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martes, 27 de septiembre de 2011

5016.- JUAN ANTONIO CORRETJER


Juan Antonio Corretjer Montes (Ciales, Puerto Rico, 3 de marzo de 1908 - Río Piedras, Puerto Rico, 19 de enero de 1985) fue un poeta, periodista, escritor y político puertorriqueño que luchó por la independencia de Puerto Rico.

Desde su infancia el seno de su hogar fue una escuela de amor patrio. Sus canciones de cuna fueron los versos de José Martí y los cánticos épicos alusivos a la gesta de Juan Ríus Rivera, Máximo Gómez y Antonio Maceo en Cuba. De labios de sus familiares escuchó la épica patriótica de la insurrección cialeña cuando el 13 de agosto de 1898 más de seiscientos campesinos declararon a viva voz la independencia de Puerto Rico. En la dirección de ese levantamiento estuvieron involucrados su abuelo Juan Montes Núñez y su tío Ramón Montes. Otros de sus tíos y familiares participaron en diversas tareas organizativas.
Esta formación política explica por qué Juan Antonio Corretjer siendo un niño encabezaba las manifestaciones de jóvenes que daban gritos de ¡Viva Puerto Rico Libre! y ¡Viva la Independencia de Puerto Rico! en las manifestaciones públicas del Partido Unión de Puerto Rico. Desde muy temprano se manifiesta en él su preocupación por los intereses de la Patria.
Siendo apenas un estudiante de escuela elemental se inicia políticamente en la Sociedad Literaria José Gautier Benítez de Ciales. Posteriormente, en octavo grado organizó la primera protesta estudiantil contra las autoridades norteamericanas en su pueblo. Como resultado de esta acción fue expulsado de todas las escuelas del municipio de Ciales. Las autoridades escolares determinaron que sus estudios tenían que realizarse en la población de Vega Baja.
De regreso a Ciales ingresa en la Juventud Nacionalista anteriormente conocida como la Sociedad Literaria José Gautier Benítez. A partir de este momento, desde los 16 años de edad, Corretjer estará sin interrupción en las más difíciles y peligrosas trincheras de la lucha por la independencia de Puerto Rico.
Comienzos en la literatura
Su primer poema lo escribe a la edad de 12 años, y lo identifica como Canto a Ciales . Esta loa a su pueblo es el inicio de una gran obra literaria que se extiende por espacio de sesenta y cinco años. Su más antiguo poema existente es el soneto De otoño que data de 1924. Sus primeros versos publicados se remontan a 1925, en que aparecen en revistas como el Puerto Rico Ilustrado.
En 1926 trabaja afanosamente con los círculos literarios de San Juan. Algunos de ellos ya están influenciados por el marxismo. Por mediación de Vicente Géigel Polanco lee el primer artículo marxista publicado en la prestigiosa revista peruana Boletín Titicaca y a través de Samuel R. Quiñones conseguirá una edición revisada de El capital de Carlos Marx. A partir de 1927 su poesía es una lírica que posee tanto la influencia nacionalista como la marxista en interesante síntesis. En su Canción multitudinaria , de 1928, ya apreciamos su compromiso ideológico con el socialismo.
Incursión en la política
Decepcionado con la actitud conservadora del Partido Nacionalista decide marcharse a Nueva York. Inmediatamente se integra a La Liga Anti-imperialista de las Américas que era un frente de la Tercera Internacional. En esta organización participa destacadamente en las protestas contra la intervención de Estados Unidos en Nicaragua y Haití. Por otro lado, aprovecha su estadía en Nueva York para trabajar con el Frente Sandinista con el propósito de conseguir armas para Sandino y de allegar simpatías y apoyo a la causa de la independencia de Puerto Rico. Esta organización condena enérgicamente la secuela de intervenciones militares norteamericanas en Latinoamérica, especialmente en Nicaragua, y respalda en la clandestinidad a los que luchan contra ellas. El trabajo de Corretjer en dicho frente le ocasiona su primer arresto.
Durante su estadía en Nueva York se mantiene en la trinchera literaria y desde allí se integra a trabajar con el grupo de intelectuales que posteriormente se conocerá como "la Generación del Treinta". Desde la urbe neoyorquina enviará trabajos que publica en la recién creada Revista Índice. En esta revista colabora junto a Antonio S. Pedreira, Vicente Géigel Polanco, Samuel R. Quiñones, A. Collazo Martell y otros destacados escritores. Dicho sea de paso, el primer poema que publica en esta revista, el 13 de agosto de 1929, Regresemos a la montaña , es un profético cántico de guerra a la gran jornada albizuista que se aproxima.
