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domingo, 18 de septiembre de 2011

4940.- ZOHRA MANSOURI


Zohra Mansouri (Arcila, Marruecos, 1961) es una de las voces poéticas
más hondas de la poesía contemporánea en Marruecos, pertenece a la
generación de los ochenta, cursó sus estudios universitarios en Tetuán,
ahora es profesora de lengua árabe en la ciudad de Mequínez.
De sus libros de poesía destacan:
Cántico
Cirenaica del transeúnte.
De Zohra Mansouri dice el poeta Abdellatif Laabi: “Poeta de la
noche, la de las palabras y la del ser, se diferencia de sus colegas
por su voz tremolada, áspera. Sus textos son ascensos dolorosos, a
través de varias capas de opacidad, hacia una hipotética luz. Entre
el abismo de abajo y el de arriba, su conciencia se mantiene como
ingrávida. Hacemos nuestro desconcierto. El poema ha cumplido
con su trabajo esencial.”






LA ESTATUA


1. EL GORRIÓN

Ahora, dando el paso
como un gorrión repleto de cantos olvidados,
piso el asombro de las nubes,
y envuelvo la blancura.
He aquí las mariposas que antaño
se durmieron en un firmamento que yo mismo dibujé,
he aquí las marejadas que me transitaron,
he aquí la lluvia que se esconde en el cuerpo,
he aquí la palmera del alma que se durmió sobre mi frente,
he aquí una niña de niebla en un viaje imprevisto,
he aquí mis soles que en su crepúsculo avanzan.
La ceniza lejana
y la azucena del puente,
y yo acechando en las vísperas desnudas;
mis ojos vigilan el murmullo de las hojas
y una sonrisa, susurrante a las penas de la memoria.








2. LA ESTATUA

Sentada y callada,
conversando con la noche y con el silencio de los árboles
que se deja caer sobre el patio,
ordena los sueños de los transeúntes
y el barro de los pasos,
cuenta sobre las salpicaduras amarillentas,
sobre las caras de la luna estrellándose
contra la imaginación de una niña,
y sobre la noche que se durmió en la palma
de la mano antes de empezar a hacer correr su tinta,
y por la mañana del rostro cansado el jardinero había bebido el aguacero
de la fuente






3. LA CAFETERÍA

El vidrio disimula mi sueño,
el polvillo de la desgracia oculta su evidencia,
y los pasos callados
atraviesan las extensiones.







4 EL JARDÍN

Un pájaro colgado era la luna,
las estrellas nubladas de la noche derraman su luz
que revela su anhelo
y atiza la tinta amarga,
y cuando amanece… se despierta el sendero.
El jardín es un lienzo olvidado
del que se desprenden árboles,
una blancura lejana,
la silla del patio,
la conversación del silencio,
y la cita del éxodo.








CIRENAICA DEL TRANSEÚNTE…

He aquí mi pájaro, y la historia de una alegría
que de mi corazón se asoma
para iluminar el encanto del patio
del balcón de mi pájaro un cielo se va,
mirando hacia su asombro
deja escapar su azul,
el pájaro de agua se escapa de la herida de una nube,
de su balcón extiende sus manos
abrazando el silencio
y una efímera historia.
El pájaro que cayó herido
en su palma lloró,
y cuando se mojó con el éxtasis del calor
aleteó y voló.
El pájaro lloró sobre el ciprés,
y sus alas las borró la brisa de las rosas últimas,
lavó los sueños con el asombro
y se fue hacia la luz como una fuente que se despierta de su hechizo,
para volar hacia las estrellas.
El pájaro se ocultó tras el sol
el espejo revela su historia.
Y Yasser
se ilumina desde los tronos del alma
con sus espléndidas preguntas,
sobre los niños que atraviesan la niebla, mantiene
su conversación con el espejo
que refleja estrellas cuya luz se proyecta
sobre la tarde del palmeral,
traspasa la extensión
y la luz florece.
Y con poca tinta dibuja el amanecer,
un pequeño mapa de su corazón
un mar
y una rosa a la espera de un rincón para la tinta…
y va recogiendo su luz de la dispersión del aire
Yasser,
siempre se libera de su sombra,
sueña con el sol
que se esconde en la sedición de sus dedos
para sacarlos del frío de las campanas,
y pasar después como un arroyo
que moja las sombras del corazón.
Crece el sol,
explora su cuerpo,
baña algunas espigas en un pequeño jarrón,
baña un himno con el viento.
El cielo se inclina sobre la blancura de sus cuentos,
Yasser
es la flor del granado que fluye en lagos verdes,
tulipanes de montañas lejanas,
una profunda blancura que abre transparentes mapas.
y siempre mirando atrás, olvidándose de su silencio,
de la luz de sus asombrosas palabras,
olvidándose de su sueño en una barca
que sobrevuela los límites de la luz,
y el latido de la lluvia en los cuerpos se despierta.
Con el amarillo de las margaritas dibuja
un sol que vigila el aire
que abraza su blancura,
que abraza las estrellitas cuando se reclinan
sobre su mano,
y que abraza al pájaro que lloró…
y finalmente duerme.
Sueña el aire con un cielo pequeño que florece
sobre el amanecer de su balcón,
y con el pájaro que inspiró la noche incitó al corazón a liberarse,
y sonrió.







