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martes, 20 de septiembre de 2011

4972.- JULIO MITJANS




Julio Mitjans Cabrera
(Santa Clara, Villa Clara, 1965)

Poeta y ensayista.

Es fundador, en 1994, de la editorial Sed de Belleza y miembro de la Asociación de Escritores de la UNEAC.

Ha publicado los poemarios:
• Venía diciendo una fábula (Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara, 1994).
• Alejándose del resto (Casa Editora Abril, La Habana, 2002), Beca Dador 2000 y Premio Calendario de Poesía 2001.

Recientemente obtuvo el Premio de Poesía La Gaceta de Cuba, 2011, por el cuaderno “Torcíamos tabaco”.

Textos suyos aparecen habitualmente en antologías y publicaciones periódicas de Cuba y el extranjero.

Reside en La Habana.

( Dirección de correo electrónico: mitjans@cncc.cult.cu )




CABALLOS

Toda la noche escuchamos el avance, la marcha sin reposo. Unos
decían: siempre sucede, después de la vigilia sólo alcanzamos
a ver el nudo de los cascos en la arena. Otros se aventuran
a descifrar las huellas, no se escucha norte o sur; cierto estupor
los sobrecoge, luego los ancianos con los ojos anegados
nos devuelven un poco de esperanza, y el hijo de Juan
asevera:

─ Seguro, hermosos caballos los de fe perdida.







LOS NEGROS GALANTES

El tumulto solitario, lo que ves
son los negros galantes
esa puñalada arde y no sabemos dónde.
La vida más breve que ellos
es una garra que los atraviesa:
negros del puerto, lumbres en la noche, negros
en la esquina
miran y lo saben todo.

El gesto infinito de sus músculos
enhebra, acecha el deseo de cada quien,
velan los sueños de su amante, desesperados
como si no encontraran la madre o lago remoto
esa es el arma la impudicia.

En el mercado, en la fe, en autopista
bajo el sol: negros, el jornal les ocupa, dan la espalda
queda un espacio escurridizo.
Árbol perenne, negros
juntos caen de sus ramas sombras y pensamiento
acaso no puedes o no quieres entenderlos
cuida que no te falte ese fuego
aunque sólo sea la encrucijada
no hay más remedio.








TEMA Y VARIACIÓN

para Marta Valdés

Donde dije distancia
pon un río de amor
y una barcaza dejando su estela
por el cauto imprescindible
mientras mis ojos se abisman en los tuyos.

Escribe mi nombre en la tierra
al conjuro de los nacimientos,
deja que el ala del crepúsculo
pase, limpiando la huella del día.

Yo que me negaba a todo convencimiento
ahora voy de tu mano hacia el secreto
de las cosas que nacen.

Donde dije encuentro, no temas
es el gotear de las horas, el cerco de los días
el peso de la eternidad.








NARCISOS. XX

Tiene la edad, el estremecimiento
de una fuerza que mueve la noche.

Por las tardes se va a los bares, busca conversación
entre desconocidos, propone un trago –las mujeres, la monta
el estadio… en fin, ha sido una mala temporada.
Habla conversa, no le da paso al aburrimiento.

Apenas se dan cuenta, todos lo escuchan
Atentamente / gestos / pupilas /
lagos donde él recobra su belleza
que bien lo sabe, a cada momento de extingue.








UNA VIDA RESPETABLE

Del otro lado de la bahía, le esperan una esposa amantísima, los hijos preguntan por sus golosinas, los hombres del barrio de vez en vez le requieren por sus piezas diseñadas para suplir alguna carencia, para aliviar la pobreza. Partidas de dominó llenan sus noches, y alguna historia le dice a los hijos antes de dormir, como en las películas, así lo ha visto, un padre sobre el que descansa el hogar. Nadie sospecha el acontecer de sus tardes, se pierde entre la gente, busca unos brazos fuertes, en los que ahoga un deseo semejante, a veces es infructuosa la cacería, ya no tiene veinte años, el vigor comienza abandonarlo, entonces llama la puerta que antes cerró porque él quería más, un hogar, unas paredes que le devolviesen las sonrisas de los pequeños, una mujer, una vida respetable.








TORCÍAMOS TABACO

No quería sentarme, el reloj anunciaba regreso, mientras
las sombras armaban otro paisaje entre los frutales y los brazos cansados terrosos, sucios fuertes.

Se adelantó, aún secaba su alivio, los ojos recios no buscaban aprobación, le dijo su nombre a mi padre, después le dijo padre.
quise extender mi mano y la picadura salió de la hoja sin respuesta, torcíamos tabaco.

Dijeron sobre un tráfico, un engaño…, unos estribos dados para la conformidad, sus manos se abrían como el infinito valor de los hombres,
las reses cruzaban los límites, los pasos rodeaban la mesa, yo no existía, hasta que una mano se detuvo en la madera de la silla, se cerraba se abría, en una íntima afirmación, un leve roce, la disculpa cruzó entre nosotros
pidió con que aliviar la sed, nadie más joven para la encomienda

el agua temblaba en mis manos, sus ojos miraban otro destino:

─ Dos jinetes en medio de la sabana, los caballos pastando, qué asco…

Los caballos en la sombra que daban los árboles ralos, en eso se detuvo; una memoria que no se sobreponía a la caída del sol, a la conversación.
-como si no nos hubiese sucedido.









LA TREGUA

Ya fuimos mucho tiempo estremecidos
por el canto de los padres.
Ahora somos tránsito
río perdiéndose a sí mismo, camino de ser la noria.

Demasiado tiempo estremecidos por nuestro propio canto.



http://alascuba.blogspot.com/2011/07/julio-mitjans-santa-clara-1965.html