Ese mismo año debido a que su madre estaba gravemente enferma, Corretjer se ve obligado a regresar a Puerto Rico. Poco después, en enero de 1930 también regresa don Pedro Albizu Campos luego de finalizar una exitosa campaña de apoyo a la independencia de Puerto Rico en varios países latinoamericanos. En esos momentos Albizu ha salvado el nacionalismo. Corretjer conoce a Albizu y se une de inmediato a trabajar con el Partido Nacionalista. El Partido lo nombra su Secretario Administrador. Desde ese instante Corretjer participa en todas las luchas heroicas de ese nacionalismo combativo.
En 1932 Juan Antonio Corretjer participa junto a Pedro Albizu Campos en la protesta popular que toma el Capitolio de Puerta de Tierra en la capital, en contra de un proyecto de ley que atentaba contra la dignidad de la bandera nacional puertorriqueña. En la protesta cae el primer héroe de la jornada del treinta, el joven Ángel Manuel Suárez Díaz.
A pesar de la intensa labor política Corretjer publica, ese mismo año, su primer cuaderno de versos titulado Agueybaná que dedica "al Maestro Pedro Albizu Campos con admiración y cariño". En su poema Motín da cuenta de los sucesos del 32. En su poemario Agueybaná ya Corretjer se va proyectando como el poeta épico de Puerto Rico, proyección que queda totalmente plasmada en su famosa Alabanza en la torre de Ciales . Por otro lado va desarrollándose como el poeta de temas afro indígenas y criollos que trasciende la lírica de estampas folklóricas. Es que el verso de Corretjer es un verso vivo que representa la lucha heroica y centenaria de su pueblo tanto en el contexto nacional como en el contexto de la lucha de clases.
En 1933 Corretjer comienza a destruir la tesis del insularismo con cadenas al publicar su poemario "Ulises" que precisamente lo identifica como "versos al mar de un hombre de tierra adentro". Insularismo que también destruye en el plano de la lucha política al convertirse en un embajador de la causa puertorriqueña en las Antillas. Representa al Partido Nacionalista en la República Dominicana y Haití, lugares que visita para continuar el peregrinaje de Albizu. Esta labor de diplomacia revolucionaria la inicia después de acompañar a Albizu en la dirección de las grandes huelgas de los trabajadores de la caña en 1934. Corretjer trabajó en la organización de las grandes huelgas de Canóvanas y Fajardo.
A principios de 1935 viaja a Cuba con el propósito de buscar apoyo hacia la causa de su patria aún irredenta. Durante su estadía en Cuba colaboró con el grupo revolucionario que dirigía Antonio Guiteras contra el régimen de Batista.
Al estallar la huelga general en marzo de 1935 —de carácter antiimperialista— inmediatamente Estados Unidos amenaza con invadir a Cuba. Ante esta situación Corretjer contesta el reto por una estación de radio declarando que el pueblo cubano lo recibiría con las armas en la mano. Esta declaración pública y su participación en la huelga motivaron a los carceleros del imperialismo a encarcelarlo en el famoso Castillo del Príncipe. Fue toda esta experiencia la que le dio la oportunidad de conocer a figuras como Juan Marinello, Pablo de la Torriente Brau y Blas Roca, dirigente del Partido Comunista Cubano. Juan Marinello será compañero de prisión de Corretjer en el Castillo del Príncipe en La Habana en 1935.
En octubre de 1935 la policía colonial de Estados Unidos en Puerto Rico ejecuta lo que históricamente se conoce como La Masacre de Río Piedras. Un día después de los hechos Corretjer es nombrado Secretario General del Partido Nacionalista. En 1936 es encarcelado nuevamente al negarse a entregar, a las autoridades norteamericanas el libro de Actas del Partido Nacionalista. Por este alegado desacato, que para el pueblo era un acto de valentía, vergüenza y honestidad patriótica, es condenado a un año de cárcel.
Nuevamente Corretjer, con estoicismo y patriotismo tiene que enfrentarse a la "justicia del invasor" que ocupa militarmente su Patria. Estando encarcelado en La Princesa se le acusa de "conspirar para derrocar el gobierno de Estados Unidos en Puerto Rico". En este histórico "juicio" un jurado compuesto por puertorriqueños declara a Albizu, Corretjer y sus otros compañeros inocentes. Inmediatamente el gobierno de Estados Unidos, violando sus propios estatutos jurídicos, reúne un segundo jurado donde los norteamericanos superan numéricamente a los puertorriqueños y los declaran culpables. De esta forma el alto liderato del Partido Nacionalista es exiliado en las frías mazmorras de Atlanta.

