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sábado, 17 de septiembre de 2011

4930.- YRENE SANTOS


YRENE SANTOS
Nació en Villa Tapia, Rep. Dominicana, 1964. Estudió Arte Escénico en el Palacio de Bellas Artes y tiene una Licenciatura en Educación mención Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana en City College en la ciudad Nueva York (CUNY) donde reside desde 1992. Lleva varios años impartiendo talleres de poesía coordinados por las escuelas públicas de Boston y la Universidad de Massachusetts. Profesora de español en York College y Center for Worker Education (CCNY). También enseña en St. John’s University. Fundadora de la Tertulia de Escritoras Dominicanas en Nueva York; que dirige la Dra. Daisy Cocco de Filippis y Latino Artists Round Table (LART) dirigida por la escritora Sonia Rivera-Valdés.
Ha participado en encuentros como: XII y XIII Encuentro de poetas en Zamora, Michoacán, México 2008 y 2009, Festival de Poesia en El Salvador 2008, Retiros de Teatro Ay Ombe, dirigido por Josefi na Baez en Chile 2005-2006. Textos suyos han sidos traducidos al italiano y al inglés. Libros publicados: Desnudez del silencio, (1988) y Reencuentro, (1997). El incansable juego, (2002), Co-autora del libro: Desde la Diáspora: Cuentos y poemas de niños y niñas dominicanas (2005) y Por si alguien llega, (Nueva York, 2009) En 1997 fue premiada en el concurso de poesía organizado por The National Library of Poetry de Maryland. En 2001 grabó un CD de poesía junto al poeta colombiano Carlos Aguasaco.





PERDÍ LAS PALABRAS

Hoy siento miedo
la palabra se me ha roto
la exactitud no es tan exacta
a esta hora de la tribulación
un sueño largo largo como la tristeza del tiempo
las palabras
qué son las palabras
He olvidado el tono de mi voz
la hilaridad y la coherencia.
Hoy me perdí en el paso intranscendente
de los pies
qué confusión de rostros
cuántas ideas perdidas en la nada.







MALABARISTA

Empiezo a envejecer
y no me reconozco ante el espejo
soy objeto y sujeto de un pasado que me miente
aguijoneada de amapolas en mi cuello
lloro risas, aspavientos
recuerdo los bambúes que a la una y catorce
despojaban mi otro yo quedándome despierte
una interrogante que se vuelven miles en mi boca
no llego a pronunciar
es la hora a pronunciar

es la hora y la locura que gritan en mis sienes
la mirada a tientas muerte rostros
las pestañas son el muro
silencios
las audacias de quien no quiere asumirse como
amante
perdón pido a la noche que de cuando en cuando
me trae el retroceso, los temores, el sí, el no
y a Descartes con su duda
la agonía de un beso que se pierde entre lengua y dientes
una nariz congelada por el susto
una boca que no se abre porque ignora su futuro.
Empiezo a envejecer
envuelta entre rubores
malabarista de momentos nunca olvidados
el agua sobre el zinc
mis pies en el lodo
los truenos como muerte vomitando sorpresas
me miré vuelta niña jugando a las escondidas
toqué las acacias, los perejiles, las santomas
olí la yerbabuena, las gardenias, los lirios
Empiezo a envejecer
y veo los niños (ya no tan niños)
repitiendo mis días
empiezo a envejecer
y soy feliz.








ESTA CASA PERFECTAMENTE AJENA

La casa se rebela
es terrible y absurda
la quiero perfecta
sin paredes vibrantes
que alberguen soledades
y tiemblen en la cama
comiéndose

el manjar de mis tristeza
sin restricciones de techos
ni oído
debo
deshabitar las iris
del reloj
hasta mutilar estas
multiplicaciones del
cemento.







DE MAÑANA

Los espejos de la sombra
no reflejan aún
esta mirada perdida
mis párpados obviaron la luz
quise levanta la mañana
y descorrer los sueños
pero se me volaron las ganas
espantadas de nostalgias
Ni la caricia del agua
ni el alegre amarillo
de mis zapatos
ni la rebeldía de los montes
que habita mi pelo
pudieron con esta tristeza
no cabe en mi bolso este día
y la calle de epidermis imperfecta
no comprende la agonía de mis pies.








Empiezo a envejecer

y no me reconozco ante el espejo
soy objeto y sujeto de un pasado que me miente
aguijoneada de amapolas en mi cuello
lloro risas

aspavientos
recuerdo los bambúes que a la una y catorce
despojaban mi otro yo quedándome despierta
una interrogante que se vuelve miles en mi boca
no llego a pronunciar

es la hora y la locura que gritan en mis sienes
la mirada a tientas muerde rostros
las pestañas son el muro
los silencios
las audacias de quien no quiere asumirse como amante
perdón pido a la noche que de cuando en cuando
me trae el retroceso
los temores
el sí el no
y a Descartes con su duda
la agonía de un beso que se pierde entre lengua y dientes
una nariz congelada por el susto
una boca que no se abre porque ignora su futuro

Empiezo a envejecer
envuelta entre rubores
malabarista de momentos nunca olvidados
el agua sobre el zinc
mis pies en el lodo
truenos como muerte vomitando sorpresas
me miré vuelta niña jugando a las escondidas
toqué las acacias
los perejiles
las santomas
olí la yerbabuena los lirios

Empiezo a envejecer
y veo a los niños (ya no tan niños)
repitiendo mís días
empiezo a envejecer
y soy feliz

Nueva York, 2004-02-20






Recordándote

Aquí la brisa es un monstruo
que se mueve en el vientre del viento
hurga en la memoria

una desdicha
trina con malicia la tristeza
drama que perdura en los minutos
la campana ya no suena en la mañana
sólo Paganini y su violín
soportan mi esqueleto
Desapareciste en un viaje sin adiós.
Nueva York, 2004-02-20