BUSCAR POETAS (A LA IZQUIERDA):
[1] POR ORDEN ALFABÉTICO NOMBRE
[2] ARCHIVOS 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, 5ª 6ª 7ª 8ª 9ª 10ª 11ª 12ª 13ª 14ª 15ª 16ª 17ª 18ª 19ª 20ª y 21ª BLOQUES
[3] POR PAÍSES (POETAS DE 178 PAÍSES)

SUGERENCIA: Buscar poetas antologados fácilmente:
Escribir en Google: "Nombre del poeta" + Fernando Sabido
Si está antologado, aparecerá en las primeras referencias de Google
________________________________

jueves, 15 de septiembre de 2011

4891.- RODOLFO DADA


Rodolfo Dada Fumero. Poeta y escritor, nació en San José, el 5 de marzo de 1952. Ha publicado en periódicos y revistas nacionales y extranjeros; algunas antologías hispanoamericanas recogen parte de su obra. Es miembro de la Asociación de Autores de Obras Literarias, Artísticas y Científicas de Costa Rica.

Fundador del grupo Oruga, Taller del lunes, Directivo de la Editorial Costa Rica (1981-1982). Coordina actividades literarias en el Hotel Laguna en Tortuguero.

Ha asistido al Congreso Centroamericano de Escritores, Guatemala (1985), al Festival de Artes Escénicas y Jurado en Casa de las Américas, Cuba (1986). Festivales de Poesía: Bogota (1992 y 2003), Costa Rica (03, 04,05), Granada (2004 y 2005), Rosario, Argentina (2004).

Ha publicado las obras: El abecedario del Yaquí, (1981); La voz del Caracol, (1988); Cuajiniquil, (1975); El domador, (1973); Kotuma, la rana y la luna (1984); De azul el mar (2004) y Cardumen (2004).

Ha recibido los premios: Premio Universitario de Cuento 1971 con El domador (Universidad de Costa Rica); Premio Carmen Lyra 1981, Editorial Costa Rica con El abecedario del Yaquí; Premio UNA-PALABRA 1984 con Kotuma, la rana y la luna. Premio Aquileo J. Echeverría 2004 en poesía con De azul el mar.




FOTOGRAFÍA EN BLANCO Y NEGRO

Cuando al mirarme en el espejo
Veo en mi cara la de mi padre...
José Coronel Urtecho.

Mi padre es mar, infancia,
plato frente a una costa incandescente,
ostión golpeado con un hacha,
cuerda girando en el aire matinal.

Un pochote repleto de iguanas y garrobos,
hamaca extendida entre almendros,
papaturro, rama de matapalo.

Mi padre es sueño, sombrero de paja,
la pijama azul, las pantuflas de cuero.

Cualquier referencia a su muerte
la niega el espejo. Su misma edad.
Manchas de sol.

Mar azul, plantado, infinito.
Aleta entre las olas, mantarrayas inmensas,
pargos rojos en una esquina de playa.

Ola perdida, arrecife sin corales,
la muerte es un mar vaciado.
El espejo es una canción,
“soy un pobre venadito...”,
la boca, el movimiento de la boca,
el magnetismo en sus dedos ondulantes.

Una caña doblada:
ojarán con su esperanza rota,
pez vela con el pico partido.
Es agua, silla, cuchillo, ostión abierto,
almeja, chinchorro, lisa, tiburón.
Mar desviscerado.

Mi padre es aroma,
una jaula con bastirma bajo un sol enmohecido.
Hijos saliendo de un sueño.

Una almohada en el espejo es mar.

Foto en blanco y negro:
un niño arrastra diez jureles y una cuerda.

Casa amarilla, paredes de pochote del 59.
Un niño mira el mar.










EL BOTE DE ALEJANDRO

I

Sobre la mesa una cuchara triste,
una malanga hervida,
la infancia nadando en un diluvio,
una esposa sentada en la fotografía
de un tiempo quebrado como un vaso.

El viejo se levanta, se calza la camisa,
abre el plástico negro que separa el cuarto
de una sala repleta de árboles y ríos.

Una leve llovizna sacude los plumones
y canta desde un árbol.

II

El bote de Alejandro es un enredo
de niños y tucanes,
en su madera crecen una bromelia azul,
un tabacón de hojas anchísimas,
orquídeas con las flores volcadas,
mochilas de musgos y cuadernos.