Encarcelamiento
Además de Albizu y Corretjer serán encarcelados Luis F. Velázquez, Clemente Soto Vélez, Erasmo Velázquez, Pablo Rosado Ortiz, Juan Gallardo y Julio Héctor Velázquez. Serán trasladados a Atlanta el 7 de junio de 1937. Con esta acción el imperialismo quería destruir la unidad de líder, partido y masas.
A pesar de que sus tareas políticas de organización fueron su prioridad Corretjer realiza labores de periodismo revolucionario editando La palabra, órgano oficial del Partido Nacionalista y escribe diversos ensayos y cuentos.
Muchos de los cuentos de esta época fueron recopilados por el profesor Ramón Felipe Medina y editados bajo el título de El cumplido . Entre 1929 al 1937 Corretjer publicó cinco relatos y años después, entre febrero de 1943 y octubre de 1944, publicó cuarenta narraciones en la sección Cuento semanal del periódico Pueblos hispanos . Los cuentos de Corretjer son muy distintos desde el punto de vista de su temática, estructura, desenlace y problemas ideológicos planteados pues rompen con la literatura colonialista de la docilidad tan arraigada en muchos de nuestros narradores.
Juan Antonio Corretjer publica en 1937 sus obras "Amor a Puerto Rico" y "Cántico de Guerra" en los momentos en que se enfrenta al cruel proceso de la cárcel y el exilio. Estará en la prisión de Atlanta desde el 7 de junio de 1937 hasta al 4 de junio de 1942.
Después de su excarcelación el imperialismo yanqui lo mantiene desterrado en Nueva York pues no se le permite cambiar de domicilio ni mucho menos regresar a Puerto Rico.
Periodista y esposo
Entre los años 1942 al 1946 Corretjer trabaja en actividades políticas y literarias en Nueva York y Cuba. A este país viaja antes de regresar a Puerto Rico. En estos años su concepción marxista de la lucha se fortalece, sobre todo después de conocer a su inseparable compañera de lucha Consuelo Lee Tapia. Consuelo y Juan Antonio estarán juntos por espacio de cuarenta años en las mismas trincheras de lucha. En palabras de Consuelo: "Juan es la parte masculina que compone conmigo esta alianza amorosa de dos opuestos".
En 1943 Corretjer inicia y dirige, en Nueva York, la publicación del periódico Pueblos hispanos que se convierte en el órgano más importante de la expresión y lucha de todos los grupos hispanos durante la guerra. Consuelo trabajará como administradora del periódico durante los dos años que se estuvo publicando.
Trabaja arduamente en la creación de una épica sobre la gesta del Grito de Lares que finalmente queda plasmada en su magistral obra sobre "El Leñero" que publica en 1944 con la que obtiene el "Premio de Poesía" del Instituto de Literatura Puertorriqueña. De igual forma realiza un periodismo a favor de las causas del proletariado. En estos momentos lo encontramos colaborando en la revista "Hoy en Cuba", publicación comunista donde también colabora Juan Marinello.
Incursión en el Partido Comunista y continuación de sus intentos revolucionarios
Después de diez largos años de ausencia Juan Antonio Corretjer regresa a su Patria y junto a su compañera Consuelo ingresa en el Partido Comunista. Posteriormente, en marzo de 1948, ambos son expulsados del Partido por impulsar la vía revolucionaria y abogar por la revolución armada. Ese mismo año Juan Antonio y Consuelo participan en la organización de la Escuela Betances donde desarrollan sistemas de alfabetización para el pueblo apoyados por la organización Unión del Pueblo.