HOJA DE ESPEJO
Cuando huyes con el sol, se abrasa tu temblor
infantil y los bastidores de reinos sumergidos.
Y el universo en ti es una mariposa de la que se enamora
la muerte y le prepara un mihrab con la seducción
de la negrura, y con la densidad de las palmeras.
El espacio que en mi frente florece lentamente se desvanece.
Así crecen en nosotros los cuerpos,
Y así extiendo mi cuerpo en los túneles de este melancólico vacío.
Resido en los montículos de una pared para ocultarme en el éxtasis
de su creación, me visto con mis grietas antiguas y perezco
me visto con las esquirlas del universo.
La noche enmudeció,
y este tiempo detenido me absorbe,
sueño con desgarrar el universo
y sus vestíbulos empapados de detalles,
sueño con un sol que me quema,
reparto mi cuerpo entre todos los puentes.
Yo soy la hierba poblada de una herida sangrante,
un musgo que los gitanos olvidaron
en las bolsas de los viejos árboles;
quemo mis fuentes, como a un tulipán hizo arder el agua,
me disuelven los lugares, y tan fresco salgo de la telaraña de la noche.
Los sueños caen como las dignas hojillas en su triste,
amarillento color.
Este canto reparte las lágrimas de los rincones,
emprendo mi viaje en el zodíaco que la noche lleva
hacia las estrellas que se quedaron huérfanas,
se durmieron en su iridiscente mihrab.
La noche confiscaba mi memoria,
y este mar, cómo puedo reducirlo en mis ojos.
Para ocuparme de los secretos de los puertos,
revelo el rostro del agua/ crece mi sombra/
los musgos repletos de detalles
y de la melancolía de los años.
En qué memoria cabe este sueño,
Qué cuerpo te satisface, oh hierba mojada con las espinas
y con el exilio.
Una mesa para las palabras,
dibujos en la pared,
y yo me apago en su perplejo silencio.
Sobre un espejo roto dibujo mi rostro,
en cuyas facciones se escapan sus pedazos,
cuento historias sobre los manantiales que me hundieron
en su fuego,
en su inmenso fondo,
y en sus formas que se funden con la noche.
Y cuando se borraron mis puentes por la incandescencia
del espejo,
lloré
y desapareció la mesa,
las líneas perplejas,
y las copas de la noche,
dibujé mi rostro en la muchedumbre de las formas,
y no era mi rostro
sino una mariposa quemada,
una salmodia,
la languidez de un cuerpo y un tintero con sus
aflicciones nocturnas.
Viajando, huelo en sus esplendorosas mortajas
los arrayanes del lugar.
Fuente de lavándulas
es mi herida que un día oculté
en sus ojos.
Ellos se durmieron ahora,
y la lluvia se mojó con el sagrado silencio.
De sus mortajas surgí después.
Cómo treparé al crepúsculo del firmamento
sin quemarme con las nubes
o sin que su extensión se me escape.
Estoy sola,
y las turgencias esconden al señor de las arañas,
hablo con su silencio,
dibujo el puente en los ojos de la noche,
y me voy cual un sueño que no se acaba,
cual un melancólico puerto,
recojo las estrellas en la cintura del cielo,
creo una niña con alas de rosas
y un sueño que en los costados de las palmeras
vagabundea como el viento,
y cuando palpita
me ofrece el temblor
y una niña de bruma.
Repartiré las estrellas entre mis miembros
y desataré en mi corazón los puentes de la ausencia.
Disimulo las sacudidas de la muerte
cuando se extinguen en los encantos de la noche.
Las nubes me ofrecen sus jaimas,
y la muerte es un tulipán que viste el manantial del cuerpo.
Cómo saldré de tu morada
y extenderé mi negrura en tu triste espacio,
sola, cual hierba del exilio,
en las campanadas que siempre anunciaron mi llanto,
y este universo que se hunde en mi cuerpo
es una hemorragia de tulipanes
que se posaron en las tumbas del corazón.
Este cuerpo disminuye
los somnolientos muros en su forma espiral.
Y yo soy la ceniza,
transmigro al espejo
y descubro la violencia del cuerpo.
Mi vacío es una antigua canción gitana
que robaba mi cuerpo
en el que depositaba el himno del agua,
y yo memorizaba su melancolía
hasta que se borraron mis facciones.