Navega con una herida abierta en un costado
cicatrizada por el canto y la brea.
En su estela una danta acaricia a su cría,
chasquean los saínos sus colmillos afilados
y diez niños viajan a una escuela perdida entre la selva,
las palabras son puntos azules en las lianas,
las sumas y las restas tienen exactitud de fruta.

Un bote rojo que navega con el olor rancio de la copra
pegado de la infancia,
la pobreza sentada en un pupitre.
Libro perdido en la voltea
y la esperanza graznando como un pájaro.











KARINA DICE SUS PRIMERAS PALABRAS

1

Karina dice mar,
y la palabra es agua,
sal, barcos a lo lejos.

Dice mar,
y la palabra es un delfín,
una ballena, un pez volador,
un arrecife.

Dice mar,
y una ola azul
inunda el cuarto y la cocina.

2

Karina dice agua,
y la palabra empapa la tierra,
hace crecer las plantas,
florecer un desierto.

Dice agua
y sus manos chapotean
en un río.

3

Karina dice árbol,
y surge un mundo de hojas,
de ramas, de líquenes.

Un bosque entero
lleno de pájaros.

4

Karina dice leche,
y la palabra es una madre inmensa,
un mundo,
un biberón repleto.

Un delfín esperando,
una ballena y su cría,
un ternero,
un potrillo,
un venadito.

Dice leche,
y la palabra blanca
se hace un río en la boca.

5

Karina dice cuchara
y hay un campo sembrado
de trigo,
de arroz.

Hay un plato de leche,
una sopa en la mesa.

6

Karina dice pan,
y la palabra se amasa,
entra por la puerta del horno,
sale dorada
y pinta una sonrisa
en la boca de todos
los niños del mundo.

Dice pan como decir amigo.

7

Karina dice más
y encienden de nuevo
las velas del pastel.

Dice más
y papá sigue rascándole la espalda.


Karina dice más
y la cuchara se hunde
en el platón de sopa.

8

Karina dice ternura

y la palabra se hace nido,
un gato acariciado,
un patito en la sala,
la voz de papá,
la luz de la mañana.

9

Karina dice mariposa,
y las palabra se llena de colores
ojos, alas, patas, formas
que danzan en un aire
repleto de néctar y de flores.

10

Karina dice mundo,

y todo cabe:
la casa, las ciudades,
los países, un grano de arena,
el atardecer mismo, el mar azul,
los peces, el ganado,
las personas que caminan
por la acera,

ella misma iluminada
con la palabra en la boca.

11

Karina dice cielo,
y la palabra se llena de nubes
y gaviotas
una fragata es un punto lejano,
un gavilán.

Las nubes tienen forma
de animales,
de montañas.

La palabra cielo,
es celeste como un pájaro.

12

Karina dice paz,
y es como decir la casa,
el cuarto,
como decir la música,
el futuro.

Dice paz

y la palabra vuela blanca
sobre mil niños jugando,
sobre una mesa servida,
sobre un hospital desierto.

Dice paz
y la palabra vuela.

13

Karina dice con.

El sol con la luna,
mamá con papá,
Nicole con Karina,
amigo con amiga,
río con mar.

Dice con
y es como juntar dos manos.

15

Karina dice y.

Entonces las palabras caminan de la mano:

el perro y el gato,
el sol y la luna,
el llanto y la sonrisa
y el mar,
el mar,

sobre todo el mar.

16

Karina dice no,

y la tristeza inunda la cocina:
el arroz sin el plato,
la galleta sin caja.

Dice no
y queda un beso solo,
un vestido en la cama,
un paseo perdido,
un perrito sentado.

17

Karina dice sí,

y la alegría hace fiesta en el plato:
el baile del arroz,
del espagueti,
del fresco de limón.

Dice sí
y el vestido sonríe,
el beso de papá,
una bola en la playa,
la muñeca en el cuarto,
un perrito abrazado.

18

Karina dice sol,

y la palabra es una bola de fuego.

Luz y calor sobre la tierra,
el mar, las montañas,
verdor entre los árboles, las plantas.
La tierra girando
alrededor de esa palabra encendida.

19

Karina dice luna

y la luna inicia
su camino nocturno,
en esta selva que conoce
mejor que la palma de su mano:

el árbol del almendro, el jabalí,
el vuelo dormido de un tucán,
del puma, del mono congo
del oso perezoso,
de una pareja de guacamayas.

y el canto del río,
sobre todo el canto,
donde la luna se refleja.