Entre los años 1948 a 1952 Juan Antonio Corretjer continúa su labor política y literaria en distintos niveles. Se destaca escribiendo ensayos de carácter político y poemas combativos mientras se mantiene trabajando en la Unión del Pueblo Pro-Constituyente, organización abiertamente antiimperialista. En estos últimos años de la década de 1940 también produce una serie de trabajos en prosa entre los que se destacan: El buen borincano (1945), Lloréns: Juicio histórico (1946), Nuestra bandera (1947), La Revolución de Lares (1947), La lucha por la independencia de Puerto Rico (1949). Este último trabajo ha inspirado a varios historiadores que han investigado algunas de las tesis planteadas por Corretjer en esta obra.
Al estallar la Revolución Nacionalista es arrestado y acusado de incitar al motín. Posteriormente es nuevamente encarcelado y cumple seis meses de prisión. De este proceso son sus obras Los primeros años (1950) y Tierra nativa (1951). En 1950 escribe el cantar épico de Puerto Rico, Alabanza en la torre de Ciales que publica posteriormente en 1953.
Entre los años 1953 a 1960 publica sus obras "Contestación al miedo" (1954), "Don Diego en el Cariño" (1956), "Yerba bruja" (1957) y "Distancias" (1957). A finales de esa década continúa su lucha de carácter antillano al apoyar la revolución contra la dictadura de Batista.
Corretjer, Cuba y la revolución
Corretjer colabora estrechamente con el Movimiento 26 de Julio hasta el triunfo de la Revolución. Viaja a Cuba en 1959 y allí nace su amistad con Ernesto "Che" Guevara.
Desde Cuba parte a Centro y Sur América a buscar apoyo a la causa de independencia de Puerto Rico. Estando en Venezuela participa destacadamente en el Segundo Congreso Pro Libertad y Democracia. Su peregrinaje le permitió iniciar amistad con la intelectualidad más prestigiosa de América Latina, incluyendo a Rómulo Gallegos.
Para esta fecha Corretjer realiza trabajo antiimperialista en América Latina junto a Salvador Allende, de Chile; Ricardo Alarcón, de Cuba; Jovito Villalba y José Herrera Oropeza, de Venezuela; Cheddi Jagan, de Guyana y otros destacados líderes. Por gestiones de Corretjer y un grupo de amigos se logra que varios ex presidentes de países latinoamericanos suscribieran un pronunciamiento público apoyando la independencia de Puerto Rico. Lo firmaron figuras internacionalmente reconocidas como José María Velazco Ibarra, de Ecuador; Wolfgang Larrázabal, de Venezuela; Juan José Arévalo, de Guatemala y Lázaro Cárdenas, de México.
Corretjer en la década de los sesenta
Al regresar a Puerto Rico apoya la creación del Movimiento Pro Independencia (MPI) y en su seno defiende la huelga electoral como arma de lucha política. De esta forma Corretjer mantiene la tradición revolucionaria defendida por Ramón Emeterio Betances y Pedro Albizu Campos. Se retira del MPI tan pronto esta organización decidió en su primera fase que cada uno de sus miembros en forma opcional podía apoyar o no apoyar las elecciones coloniales.
En 1961 Corretjer publica su obra Genio y figura . Desde ese año estará viajando a las Naciones Unidas para participar en las deliberaciones sobre el caso colonial de Puerto Rico. Entre 1961 y 1963 participará como portavoz de Acción Patriótica Unitaria en esta gestión internacional.
En 1962 es arrestado en México porque el presidente Kennedy visitaba la ciudad capital y por tal razón "ningún independentista puertorriqueño podía estar suelto por las calles de México". Después de su excarcelación el gobierno mexicano ordena su deportación.
De regreso a Puerto Rico organiza la Liga Socialista y continúa presidiendo o militando en comités que laboran contra el Servicio Militar Obligatorio, impuesto por Estados Unidos en Puerto Rico, contra la usurpación de las tierras viequenses en poder de la Marina de Guerra Norteamericana, contra la explotación minera y contra el plebiscito colonial efectuado en 1967. En 1963 publica su obra "Futuro sin falla" y en 1966, "Albizu Campos: Hombre histórico" . Un año después publica "Pausa para el amor".
