, salpicadas de deseo.

Me devorabas, masticando mis besos, tus manos se multiplicaban, esculpiendo nuevos contornos, aristas desconocidas donde gemía mi ser vaciado de la sangre que hinchaba tus venas.

Aferrada a tu espalda, te pegabas contra el arco de mi cuerpo. Abríamos los ojos… millares de mariposas deslumbradas por la luz aleteaban en el extravío de nuestras miradas.





Lorsque je m’endormais, tu t’étendais à mon côté. Tu ajustais ton corps au mien, tu m’embrassais là ou il nassait ma nuque. Tes mains volaient sur ma peau, brillaient dans le soleil couchant, plongaient en moi, éclaboussantes de désir.

Tu me dévorais en mâchant mes baisers, tes mains se multipliaient, sculptant de nouveaux contours, dans les recoins inconnus où gémissait mon être vidé du sang qui dansait dans tes veines.

Agrippée à ton dos, tu te collais contre l’arc de mon corps. Nous ouvrions les yeux… des milliers de papillons affolés de lumière battaient des ailes dans nos regards éperdus.







Desnuda detrás del cristal,
mi piel se eriza.
Bajo el calor de la ducha,
tus manos me enjabonan,
frotan mi espalda,
se cuelan por los costados,
afloran mis senos,
se deslizan por mis costillas,
descansan sobre mi ombligo,
se afanan sobre mis nalgas,
me agarro al grifo.
Jadeante, me doy la vuelta,
me topo contra el cristal,
el desagüe me aspira.




Nue derrière le verre poli,
ma peau tremble.
Sous la chaleur de la douche,
tes mains me savonnent,
frottent mon dos,
se faufilent sous mes aisselles,
affleurent mes seins,
glissent le long de mes côtes,
s’attardent sur mon nombril,
domptent mes reins,
je m’accroche au robinet,
me retourne, haletante.
Le verre cogne mon front,
le tuyau d’écoulement m´aspire.







Agua, solo quería ser agua,
la lluvia que tu rostro recorría
la gota, que, en la comisura de tu boca
se tambaleaba, se detenía y se perdía,
el charco de agua que mojaba tus zapatos,
la humedad que por tus piernas subía
y en tus poros se colaba,
el río donde pescabas el reflejo
de la mujer perseguida, soñada,
fantasía de tu mente. Ser ella.
Ser la que en su seno
albergaba océanos de paz
donde mecer tu cuerpo
lejos del mundo y de su furia,
del tiempo que obsesiona,
corroe, mata y con su tic tac,
en iceberg ha convertido mi falda,
lazada de hielo a mi muñeca atada,
quemadura azul de tu abandono.



J’aurais aimé être liquide,
être la pluie qui parcourait ton visage
une goutte, qui, à la commissure de tes lèvres
tanguait, s´arrêtait, se perdait,
l’eau du trottoir qui mouillait tes chaussures
l’humidité qui montait à l’assaut de tes jambes
et dans tes pores s’infiltrait,
la rivière où tu pêchais le reflet
de la femme recherchée, rêvée,
fantaisie de ta pensée. M’incarner en elle.
Être celle, qui, dans son sein,
contenait un ocean de paix
où bercer ton corps
loin du monde et de sa furie,
du temps qui obsède,
ronge, tue et avec son tic tac
en iceberg a converti ma jupe,
mon pouls en un noeud de glace,
brûlure bleue de tes veines asséchées.







Una luz negra baña la habitación como si la primavera y el verano hubiesen pasado de largo. Los ladridos de un perro y las gotas de agua retumban sobre el zinc.
Detrás de la ventana, mi vista se golpea contra una pared tuerta donde se refleja mi imagen en blanco y negro.
Surges a mi lado, te abrazo. No siento ni el calor de tu cuerpo ni la lluvia que fluye. La película se atasca. De nosotros, solo quedan puntos pixelados y el zumbido de la nevera mal calzada.
Un perro me lanza sus garrapatas a la cara y me ladra que estoy loca.




Une lumière noire baigne la chambre comme si le printemps et l’été n’existaient plus. Les aboiements d’un chien et les gouttes de pluie s’acharnent sur le zinc.
Derrière la fenêtre ma vue se cogne contre un mur borgne où se reflète mon image en noir et blanc.
Tu surgis à mon côté, je t’enlace. Je ne sens ni la chaleur de ton corps ni la pluie qui ruisselle. Le film se bloque. De nous il ne reste plus que des points détachés et le grésillement du frigidaire bancal.
Le chien me lance ses tiques au visage et me crie que je suis folle.








En el abismo de tu garganta
giro hasta el extravío,
hasta perder el aliento.
Peonza de tu cuerpo,
me enloquece el siroco
¡Qué larga es la espera
cuando el cuerpo se hunde!




Dans l’abîme de ta gorge
je tourne et virevolte
jusqu’à en perdre le souffle.
Girouette de ton corps
le sirocco m’affole.
Comme l’attente est longue,
quand le corps s’enlise !