20

Karina dice sueño
y el libro se cierra.

El abuelo sale de puntillas.

Ella duerme plácida
junto a Nicole.

Nada se escucha,
nada se piensa,
sólo un mosquito zumba,
sólo un rayito de luz
flota en el cuarto.

Silencio.



http://afinidadeselectivascr.blogspot.com/
2008/04/rodolfo-dada.html








CUENTO DE UNA SIRENA

Hace muchos, muchos años
me hice amigo de una sirena.
tenía el pelo de coral y sólo conocía
la lengua de las algas.

Ella me invitó a su casa.
Compré un traje de buzo
y descendimos las corrientes del mar.

Su casa era una cueva entre acantilados.
Tenía una cama de piedra,
una estufa de aguas turbulentas
y la campana de un naufragio.

Hice amistad con pulpos y medusas
y conversaba con los peces
mientras ella regresaba
después de cantarle a los marinos
y de la mano recorríamos
los jardines del mar.
Pero un día se me acabó el aire.
-¡Me ahogo!- le dije.

Salí a la superficie.
Nos abrazamos con tristeza.
No podía vivir más en su cueva.

Ahora, cuando escucho el canto de sirenas
en medio de la noche,
saco un remo y navego hasta su isla.

(La Voz del Caracol, 1989)








EN EL FONDO DEL MAR HAY UN POTRERO.

En el fondo del mar hay un portero.
La corriente, como el viento en los pastizales,
mueve las verdes algas.
Ahí pastan, diminutos y briosos,
mil caballitos de mar.

- Un día quise tener uno - dice Juan.

Oculto tras una piedra, esperé el paso de la manada.
Al oír el trote de sus patas en la corriente
lancé mis redes.

Atrapé al más pequeño. Daba tirones en las cuerdas,
pero no pudo escapar.

Le acariciaba el lomo amarillo
en su pecera de vidrio.
El me cerraba un ojo
y llenaba de burbujas la superficie.

Nos hicimos muy amigos mi caballito y yo.

Los turistas venían a verlo,
-te ofrezco un dólar por él.

Pero nada valía tanto como su cola,
sus ojos con la dulzura de la amistad,
su trompa de flautista.

Tiempo después lo devolví a sus pastizales.

Ahora tiene la crin plateada
Y relincha entre las algas.

(La Voz del Caracol, 1989)





*

Busco trabajo, señor.
Apenas se nadar un poco
y me aprieta la muerte las axilas.
Tengo miedo,
la sangre me hierve en el camino.
Busco, sabe usted,
profundo en las raíces,
y tengo flujo de mar entre las venas.

He buscado el agua, solamente
para limpiar mis dedos.
Tengo amigos también que se han marchado.

Si usted quiere
yo nado,
pienso,
a veces también lloro,
puedo sumergir entre las piedras
y ser buen compañero.


(Cuajiniquil, 1975)





9

Mi infancia,
costa poblada de pájaros y peces,
pequeños ermitaños caminando en las bolsas,
paso tras un cardumen,
mariposas azules,
medusas encalladas en la playa como barcos en ruina

Mi infancia,
un mar vaciado con un vaso,
tronco amarrado a voces de un naufragio.



3

El mar no puede ser nostalgia para nadie.

Ningún pez tiene alas, agallas, ojos todavía.
Apenas se dibujan las aletas
en una costa más allá del hoy
en la que habita esta ventana.

Árbol es una palabra encendida entre volcanes,
hoja, rama, nido, ciervo

La palabra nostalgia no existe,
no hay boca para ella.


28

Una taza de café delata mi antigua condición de pez.

Doy de comer maíz a los percebes
desde un quiosco repleto de algas.

Una muchacha lee inscripciones en el monumento
y tira piedras a un estanque.

Es la última estación, yo plagio a tus amantes.



10

El mar se traga la noche,
Sólo la espuma lo separa del cielo



21

La medusa es una bailarina de otro siglo,
Ten cuidado con ella.


25

La imagen de un bote azul
en la vastedad de un mar azul,

como un meteorito en una constelación,
como una playa de mi infancia.


(Cardumen, 2003)


http://www.artepoetica.net/Rodolfo_Dada1.htm