En 1968 es acusado junto a su compañera Consuelo Lee y otros compañeros de la Liga Socialista por conspiración. En 1969 nuevamente son procesados con los mismos cargos. En 1970, tanto Corretjer como doña Consuelo, sufren un atentado contra sus vidas. Después de este atentado son encarcelados en junio de 1971 junto a otros compañeros por los cargos presentados desde el 1969.
Corretjer en los setenta y su continuación en la lucha por la independencia de Puerto Rico
A pesar del largo proceso judicial Corretjer se mantiene trabajando en las luchas políticas y culturales. En 1970 publicó el ensayo histórico "La historia que gritó en Lares" y el poemario "Canciones de Consuelo" que son canciones de protesta. Posteriormente, entre 1972 y 1976 publica las obras de poesía "Construcción del Sur", "Aguinaldo escarlata", "Para que los pueblos canten", entre otros. En 1977 publica su obra "Paso a Venezuela" . En 1978 el Instituto de Cultura Puertorriqueña le publica su primer tomo de Obras completas.
En los últimos años ha publicado varios ensayos entre los que se destacan: "Las banderas de la independencia" (1970), "El líder de la desesperación" (1972), "Semblanza polémica de Pedro Albizu Campos" (1973), "La patria radical" (1975), "Problema de la guerra popular en Puerto Rico" ( 1977), "La patria radical", edición ampliada ( 1978 ), "El voto presidencial" (1980), "Vieques y la lucha por la independencia" (1980), y la obra "Poesía y revolución Tomo I" , "Antología de escritos de Corretjer" , seleccionados por José Ramón Meléndez.
Entre sus conferencias publicadas recientemente se destacan, entre otras: "El sufragio es una mentira" (1976), "De Betances a Lenin" (1977), "Fusilamiento en Maravilla" (1978), "Corretjer en la ONU" (1978), "El espíritu de Lares" (1978), "Asesinato en Tallahasse" (1979) y "Entre rayos y centellas" (1981). Como conferenciante Corretjer ha pronunciado varios cientos de conferencias en la radio, las escuelas, uniones, centros universitarios, centros culturales y en diversas comunidades de latinoamericanos en Estados Unidos donde funda el Movimiento de Liberación Nacional.
Regreso al periodismo
Como periodista Juan Antonio Corretjer, además de ser una de nuestras mejores plumas ha fundado más de una docena de periódicos y revistas. También ha colaborado en diversos periódicos y revistas de circulación nacional. En sus últimos años editó "El Correo de la Quincena" , que es el órgano oficial de la Liga Socialista Puertorriqueña, organización que presidió desde el 2 de enero de 1962. También de esta organización editó el periódico "El socialista" .
Como director de periódicos estuvo al frente de "El boricua", ¡Adelante!, "Prieto y puya", "Bandera", "Pabellón y Pueblos hispanos".
Toda esta obra gigantesca, ardua, consecuente, tiene méritos en sí mismas y méritos que trascienden. Porque Juan Antonio Corretjer ha desarrollado esta lucha titánica con valentía y sacrificio, siempre de pie, cara a cara ante el enemigo. En esta lucha jamás dobló rodilla. Y si tuvo que enfrentarse al hambre, a la represión, a la cárcel, al exilio, a la traición, jamás fue humillado por el imperialismo yanqui.
Muerte
Murió el sábado 19 de enero de 1985 en San Juan, Puerto Rico. Luego de su muerte se popularizo uno de sus poemas llamado "Boricua en la luna" el cual fue interpretado por Roy Brown y Fiel a la Vega.





