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sábado, 8 de octubre de 2011

5048.- CORINA DÁVALOS


Corina Dávalos (Quito, Ecuador 1977)
Es ecuatoriana pero su manera de hablar y su entonación revelan algo diferente: su acento español es inconfundible. Corina Dávalos vive desde hace 15 años en España. Su tono, confiesa, no solo se debe a los años que ha vivido en el Viejo Continente, "también es porque se me pegan los acentos muy fácilmente".

En el 2008 fue finalista del premio Adonáis de poesía. En el 2007 obtuvo el primer premio en el Concurso de Poesía organizado por la Universidad de Navarra (Pamplona, España), con su poema Temor, parte del libro ‘Memoria del paraíso' (Siltolá, 2010), su primer poemario.
En el libro, el paraíso del que se hace memoria es aquello por lo que vale la pena vivir en el día a día. Sus poemas indagan en el recuerdo de experiencias intensas, la reflexión y la contemplación de lo cotidiano. Con sus poemas, dice, expresa cosas que la han inquietado durante mucho tiempo."Siempre intento rescatar un paraíso, ya sea por el recuerdo o por la esperanza". ¿Y de qué paraíso habla? "Del paraíso de mi infancia, del que he descubierto con la amistad de otra persona, de lo descubierto en un paisaje determinado y del que espero encontrar".
Su amor por la escritura nació en 1995-1996 cuando viajó a Suiza para hacer un preuniversitario y tuvo la necesidad de comunicarse con su familia a través de cartas. "Estaba impresionada de todo lo que veía que me dediqué todos los fines de semana a escribir contando lo que veía y vivía".

Fue a partir de ahí cuando decidió meterse al "cajón de sastre del periodismo". Dos años después viajó a Navarra para estudiar Periodismo. En su camino se cruzó con la Filosofía por lo que decidió sacar la doble licenciatura, que la obtuvo en el 2005.
Entre estudios y trabajo, Corina necesitó un escape creativo para alivianar la carga y el estrés. Abrió un blog y conoció a poetas andaluces como Rocío Arana y Enrique García Máiquez. "Se armaban auténticas tertulias, como una especie de café tertulia virtual". Poco a poco, Corina entró en el mundo de la poesía. "Siempre he dicho que empecé a escribir poesía por envidia, pues era gente que disfrutaba mucho hablando de poesía mientras yo estaba perdida".

La envidia, explica, era en parte por no poder hacerlo. Para ella, todos pueden disfrutar de la poesía pero no todos son capaces de escribirla. Hace falta una sensibilidad concreta hacia el lenguaje y el mundo. La poesía tiene mucho de aprendizaje, de trabajo. Los poetas, cree, son los que tienen esa sensibilidad ante el mundo y el lenguaje. Tienen una visión del mundo que necesitan expresarla de alguna manera.
Corina buscaba esa manera de expresar, primero en prosa, quizás con el periodismo, y desde un punto de vista más riguroso desde la filosofía. "Pero no terminaba de encajar en ninguno de los dos estilos".

Fue así que escribió un poema (también incluido en el libro) en el blog, con el riesgo de que sus amigos poetas la ‘sepulten'. Sin embargo, el resultado fue otro. "Les gustó. Me dijeron que tenía gracia poética. Me animaron y comencé a escribir más. En el blog se montó una especie de taller de escritura. Estoy profundamente agradecida con ellos".

Con respecto a su libro, Corina cuenta que no fueron poemas escritos para ser un libro unitario, aunque luego haya cierto hilo conductor entre ellos. "Tuve suerte de que mi libro le gustara al editor de Siltolá y me propusiera publicarlo. Cuatro años, gestación lenta". ¿Se siente poeta? "Me cuesta. Que me digan poeta me queda grande. Habrá que ver, este es mi primer libro. Ha tenido buena crítica. Estoy contenta son el resultado".
http://www.revistafamilia.ec/index.php/articulos-de-la-vida-hoy/2645-corina-davalos-poeta-en-tierra-ajena








Soplo de viento.
¡Qué honda reverencia
del trigo verde!






Tarde de lluvia:
con ramas de recuerdos
enciendo el fuego.






Aparece tu sombra:
la habitación
llena de luz.







Tenacidad

Todo el santo día
aporreando las teclas
y el verso que no abre
ni por educación.






Niñez

Recuerdo ahora mi infancia, los días siempre llenos
de abejas y cometas de carrizo,
la luz en estampida de mañana
y el coro discordante de pájaros indianos.

Crecer es distinguir, y fui aprendiendo
de nuevo a ver la vida en la colmena,
los pájaros, sus nombres singulares,
su voz dentro del coro en alboroto.

Cuando te conocí también llegaste
de golpe, con abejas y cometas
y cantos y revuelos y yo tuve
que ser otra vez niña, ir aprendiendo
de nuevo las corrientes, los sonidos
y el hilo interminable que requiere
volar un corazón arrebatado.





DIÁLOGO

No sé que me conmueve más de ti:
lo que sabes de mí por lo que he dicho,
lo que sabes de mí por lo que callo.







Y yo prefiero en cambio aquella esquina
concreta que dibuja mi memoria,
allí donde bien lejos de los flashes
hablaba el corazón sin defenderse.

El banco con astillas de aquel parque,
el sol de un día azul de entre semana,
las hojas primerizas de septiembre
y el rostro que de pronto se sonroja,
pues sabe que no dejo de mirarle.







Cuidado, muerde

Junto a la casa en ruinas,
dormita el perro.