Oubao-Moin

El río de Corozal, el de la leyenda dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
El río Manatuabón tiene la leyenda dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.

El río Cibuco escribe su nombre con letra dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
En donde hundió la arboleda su raíz en tierra dorada
allí las ramas chorrean sangre. La arboleda está ensangrentada.

Donde dobló la frente india, bien sea tierra o bien sea agua,
bajo el peso de la cadena, entre los hierros de la ergástula, (1)
allí la tierra hiede a sangre, corre el agua ensangrentada.

Donde el negro quebró sus hombros, bien sea tierra o bien sea agua,
y su cuerpo marcó el carimbo y abrió el látigo su espalda,
allí la tierra hiede a sangre, corre el agua ensangrentada. (2)

Donde el blanco pobre sufrió los horrores de la peonada,
el machete del mayoral, la libreta de jornada,
allí la tierra está maldita, corre el agua envenenada. (3)

Gloria a esas manos taínas porque trabajaban.
Gloria a esas manos negras porque trabajaban.
Gloria a esas manos blancas porque trabajaban.
De entre esas manos nos salió la patria.

Gloria a las manos que la mina excavaran.
Gloria a las manos que el ganado cuidaran.
Gloria a las manos que el tabaco, que la caña y el café sembraran.

Gloria a las manos que los caminos trabajaran.
Gloria a las manos que las ruedas giraran.
Gloria a todas las manos de todos los hombres
y mujeres que trabajaran.

¡Y gloria a las manos, a todas las manos que hoy trabajan
porque ellas construyen y saldrá de ellas la nueva patria liberada!

¡Alabanza! ¡Alabanza!
Para ellos y para su patria, ¡alabanza! ¡Alabanza!


(1) En Casi alba y Distancias en vivo: “bajo el peso de las cadenas, entre los hierros de la ergástula”
(2) En Distancias en vivo Zoraida canta: “allí la tierra está maldita, corre el agua envenenada”
(3) En Distancias en vivo Roy canta: “ allí la tierra está maldita, corre el agua ensangrentada”







El hijo

Si ahora, que he visto el mundo como es,
me diera tu amor un nuevo hijo,
mientras bebiera el jugo de tus pomas
deformaría su craneo
como hizo en el antaño virginal
la ciencia de nuestro abuelo indio:
impondría pavor al envidioso
con su exterior maligno,
mientras por dentro prosiguiera
puro y hermoso,
como niño.








Andando de noche sola

Al caer de monte en monte
el lindo manto del día
y ya en la azul lejanía
liquidarse el horizonte;
cuando al vuelo del sinsonte
se ha enternecido la loma
y la dulce luna asoma:
cercana al canto del río
y oída desde el bohío
¡QUÉ TRISTE ES UNA PALOMA!

Por la vereda sombría
habiendo dejado el llanto
en la paz del camposanto,
hasta la hacienda volvía.
Una sequedad me hacía,
en el largo atardecer,
el ansia del fenecer;
y esa soledad que espanta
un lazo por la garganta,
¡CANTANDO AL OSCURECER!

Duele mucho, mucho y hondo,
esto que estamos mirando.
El mundo se está salvando
y nosotros tocando fondo.
Mientras más la voz ahondo
más fiera vibra en mi ser,
pues si es duro en cárcel ver
mi frente que no ha pecado,
más triste es mirar al lado:
MÁS TRISTE ES UNA MUJER.

Cuando en traje de sudores
te miro sin compañía,
pesado el fardo y sin guía
en un ciclón de rencores:
incendios son mis amores
a los que el canto se inmola
como en llamas de amapola
—¡ay patria! ¡Por suerte viva
y por desgracia cautiva,
ANDANDO DE NOCHE SOLA!

¡QUÉ TRISTE ES UNA PALOMA
CANTANDO AL OSCURECER!
¡MÁS TRISTE ES UNA MUJER
ANDANDO DE NOCHE SOLA!







Día antes

Jugábamos a recrear el mundo.
Hacíamos pichinchas, illimanis, aconcaguas,
paranás, moctezumas, incas, caupolicanes.
Juguetes para niños:
cibucos y loarinas,
guilartes, asomantes, maravillas.
Piedras preciosas:
luquillos lapislázulis,
hechizadas pargueras nocturnales,
amonas de esmeralda y oro.
Un vieques nada más,
color de grito.
Un mar: lo hice a solas para ti,
con una barca que fuese una magnolia.
Y muchos peces de colores.
Última hora:
puse en él unas rocas
negras para que se hiciese la espuma.
En el fondo, con hilos de mis venas,
cosí el coral.
Alzaste tú los ojos.
Y en el espacio superior, vacío,
fulgió el azul.

Pero volvió a ocurrir.
Se robaron el mundo, las formas, el color.
Sembraron la moneda.
Rebanaron la tierra.
Partieron el mar.
Hirieron los montes y raptaron las islas.
Paraíso ¡te falta su habitante verdadero!
Para que nazca el que te merece
construiremos ¡oh espanto! la guerra,
haremos ¡oh gloria! el combate.
¡Hijo del fuego y el amor, ¡¡lucha!!
—Tu herencia es el paraíso—.







Distancias

Cuando me dijo el corazón: —Afuera,
frente a la reja carcelaria espera
inútilmente verte tu Consuelo,
pensé...
eso que piensa aquel que la mirada
tiene hundida en la noche de la nada
y quiere ver el cielo.

Cuando la larga ausencia
llenó con su presencia
en inhóspitas playas extranjeras
un recuerdo de infancia
(esa extraña fragancia
que suave exhalan las nocturnas eras,
o aquel manso ruido
de la avecilla que abandona el nido,
bien de la hoja al árbol desprendida,
bien del viento en los sauces del camino
o del riachuelo el paso peregrino
entre la suave arena ennegrecida,

o ese fantasma del presentimiento
que nos llega en el viento
y nos hace mirar por la ventana,
cual si una alerta el corazón sintiera
y sintiendo pudiera
ver escrita en la noche la mañana).

Mi corazón solía
gozar la epifanía
de las cosas lejanas muy cercanas
beber su poesía (1)
y no sufrir la fría
soledad de las cosas tan lejanas.

¡Suertes que juega el ágil rapacillo
al corazón sencillo
que sabe amar humilde y bravamente!
¡Nunca estaré yo preso
en enemigas manos, tan opreso
que no aspire mi pecho libremente,
e ilumine lo obscuro
y salte sobre el muro
y al campo de mi patria raudo vuele
adonde monte el potro la lomada
y en la flor rociada
el zumbador revuele!

Mas, he aquí la muralla,
la reja, la metralla
sin alma que vigila
entre tu espera inútil a la puerta
y mi rabia despierta
que hacia una fútil decisión oscila!
Nunca ocurriera al pensamiento antes
que las cosas distantes
habiendo estado otrora tan cercanas,
el dulce bien amado
tan cerca de mi lado
forzáranlo a distancias tan lejanas!
Cierto que a este presente
no remedia lo ausente,
dulce imaginación que el bien augura
y a la distancia aspira suave esencia.

No cura esta dolencia
“sino con tu presencia y tu figura”. (a)
Estas distancias de ahora:
esa ametralladora,
el kaki sudoroso,
el fusil recostado
y hasta el sol recortado
y a ración como bálsamo precioso,
injurias son que al corazón invitan,
llaman y solicitan
hasta la irracional temperatura.
Pero a mi fe triunfante
sostiene lo que amante
tu persona a la puerta transfigura.
Y esto pienso esta noche en La Princesa:

La lucha nunca cesa.
La vida es lucha toda
por obtener la libertad ansiada.
Lo demás es la nada,
es superficie, es moda.

Patria es saber los ríos,
los valles, las montañas, los bohíos,
los pájaros, las plantas y las flores,
los caminos del monte y la llanura,
las aguas y los picos de la altura,
las sombras y los colores
con que pinta el oriente
y se despinta el occidente,
los sabores del agua y de la tierra,
los múltiples aromas,
las hierbas y las lomas

y en la noche que aterra
el trueno que retumba en la negrura,
penetrar la espesura,
ver como en un relámpago la senda,
y de un trago apurado
el soplo de huracán, entusiasmado
reconocer las bestias de la hacienda.

—La Patria es la hermosura
con que yergue su mágica escultura
la letra, el libro, el verso,
y, vestida de gloria,
verla cruzar la historia
hasta la plenitud del universo.

—Tomar su cardiograma
y ver cómo le inflama
la salud los rubores.
Besarle su bandera,
soñarle su quimera
y amarle sus amores.

—Pero en la dura prueba
cuando la Patria abreva
de nuestra propia vida en la corriente:
la Patria estremecida
que lleva por coraza nuestra vida;
esa Patria exigente
que impone su silencio o su palabra
y con sus manos labra,
en la sangrienta masa de dolores
a golpes de centella
la forma de una estrella,
un canto de fulgores,
cierto momento, un día
tras la muralla fría
de la prisión, un preso
meditará ese juego de distancia
entre su muda estancia
y el cercano embeleso
que le dice al corazón: —Afuera,
junto a la reja carcelaria espera (2)
inútilmente verte tu Consuelo—.
Y siento como aquel que la mirada (3)
tiene hundida en la noche de la nada
y quiere ver el cielo.


Versión de Distancias. En el disco Distancias en vivo se presentan las siguientes modificaciones:

(1) besar su poesía
(2) frente a la reja carcelaria espera
(3) eso que piensa aquel que la mirada

(a) Esto es una cita de “Cántico”, de San Juan de la Cruz, místico español: “Descubre tu presencia, / y máteme tu vista y hermosura; / mira que la dolencia / de amor, que no se cura / sino con la presencia y la figura”.








Guanín

Porque me pusiste al pecho
este guanín relumbrante,
he de andar, el hacha en mano,
y la muerte por delante.
Mano que unciste a mi cuello
el guanín del batallar:
con mi cemí, con mi flecha,
¡conmigo te enterrarán!







Mar Caribe

Desde mi verdinegra serranía
hoy vengo a ti, Caribe soñoliento,
ansioso que me bese el pensamiento
tu boca de limón y travesía.
Una aventura de piratería
corre la nube por tu barlovento,
y ya, a bandera desplegada, lento,
borra el sol tu poniente de sandía.
¡Oh, mundo azul de espuma y claridades.
Esa impávida estrella que ha nacido
de tu líquida frente y las edades
de ignorantes ayeres conocido,
Bayoán domador de tempestades,
no sabes de la muerte ni el olvido!







Pared de la Soledad

El carro, lentamente, va saliendo de Ciales,
detrás de una alazana, rucia, caballería,
y entra en los campos húmedos de crespos pastizales,
por donde el río traza su torva geometría.
(Yo sueño. El campo es nuestro. Los altos matorrales
cruzar, a rienda suelta, mi caballo podría,
frente a la enardecida tropa de los leales
y entre el aplauso unánime de la fusilería.)
Trenzan las trepadoras sus vegetales redes
sobre la cal nevada de las bravas paredes.
La curva repentina dice su brevedad.
Y un grito, como un látigo, sobre el campo tendido
prende múltiples voces del silencio dormido
en aquella mentida pared de soledad.







Pictografía

Caía un sol todo Borinquen sobre
mi frente descubierta.
Yo me acerqué en silencio, conmovido,
hasta esa hipnosis que grabó una estrella,
no sé en que ardiente areyto de presagio,
para que esta mañana se leyera.
-Recoge tu Destino, Borincano,
en esta luz que se ha tornado pétrea.
Ni sol, ni lluvia; ni traición, ni nada,
podrá borrar lo que se ha escrito en piedra!







Yerba bruja

Caminando por el monte
vi acercándose una estrella.
Yerba bruja me ató al pie.
Sentí pesada la lengua.
Debajo de los anones
un arco lanzó su flecha
que era rastro luminoso
de cucubano o luciérnaga.
Seguí andando, seguí andando
sin saber rumbo ni senda.
A un clamor de seboruco
llegué al fin.
Froté la muesca
y aspiré el humo sagrado
que hace la boca profeta.
¡Bateyes del Otuao
para la danza guerrera!
Tú gritaste, ¡Manicato!
Y yo, encima de la puerta,
cuando la noche acababa
colgué mi collar de piedra.